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2020, inolvidable por sus desafíos; pero también por sus experiencias

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Fue el 2020 un año que llegó precedido por enormes desafíos a lo interno en el caso de Cuba, a lo que se sumaron otros de magnitudes incalculables como la aparición y despegue de la COVID-19.

Las deidades se habían apresurado, apenas a las 48 horas de su comienzo, a anunciar virus, pandemias, desastres naturales…Y la vida certificó y más todo aquello.

No en balde muchos por estos días solo hacen pedir porque termine ya, porque quieren olvidar las carencias, desasosiegos, pérdidas y retos de este calendario.

Pero definitivamente será un año para recordar, para no olvidar. Es más, será inolvidable por sus desafíos pero también por las experiencias que nos dejó, sobre todo por las muestras de solidaridad y crecimientos personales y profesionales, el rol descollante de la ciencia y de la salud pública; y por el papel del Estado y el Gobierno en la lucha por allanar los muchos obstáculos con la participación activa del pueblo y por resolver problemas tan complejos como una enfermedad de impacto a nivel global, que aún hoy nos sorprende con nuevas cepas todavía más virales que las conocidas, como la que se achaca al Reino Unido.

En medio de un escenario tan adverso- el peor de los posibles- también fuera de fronteras, echemos una mirada hacia introspectiva. Veníamos de un 2019 de campeonato y ni imaginar lo que sobrevendría.

Creo que nadie lo sintetizó mejor que el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, en su discurso recién en el Parlamento: “Suponíamos entonces que nada podría ser peor que aquella escalada de medidas de endurecimiento del bloqueo imperialista y de ataque a las fuentes de suministros energéticos, a las brigadas médicas y a cualquier posibilidad de financiamiento.

“Hasta que llegó el 2020, un año duro y desafiante como pocos a causa de la desconcertante pandemia de la COVID-19 que cerró de golpe y durante meses las puertas a la economía y a la vida misma”.

Y ciertamente, como se dice en términos beisboleros, el cuadro se cerró. Todo fue para peor, por el impacto universal del nuevo coronavirus y porque el cerco imperial alcanzó cotas insoportables.

Teníamos como antecedente experiencias como las del Periodo Especial, pero en esta ocasión con la paralización del planeta, hubo entonces que soportar más restricciones de todo tipo (alimentos, medicamentos, suministros…), más un lastre de precios abusivos aportado por un puñado de oportunistas; y aún así sabiéndonos protegidos por el combate frontal al SARS-COV-2, que requirió de más de mil millones de pesos del presupuesto, cuantía para nada prevista.

Hubo de todo en esta etapa, sobre todo a partir de marzo, con la detección de los tres primeros casos positivos: escasez hasta de lo más imprescindible, colas desgastantes y una renuncia temporal -todavía sin fecha de caducidad- a fiestas y abrazos.

En vez de crecer la economía como se había programado en un 1%, pues se decrecerá en un 11%, como resultado de efectos acumulados de la persecución financiera y el cerco a cualquier fuente de ingresos en divisas, y la contracción económica universal provocada por la pandemia, con la consecuente interrupción de la actividad turística, una de las principales fuentes de ingresos del país; la contracción a su vez de las importaciones y la disminución de la actividad productiva y de servicios, tanto en el sector estatal como en el no estatal.

Nos adentraremos en el 2021 sin exceso de optimismo, porque queda claro que será igual de desafiante, porque desde la nueva normalidad se buscará reanimar todos los procesos productivos y económicos y que la vida social renazca, claro en una cuidadosa convivencia con el virus, para el que todavía la única vacuna certera es la responsabilidad individual, familiar y colectiva.

La etapa venidera tiene ante sí similares desafíos que la anterior más la arrancada de la Tarea Ordenamiento, que es, sin dudas, el más complejo proceso económico a que se haya enfrentado el país y cuya aplicación no podría demorarse por más tiempo, a pesar de la comunión de dificultades del contexto actual. Ello redundará en la reactivación gradual de la economía.

Con la incertidumbre bordeándonos como siempre ante los imponderables, la Antilla Mayor prevé una recuperación estimada en un aumento del PIB entre el 6 y el 7 %, según trascendió en la lX Legislatura de la Asamblea Nacional, donde se reconoció como el propio pueblo se agigantó ante las adversidades.

Lo reiteramos, hubo de todo y más: desde más fenómenos meteorológicos, con alteraciones del régimen de precipitaciones y las afectaciones a los cultivos, lo cual conllevó a más déficit de productos del agro hasta el desabastecimiento prácticamente total, sin restarle relevancia a los factores subjetivos, las carencias de recursos y el papel del hombre.

También, hasta los enemigos orquestaron un golpe suave para intentar minar las bases de la Revolución. Quedaron al descubierto la intromisión en los asuntos internos de Washington y a su vez sus mercenarios asalariados del patio. La verdad, como suele suceder siempre, salió a relucir.

Sin dar vuelo a grandes expectativas, aunque con alguna esperanza en que se mejore en algunos sentidos la relación bilateral, esperamos la salida de Donald Trump este 20 de enero de la Casa Blanca y el traspaso finalmente de los poderes en EE.UU. a Joe Biden, quien le ganó primero en las elecciones y luego en cada una de sus fallidas reclamaciones.

Entre los aprendizajes de tan duro bregar durante el 2020 quedaron muchas e importantes enseñanzas, entre ellas la de valorar más la vida, la salud -un sector priorizado de siempre en Cuba con o sin COVID-, pues sin ellas todo lo demás palidece. Frente a las disimiles y fortísimas pruebas de atroz combinación de secuelas se impusieron la inteligencia, la resistencia, la solidaridad y la confianza. No perder la fe nos ayudó a seguir pendientes de la guía de la brújula.

Por eso este calendario que ahora justamente despedimos, sobre todo sus últimos nueve meses, serán inolvidables para sus protagonistas por sus desafíos; pero también por sus experiencias.

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