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1959: El canto de Enero (+Fotos)

 

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La Revolución irrumpió en la vida de los cubanos rayando el alba del Primero de Enero de 1959, con el triunfo de la guerra de liberación librada durante poco más de dos años por el Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, bajo la conducción del líder y Comandante en Jefe Fidel Castro.

Trajo finalmente la soberanía y la libertad, anheladas hasta ese día como un sueño arrebatado a fines del XIX por la intervención imperialista a los mambises, quienes habían iniciado la primera contienda emancipadora el 10 de octubre de 1868, en el ingenio Demajagua, Manzanillo.

Cuando las tropas del Ejército Rebelde entraron a Santiago de Cuba el primero de enero para desafiar el complot orquestado por Fulgencio Batista, antes de huir despavorido, Fidel Castro enfatizó: “Esta vez sí es la Revolución”, refiriéndose precisamente a la continuidad de las gestas liberadoras del siglo XIX y las ardientes luchas de estudiantes, obreros y pueblo en general en el XX.

Un proceso que costó la vida a miles de los mejores hijos de la Patria, caídos en combates, asesinados, torturados o desaparecidos, que mostró cuan heroica era sobre todo la juventud cubana, especialmente en la última etapa de la guerra, en la dictadura de Fulgencio Batista, y antes con el sanguinario régimen de Gerardo Machado.

La continuidad de los sentimientos patrióticos, de los principios regidores de la moral y la ética de los combatientes, se manifestaban en los movimientos insurgentes y en el proceso colosal, de una amplitud y profundidad insospechadas, que empezaba a ser la Revolución triunfante.

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Aún con la guerra de liberación ganada en combates, mediante el apoyo decidido de la clandestinidad en pueblos y ciudades, en los minutos anteriores a la eclosión del triunfo, el joven dirigente Fidel Castro tuvo que desplegar sus brillantes condiciones de estratega político y militar para liquidar el golpe de Estado en marcha, en el cual era visible el apoyo y la mano siniestra del gobierno estadounidense.

Primero fue la toma de la heroica ciudad de Santiago de Cuba, ese bastión legendario de la lucha clandestina.

Desde Palma Soriano y luego desde la capital de la antigua provincia de Oriente, el Jefe rebelde desmontó las patrañas del golpe de última hora, y llamó a no dejar de combatir por la victoria, que ya casi era una realidad.

Luego, partió hacia a La Habana, donde había nacido el complot batistiano.

Allí esperaban a sus fuerzas las tropas de Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara, que habían llevado la guerra desde Oriente al centro de Cuba, con exitosa y decisivas batallas.

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Y también Juan Almeida, fundador como ellos del Ejército Rebelde desde los tiempos de la expedición del Granma, quien había dirigido un efectivo III Frente Oriental al final de la contienda.

La Caravana de la Libertad salió de la localidad santiaguera, pasó por importantes enclaves de la nación y llegó a la capital el ocho de enero, en medio de la inmensa alegría y una efervescencia revolucionaria sin precedentes.

Al igual que el discurso pronunciado en Santiago de Cuba, las palabras del dirigente de la Revolución a su llegada a la ciudad capital, donde se había hecho fuerte el movimiento clandestino y el Directorio Estudiantil Universitario, fueron premonitorias y signo de su sensible luz larga en los análisis.

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El concepto de continuidad del proceso revolucionario cubano fue enriquecido cuando el Comandante en Jefe, con la sinceridad que lo caracterizaba, alertó que a pesar del inmenso júbilo por el triunfo, las cosas a partir de ese momento podrían hacerse más difíciles, sin dudas pensando no solo en la enormidad del plan de justicia y redención a cumplir sino en los poderosos enemigos que sabía ya tenía desde antes del triunfo la Revolución Cubana.

Hoy, cuando se arriba a un nuevo aniversario este Primero de Enero, la Revolución Cubana sigue en pie e invicta en miles de batallas, a pesar de las agresiones, obstáculos, sabotajes y de la política terrorista y el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos.

Con el incremento de la agresividad y ese criminal cerco, cuyos personeros pagan el mercenarismo, la difamación, las mentiras y la manipulación contra nuestro proyecto social, la nación antillana sigue siendo un faro de libertad y de solidaridad en el planeta.

Muchos logros en la educación, la cultura, la ciencia y el deporte son nuestra carta de presentación en cualquier parte, junto con el respeto a los derechos humanos y el humanismo esencial del modelo social y económico cubano, que entra en etapas decisivas, renovadoras y abnegadas, aún en medio de la dura pandemia mundial que se combate en la nación con ahínco y sabiduría.

Fiel a sus esencias y a su historia, renovadora y renovada, al ritmo de los tiempos, La Revolución Cubana sigue en órbita, viva. Y es de ¡Patria o Muerte!.

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