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Modo auto-responsabilidad ciudadana en tiempos retadores

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A partir de este lunes, Cuba comienza a transitar por una nueva normalidad, en la cual la responsabilidad ciudadana cobra un papel protagónico. Junto a los esfuerzos precedentes, presentes y futuros a cargo del Estado debe ir de manera consciente y permanente la disciplina y auto-responsabilidad de todos los cubanos.

Está en juego la vida y por la salud de los individuos, la familia y los colectivos laborales y educacionales se imponen nuevos códigos y estilos de existencia adaptados a un contexto epidemiológico que implica la convivencia con un virus letal, para el cual aún no hay una vacuna.

De momento, solo lo frenan el abandono de la confianza, el no a las indisciplinas y el respeto de los protocolos médicos y las muchas medidas higiénico-sanitarias que en más de siete meses han demostrado su eficacia.

Todo ello soportado, en el caso de la Isla, por una respuesta contundente de su personal médico y científico, que han hecho más que suficientes aportes a la tarea primera: salvar vidas.

Suman 12 las provincias y el Municipio Especial Isla de la Juventud que transitaron a la nueva etapa, en tanto La Habana pasó a la Fase III. Quedan, por su parte, Ciego de Ávila y Sancti Spíritus en la de Transmisión Autóctona Limitada.

Ahora es cuando hay que cuidarse y cuidarnos más porque existe la circulación del nuevo coronavirus y los asintomáticos persisten, una característica de este azote universal, que ha conllevado por ello a pasar de la percepción del riesgo a la percepción del peligro real.

Sin alarmismo ni histeria, que nunca las hubo ni siquiera en el pico de abril, el país ha decidido avanzar en la protección sanitaria de la existencia de los cubanos; pero a la vez reactivar la actividad económica-social- los procesos productivos, la economía, el turismo (…)-, sobre la base de una estabilidad epidemiológica y con las experiencias y enseñanzas de estos últimos siete meses de duro batallar.

Constituye un imperativo el continuar hacia adelante, en medio de un panorama internacional complejo- la pandemia sigue sin control y la cifra de contagiados supera ya los 37 millones y el millón de muertos-, y frente a una realidad nacional desafiante, con un bloqueo férreo de EE.UU., el cierre de las fronteras, la reducción del comercio y un alto impacto en el Presupuesto, a causa de los costos generados por la lucha contra la COVID-19.

En esta estrategia cubana de enfrentamiento nada es improvisado. Las únicas claves para remontar el flagelo son entonces, reiteramos, la disciplina y la responsabilidad. No hay que confiarse, hay que estar alertas, pues por lo general las amenazas son latentes e invisibles.

Las vías para protegerse mejor son harto conocidas: usar el nasobuco, mantener el distanciamiento físico- aún no es tiempo lamentablemente para los abrazos-; y respetar las medidas higiénico-sanitarias, con el empleo del hipoclorito y el constante lavado de las manos.

También se aumentarán la pesquisas, los estudios poblacionales y los controles de foco a fondo, con encuestas más abarcadoras y que requieren de la transparencia en las respuestas de los entrevistados. Ocultar información y posibles contactos no conllevaría a nada bueno.

Hemos sido convocados a viralizar las buenas prácticas para coexistir, que incitan a cuidarse uno mismo y a los demás, solo así resistiremos el acoso de la epidemia y posibles nuevos rebrotes hasta que en 2021 la vacuna venza finalmente al mal que se ha entronizado entre nosotros, para poner el planeta de cabeza.

El presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, se ha referido al nuevo coronavirus como una pandemia global que ha cambiado drásticamente la vida cotidiana; y añadía, además, que la existencia ha sufrido por ende un radical rediseño de costumbres ancestrales y la incertidumbre desplazó a la certeza.

Ante tal escenario sintetizado, que es la suma de muchos otros, Cuba transita ya por una nueva normalidad, que prevé convivir con el virus con un mínimo de riesgos. Claro está, ello solo será posible si todos asumimos conscientemente un modo auto-responsable de comportamiento en tiempos retadores como los de hoy día.

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