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La Invasión: la hazaña con que los mambises asombraron al mundo

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Todo indica que el Lugarteniente General Antonio Maceo y Grajales consideró que se debía a sí mismo y a la Patria comenzar la invasión libertaria de Oriente a Occidente desde Mangos de Baraguá, donde protagonizó su corajuda protesta contra la rendición del 78, y así lo hizo, el 22 de octubre de 1895, al frente de unos mil combatientes a los que se sumaron luego unos 400 en las sabanas camagüeyanas.

A 125 años de aquel nuevo comienzo la invasión mambisa brilla todavía con luz propia porque se ganó en su tiempo el respeto de la humanidad, al poner en órbita la existencia y necesidad de la guerra liberadora cubana, y como hecho político militar ofreció páginas brillantes en las tácticas y estrategias de combate en las guerras de entonces.

Sus jefes alcanzaron un gran prestigio internacional, al tiempo que solo los animaba el noble empeño de la independencia del suelo Patrio y el cumplimiento de un sueño imposible de realizar en la Guerra de los 10 años.

Había caído en combate el alma de la Revolución del 95 y la Guerra Necesaria, José Martí, pero las tropas comandadas por el General en Jefe Máximo Gómez, en respuesta al duro golpe no se arredraron y se empeñaron en librar la carga definitiva, cumpliendo incluso con la manera rápida y relampagueante con que la diseñó el Delegado, a fin de disminuir sus costos e impedir las artimañas imperiales.

El Generalísimo esperaba a Maceo en el centro de la Isla, después de haber desafiado con éxito la temible Trocha de Júcaro a Morón.

Maceo había entregado el mando de las tropas del Oriente, por Orden de Gómez, a su hermano, el sobresaliente general José, y ya el ocho de noviembre cruzaba sin ninguna baja la fortificada y famosa Trocha de Júcaro a Morón, conjunto de fortines, zanjones, alambradas espinosas y muros, preñado de atalayas, vigías, francotiradores y tropas acantonadas en puntos estratégicos.

Ese cruce de la trocha que pretendía impedir el acceso de los insurrectos a los llanos camagüeyanos era también una hazaña dentro de la gran hazaña que significó la Invasión, como se llamó a secas en la historia a esa campaña en que un ejército de patriotas que nunca llegó a tener más de cuatro mil 500 hombres se enfrentó a un bien armado ejército español de 200 mil efectivos, durante un recorrido duro y penoso de mil 800 kilómetros.

Todavía debieron transcurrir 24 días en esa tierra para que, el 30 de noviembre, las fuerzas de Gómez y Maceo se reencontraran cerca de un enclave nombrado Lázaro López, de la finca San Juan. Allí sus soldados ascendieron a unos cuatro mil hombres, tres mil al galope y el resto en la infantería, a cargo del general Quintín Banderas.

En una marcha casi literalmente a trancas y barrancas, el mambisado cubano dio impetuosas cargas al machete y de su escasa fusilería y cañones, que lo llevaron a tomar 22 poblaciones y librar 27 combates, entre los que citaremos Mal Tiempo, Las Taironas, Calimete y Coliseo.

La estrategia usada por Gómez para entrar en La Habana, llamada el Lazo de la Invasión, es una brillante lección sobre tácticas militares, que tomó por sorpresa y engañó a los avezados mandos peninsulares.

Tres meses después estaban plantando la bandera cubana en la demarcación de Mantua, en Pinar del Río, en el extremo occidental, después de haber burlado defensas militares españolas y campeado arriba y abajo por la campiña cubana.

Se logró el objetivo de extender la guerra planteado por José Martí, en los preparativos, cuando enunció: “La parte más importante y decisiva de una guerra no está en las batallas, ni en los hechos de valor personal, sino en el sistema favorable con que en todas partes a la vez, se debilita y empobrece al contrario, se les quitan recursos y se le aumentan las obligaciones, se le obliga a pelear contra su plan y voluntad, y se impide que reponga sus fuerzas”.

Otro de los empeños, golpear duramente a la economía, se logró, sobre todo a la industria azucarera, de gran peso ya desde mediados de esa centuria.

También ayudó a combatir, con su efecto unificador, las manifestaciones de regionalismo y caudillismo, que lastraron y llevaron al abismo a la guerra anterior.

La repercusión de la hazaña de los libertadores cubanos y sus jefes, se subraya, rebasó las fronteras de Cuba y la causa cubana se conoció en el mundo, al tiempo que nació un respaldo y solidaridad con los intentos independentistas de los habitantes de la colonia ibérica.

Esto a su vez, contribuyó al incremento y llegada de expediciones con armamentos y recursos para la causa cubana, aunque muchas de ellas fueron malogradas.

Una hora crucial se inició con la heroica invasión parcialmente victoriosa, para Cuba y el orbe. Lo cual hace pensar que todo hubiera sido distinto si, más adelante, poderes siniestros no hubieran intervenido y frustrado la soberanía, tan bien ganada por los padres. Pero, por suerte, los hijos de esta nación ya ajustaron definitivamente esas cuentas. 

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