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Una adolescente en la “media rueda”

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Llegar a los 50 puede alegrar, entristecer, alarmar o hasta aterrar, según se haya vivido. Pero, en cualquier caso, lo cierto es que en ese punto y hora, rara vez seguimos adelante sin siquiera un breve alto para repasar éxitos, yerros y reveses, y para pensar muy en serio qué queremos y cuánto nos falta por hacer y podemos lograr.

Cincuenta años cumple la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media y el recuento se impone, no sólo para los más de 320 mil muchachas y muchachos que ahora mismo son su voz, alma, carne y sangre, sino para los millones que alguna vez también lo fuimos.

Mucho ha llovido, y para bien, desde aquel diciembre de 1970, cuando la necesidad de promover entre los estudiantes de la enseñanza media un amplio movimiento de masas en apoyo a la docencia, el trabajo y otras tareas, condujo al feliz parto.

En esta organización tuvo el mejor de los aliados la revolución educacional que, ganada la cruzada alfabetizadora, en marcha los programas de seguimiento y con la Reforma Universitaria como un hecho, apuntaba entonces hacia el nivel medio, ante el boom de matrícula que la explosión demográfica de los años ’60 del pasado siglo tornaba inevitable.

Sin el concurso de la FEEM no hubiera podido concebirse el éxito de proyectos tan revolucionarios como las escuelas al campo y en el campo o el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, y decisivo ha sido su aporte desde las aulas, talleres, hospitales, el surco, la comunidad y hasta las calles, al desarrollo económico, social, científico-técnico, político, cultural y deportivo de la nación.

El estudio como deber primero del educando, su formación bajo los principios de integralidad, incondicionalidad y el vínculo con el trabajo creador han estado desde el día “cero” en su agenda.

De ahí la lucha contra el fraude académico, el facilismo y el finalismo, su apoyo a las sociedades científicas estudiantiles, al movimiento deportivo y artístico y a las tareas de preparación para la defensa. Y de ahí, también, su participación en cuanta faena demanda brazos jóvenes, lo mismo la etapa “pico” de una cosecha, que el empeño de reconstruir lo que un huracán echó abajo.

La FEEM ha sabido crecerse para estar a la altura de su tiempo y afrontar retos como el impuesto más de una vez a sus estructuras y quehacer por el cambio de la correlación entre la matrícula de los preuniversitarios y la enseñanza técnica y profesional, con la mira puesta en la formación del capital humano que el país necesita.

Y si de decisiones, desafíos y sucesos se trata, los hay que han fijado un antes y un después en su hoja de vida, como el acuerdo del III Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, en 1977, de prolongar la permanencia en la Organización de Pioneros José Martí hasta noveno grado. La FEEM, que también agrupaba a los estudiantes de Secundaria Básica, pudo desde entonces concentrar su labor en un universo juvenil más homogéneo y maduro.

Vital y feliz llega esta eterna adolescente a la “media rueda”, aunque insatisfacciones existen y lógico y saludable es que así sea, porque si todo está bien, qué quedará para hacer.

Por ganar está la pelea en el decisivo frente del protagonismo y esa misión primera de cualquier organización, que es representar a su membresía, algo que en el caso de la FEEM resulta esencial para cumplir otro gran propósito, como instrumento de trabajo político-ideológico con el estudiantado.

Cuando en una escuela la FEEM no participa en los consejos de dirección, o si lo hace es como caballo de batalla, para resolver problemas y asumir tareas de otros, el daño es grande, igual que cuando termina de mensajera, para el “lleva y trae” de inquietudes y respuestas, o cuando la relación con la UJC no es como debiera, el comité de base, en vez de orientar, suplanta, y la militancia es quien asume las tareas, sin involucrar al resto de los estudiantes.

Convertirla y convertir al grupo, su célula básica, en espacio real y de todos para participar, debatir, aportar y transformar; desterrar de su cotidianeidad el formalismo, la inercia y el “teque”, actuar como la pieza clave que es en la batalla de Cuba por una educación de excelencia… ¡vaya si tiene “contenido de trabajo”!

Pero, nada hay de imposible en esto ni nada que pueda empañar la alegría. Enhorabuena, pues, y a celebrar, el estudiantado y ese pueblo junto al cual ha estado siempre, porque definitivamente el seis de diciembre es de todos y Cuba entera está de cumpleaños.

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