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Mujeres en Cuba, ¿mucho o poco en cuestiones de igualdad?

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Desdeñar la necesaria multisectorialidad en el trabajo por la igualdad de género en Cuba sería tan infructuoso como pensar que todo está hecho, o que los aparentes desenfados y autonomía en la toma de nuestras decisiones reflejan toda la verdad del asunto.


Por ello y con la mirada puesta en las conquistas aún por alcanzar, el Consejo de Ministros aprobó el 30 de octubre el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres en Cuba, concebido como la agenda del Estado para ese propósito.

Sus principales objetivos son actualizar el Plan de Acción Nacional de la República de Cuba de Seguimiento a la IV Conferencia Mundial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la Mujer, y resumir las acciones que en función de empoderamiento e igualdad femeninos se han desarrollado desde el triunfo de la Revolución en 1959.


Teresa Amarelle Boué, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba y secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), refirió que el Programa busca mayor sistematicidad por los organismos de la Administración Central del Estado y las instituciones en el seguimiento a todos los temas que involucran el desarrollo de las mujeres.


Entre estos destacan la responsabilidad de enfrentar con sistematicidad las manifestaciones violentas o discriminatorias en cada ámbito de la sociedad, en los que empoderamiento económico, educación, prevención y trabajo social, acceso a la toma de decisiones, legislación y derecho, salud sexual y reproductiva, estadísticas e investigaciones son de las principales esferas con mayores preocupaciones.


Familias, comunidades, medios de comunicación, organizaciones de masas, políticas y estudiantiles y centros laborales también se incluyen en el Programa como espacios de debate acerca del papel de las mujeres en los ámbitos públicos y privados, terrenos donde aún queda muchísimo por hacer.


Las brechas de igualdad de género en Cuba todavía están asociadas –en buena medida– a la autonomía económica de las mujeres, si bien las cifras en cuanto a sus niveles de escolaridad, ocupación y media salarial demuestran sustanciales resultados en el camino a su integral plenitud.


De acuerdo con el Anuario 2019, de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), las mujeres representan el 39 por ciento de la población económicamente activa del país, de las cuales la mayoría labora en Salud Pública y Asistencia Social y Educación, con 357 mil y 325 mil trabajadoras, respectivamente.


Otros sectores con alta presencia femenina son los servicios comunales, sociales y personales, defensa y seguridad nacional, industrias manufactureras y administración pública, así como ciencia e innovación tecnológica, este último con 14,5 mil de ellas.


Según informó la Secretaria General de la FMC durante una reunión de alto nivel celebrada el primero de octubre por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en ocasión del aniversario 25 de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, las cubanas representan el 49 por ciento del empleo en el sector estatal civil del país, de ellas más del 80 por ciento tienen nivel medio superior o superior, lo cual les permite acceder a empleos de alta calificación.


Cuba presenta la tasa de desocupación femenina más baja de la región, con solo el 1,6 por ciento, y las mujeres ocupan el 50,8 por ciento de los puestos de cuadros dirigentes y constituyen más del 70 por ciento de los fiscales, presidentes de Tribunales Provinciales y jueces profesionales.


Además, ellas representan más del 64 por ciento del personal que presta servicios de colaboración en varios países, y durante el enfrentamiento a la
COVID-19 han sido esenciales en las zonas rojas, en el diseño de los protocolos de actuación y en el proceso de investigación de candidatos vacunales contra el SARS-CoV-2, señaló Amarelle Boué en su intervención y agregó:


“Una legislación laboral de avanzada garantiza sus derechos tanto en el sector estatal como en el no estatal, entre ellos, la licencia de maternidad retribuida, beneficio al que pueden acogerse el padre y otros familiares”.


En tanto, el sector donde menos mujeres hay empleadas actualmente es el de explotación de minas y carreteras con solo cuatro mil, lo cual confirma la persistente división sexual del trabajo.


Según encuestas, muchas personas aún consideran que las mujeres no deben participar en actividades que impliquen esfuerzos físicos y que un hombre no puede cuidar a un niño de la misma manera que una mujer.


Mientras, se ha demostrado que las de 15 a 74 años ocupan como promedio 14 horas semanales más que los hombres en el trabajo no remunerado (limpieza del hogar, cuidado de los hijos o de familiares discapacitados), e incluso las trabajadoras asumen la carga doméstica, lo cual constata la existencia de la doble jornada de trabajo.


En ese sentido, se hace necesario más en nuestro contexto el fomento de servicios de cuidados en consonancia con el Objetivo Específico número cinco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el cual apunta a Reconocer y valorar los cuidados y el trabajo doméstico no remunerados mediante servicios públicos, infraestructuras y políticas de protección social, y promoviendo la responsabilidad compartida en el hogar y la familia.

 

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