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Aunque dura la experiencia por la COVID-19, fue mi oportunidad de ayudar a otros

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Cuando al joven Yannier Leonardo del Toro lo diagnosticaron positivo a la COVID-19, el 15 de marzo último, su primera preocupación fue haber contagiado a su madre, una anciana de más de 70 años, con la cual solo había compartido hora y media tras su llegada al hogar en la ciudad de Camagüey, procedente de Italia.


Él, quien se encontraba en esa nación como parte de la tripulación de la nave Ópera, de la compañía de cruceros MSC, se convertía así en el inicial caso positivo al SARS-COV-2 en la provincia camagüeyana.

Según rememoró, cuando esa región se convirtió en el epicentro mundial de la pandemia, al poco tiempo supo que cesarían esas operaciones marítimas y regresaría a casa.

“Recibí la noticia con cierta alegría pero a la vez con mucha preocupación, pues el temor al estar ya contagiado y aún no presentar los síntomas siempre estaban presentes, más aún cuando el orbe cada día se complicaba con la enfermedad, y podía ser yo quien infectara a otros”.

Su rostro, por lo general risueño y sereno mientras conversa, muestra cierta tristeza al recordar esos difíciles momentos cuanto aparecieron las primeras fiebres y malestares, bastante intermitentes al inicio, lo cual le hacía aferrarse a la esperanza de que fuese otra dolencia, y no precisamente el coronavirus.

“Desde el primer síntoma sospeché que podía estar enfermo y por ese motivo me mantuve lo más alejado posible de las personas, e incluso de mi esposa durante todo el trayecto de regreso a la Isla, y en mi retorno desde La Habana hasta Camagüey, pues mi vuelo aterrizó en la capital”.

A pesar de que tenía enormes ganas de ver a toda mi familia otra vez, ya que llevaba casi un año fuera, les prohibí que me visitaran e inmediatamente acudí a mi área de salud más cercana, y gracias a eso agradezco hasta el día de hoy que no se lo transmití a nadie más, pero sí pudo haber ocurrido, y eso aún de pensarlo me atemoriza, relató.

Su diálogo se torna un poco sombrío al hablar de la semana que permaneció ingresado en el Hospital Clínico Quirúrgico Amalia Simoni, pues afirmó, ante el poco conocimiento que existía sobre el virus, no solo en Cuba, sino en todo el planeta, los protocolos de atención, los medicamentos, los análisis y chequeos estaban en constante variación.

“Aunque siempre traté de mantener una actitud positiva, de apoyo y de entendimiento con el equipo médico, la incertidumbre era notable, y por eso mi agradecimiento a cada uno de ellos, quienes me atendieron sin descanso las 24 horas del día hasta que fui trasladado al Hospital Militar Octavio de la Concepción y de la Pedraja, donde permanecí por 18 días”.

Cierto destello se observa en su mirada al hablar del alivio emocional que sintió cuando dejó de estar reportado de grave, porque la enfermedad se complicó, pero su evolución fue favorable y ponía mucho de su parte, principalmente, porque sabía de cuanto sufrían desde afuera su familia y amigos, siempre todos al tanto de su estado.

Fueron momentos muy duros para todos ellos, había temores de algunas personas quienes los señalaban como posibles culpables de poder transmitir el virus. Fue como un estigma que se creó, comentó.

La jovialidad de su carácter le impide guardar rencores, e insiste que siempre los comprendió, pues era mucho el temor existente sobre la pandemia, y ser el primero en padecerla en la provincia tal vez haya sido un punto a favor para infundir esos miedos.

Aunque no es una persona tímida, sí resulta de los que rehúye de las entrevistas, y de todo vestigio de reconocimiento público.

Sin embargo, si se le observa bien, muy escondido en su mirada tiene un poco de orgullo cuando recibe algún elogio por formar parte de los pacientes recuperados de la COVID-19 seleccionados en el territorio para la ejecución del programa de extracción de plasma hiperinmune, mediante el proceso de plasmaféresis automatizada para obtener anticuerpos contra esa peligrosa enfermedad.

“Cuando ya estuve de alta y los especialistas acudieron a mí para ser parte de esa iniciativa, no lo dudé un segundo, era mi manera de ayudar a otros que estaban atravesando por lo que yo pasé”, aseveró.

Es así como se mantuvo hasta hace apenas un mes haciendo tan humanitario aporte a la salud y la vida de otros.


Llegado ese punto de la conversación ya su rostro se percibe un poco más liberado de tan malos recuerdos, y sí con mucho optimismo habla sobre cómo intenta cada día crear conciencia a su alrededor acerca de con cuánta disciplina se deben cumplir las medidas pertinentes para evitar el contagio.

Este coronavirus no tiene cara ni preferencias, y que a todos nos puede tocar es cierto, pero sí le podemos poner freno siendo conscientes y cuidándonos mucho, porque ya está demostrado que nadie es inmune a él, afirmó.


Al preguntarle sobre sus planes inmediatos asegura que una vez todo este “enredo mundial” culmine retomará sus funciones en la compañía de cruceros hasta culminar su contrato y regresar definitivamente a la patria.

Esta será una historia que le contaré a mis hijos, de cuando temí por mi vida y la de mis seres queridos, y será el momento donde siempre les insistiré en cuánto deben valorar y cuidar su salud, pues esa es prácticamente la principal garantía de poder disfrutar la vida junto a los seres queridos, algo que por momentos cuando estuve enfermo temí perder, concluyó.

Aunque ya culminábamos la entrevista, sus ansias de terminar ya eran más evidentes, y otra vez insistió en que no disfrutaba de tales protagonismos, justo momento en el cual una llamada a su celular puso punto final a nuestro intercambio, y con amplia sonrisa se despidió, debía cumplir con un asunto familiar.

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