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La mano derecha de la profe Esperanza

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Un día de mayo Esperanza perdió todas las esperanzas. Un mareo repentino la hizo caer al piso y como resultado tuvo una fractura en el brazo derecho.

Era algo común para cualquier mortal, pero 45 días después al retirarle el yeso, un aspecto violáceo e inflamado desde la mano al hombro y el dolor insoportable fueron los síntomas para el diagnóstico de Atrofia de Sudeck.

Varias bibliografías médicas explican que esta enfermedad es un síndrome de dolor regional complejo que afecta a pies, piernas, brazos y manos. Existen dos tipos: el primero surge después de sufrir una enfermedad o lesión que no ha dañado directamente un nervio de la zona afectada. El segundo se produce después de sufrir una lesión nerviosa definida.

“Me dijeron que hice “un Sudeck de libros” porque me crecieron las uñas desmesuradamente, pero tenía los dedos paralizados, con cambio de temperatura y de coloración y pensé que perdería mi mano.

“Me sentí muy torpe, desorientada y la inmovilización me impedía caminar, por lo cual me remitieron al Centro Ambulatorio Especializado Mártires de Girón de Cienfuegos, para aplicarme los primeros tratamientos.

“Siempre me explicaron que no me iba a rehabilitar completa de mi mano derecha, no obstante harían todos los esfuerzos para llegar hasta donde fuera posible: lograr movilidad y tornar la mano funcional.

“He luchado mucho para asumir que me quedaré con limitaciones porque hay una deformidad en ese miembro, y hay una propuesta de solución quirúrgica, sin embargo con la edad, y los antecedentes, de diabética e hipertensa, no estoy en condiciones de asumirla”.

Esperanza es profesora de Redacción y Gramática en la Universidad de Cienfuegos. Afortunados quienes se han sentado en un aula a escuchar sus clases, que como por arte de magia te atrapan, y de pronto te trae algo que ella llama “Regalito de Jueves”, unas hermosas lecturas con sus moralejas.

Frente a la pizarra durante más de cuatro décadas, su mano derecha es más que sostén de una tiza, es como un faro que traza conocimientos, razonamientos, y es ayuda para quienes se adentran en el mundo de la investigación científica.
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De ahí que entender el dilema de esta mujer cienfueguera era ponerse a su altura, y comprender por qué apreciaba tanto volver a mover sus dedos y su mano: único escalón que la devolvería frente al aula.

“Vine a esta institución remitida para el servicio de Bloqueo con 10 sesiones a fin de que cediera la inflamación y empezar a lograr la movilidad. Además, me sometieron a tratamiento de acupuntura, en específico me aplicaron la cráneo acupuntura, y al quinto día la inflamación comenzó a ceder y se controló el dolor.

Interrumpieron la técnica de bloqueo y seguí con la acupuntura, así avance en dos ciclos completos, felizmente en el tercer ciclo llegó la mejoría, empecé a mover un poco los dedos, me sentí confiada.

“Desde el seis de octubre me hospitalizaron, ello fue muy beneficioso porque entonces tenía todos los servicios desde el psicológico, rehabilitación, hidromasajes, y cumplí los 10 ciclos de bloqueo, además de la ozonoterapia y magneto, en fin un tratamiento mucho más completo y combinado.

“Ahora estoy contenta, he ganado en independencia y en las mediciones de la flexión de mis dedos – de solo cinco grados que alcanzaba- hace poco llegué a 40, tengo dañada la primera falange, pero a partir de la segunda todas ganaron en flexibilidad.

“En mi rehabilitación influyeron muchas personas, equipos de médicos muy profesionales porque son tratamientos muy dolorosos, y todos me ayudaron, en especial estos dos ángeles: la enfermera Nancy Echevarría González y la doctora anestesióloga Maybé Cabrera Valladares, encargadas de la terapia de bloqueo.

“Profesionalmente he rendido pues he pasado 43 años con la tiza en la mano, a la derecha, y me impacta mucho esa atrofia. Luego de la caída impartí clases y escribí con la zurda, estoy tratando de cambiar mi mano de orientación, haciendo ejercicios de caligrafía, y no escribir ha sido emocionalmente lo más difícil.

“Ya logré escribir algo con mi mano derecha, logré llenar la encuesta de satisfacción en este hospital, claro no con la postura correcta sino con las yemas de los dedos, no puedo escribir en cursiva porque no logro movilidad en la muñeca, y ahora en la pizarra empiezo a hacerlo con la zurda.

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“Estoy feliz, ya puedo calificar los exámenes de mis muchachos. Yo trabajé en el primer semestre con tres asignaturas, dos en cuarto año de la carrera de Comunicación Social: Comunicación y sociedad cubana y en Comunicación educativa, más la atención a la práctica laboral de los estudiantes de Comunicación Social en cuarto año y en tercero con diseño de comunicación visual, y no era justo que otro profesor tuviera que asumir por mí.

“Soy afortunada, no solo se han preocupado por mi rehabilitación, también he sido motivo de estudio para las ciencias, y para mí -con años dedicada a la investigación científica-, he sentido mucho placer que mi caso fuera objeto de indagación. Me lo anunciaron desde cuando vieron cómo la rehabilitación integral y las terapias permiten a un paciente salir de ese problema tan complejo como el mío.

“Ya los primeros resultados se presentaron en la jornada científica de este centro médico, me gustó poder contribuir, incluso con las imágenes de mi mano, y aspiro a que esa investigación se escriba y tome cuerpo para su divulgación, pues entre más rápido e integral se haga ese tratamiento, en mayor brevedad se restablecerá el paciente, y aquí en este hospital hay condiciones para ello”.

Sentí un gran orgullo cuando me dijeron que una paciente había pasado por toda la rehabilitación y avanzaba en la cura de la atrofia de Sudeck, como muestra inmejorable de cuánto se puede hacer en un hospital cubano en función de la salud del pueblo.

Luego me alabaron la fuerza de voluntad de esa paciente que se nombra Esperanza, y anda por cada área del hospital contagiando a la gente con su alegría y ganas de vivir… entonces me dije, no puede ser otra, es la profe Esperanza Madruga, la que siempre trae sus lecturas de jueves y hace magia frente al aula con su valiosa mano derecha.

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