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Crimen de Barbados y la actualidad de un compromiso

 

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El verano de 1976 se mostraba muy prometedor para los contrarrevolucionarios de origen cubano que se aprestaban a iniciar una ofensiva terrorista, bajo los auspicios de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra diplomáticos, aviones, embarcaciones y representaciones de la Isla en todo el mundo.

Esa campaña fue la venganza contra la mayor de las Antillas por su decisiva participación en la derrota en Angola de los planes imperialistas apoyados por sus títeres de la región y la Sudáfrica racista.

Como pantalla de la CIA se fundó un llamado Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), con la integración de varias organizaciones terroristas, en la que se encuentra la Brigada 2506, de ex mercenarios de la invasión por Playa Girón.

La operación tuvo su cúspide con el sabotaje del avión de Cubana de Aviación en Barbados el seis de octubre de 1976, mayor hecho terrorista contra una aeronave en pleno vuelo en el hemisferio occidental hasta ese momento, con 73 víctimas mortales.

De ellos 57 eran cubanos, entre los que se encontraba el equipo juvenil completo de esgrima que había participado en una competencia en Venezuela, especialistas de Cubana de Aviación y otros funcionarios; 11 jóvenes guyaneses, seis de ellos seleccionados para realizar estudios de medicina en Cuba; y cinco ciudadanos de la República Popular Democrática de Corea, que visitaban países de América Latina en viaje de amistad.

Durante las primeras investigaciones realizadas por las autoridades de Barbados y Trinidad Tobago fueron arrestados los ciudadanos venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo como autores materiales encargados de viajar en la nave en un vuelo anterior para dejar en ella cargas explosivas. Ambos fueron dirigidos por Luis Posada Carriles y Orlando Bosh, todos vinculados con la CIA.

El 24 de octubre de 1976, el diario The New York Times aseguró que Luis Posada Carriles, exintegrante de la policía del dictador cubano Fulgencio Batista, ingresó a la Central de Inteligencia yanqui desde su arribo a Miami en 1960.

Era tanta la implicación directa de la CIA con los terroristas y la impunidad con que operaron que solo esas circunstancias pueden explicar el desliz de los censores estadounidenses, al desclasificar años después un documento de la comunidad de inteligencia de junio de 1976, cuatro meses antes del crimen, en el que se revelaba que el terrorista Orlando Bosch planeaba colocar una bomba en un vuelo de la aerolínea Cubana de Aviación que viajaba entre Panamá y La Habana, incluyendo fechas para esos atentados.

En una de sus partes apuntaba que durante una comida en la cual participaban los terroristas, Posada Carriles dijo “vamos a atacar a un avión cubano” y “Orlando tiene los detalles”.

Copias del documento se enviaron en su momento al Departamento de Estado, Dirección de Inteligencia del Ejército, Armada, Fuerza Aérea, FBI, y la CIA, pero se excluyó informar al gobierno cubano de esos planes que recogían métodos y detalles similares a los que se utilizarían contra el avión cubano cuatro meses después, como ocurrió el seis de octubre.

Ante la abrumadora cantidad de indicios, la policía política venezolana (DISIP) se vio obligada a detener en Caracas a los terroristas Orlando Bosch y Luis Posada Carriles y otros tres implicados y fue allanada la oficina de Investigaciones Comerciales propiedad de Posada Carriles, donde se encontraban pruebas y equipos relacionados con el acto terrorista.

Se inició así en Venezuela un largo proceso judicial contra los terroristas plagado de irregularidades y de presiones de EE.UU. y la CIA que facilitaron inclusive la fuga de Posada Carriles de una cárcel venezolana en 1982 hacia El Salvador, donde colaboró en la ejecución de asesinatos de revolucionarios y el tráfico de drogas durante la guerra civil en ese país.

Hasta su muerte, a los 90 años de edad el 23 de mayo de 2018, se mantuvo activo en acciones terroristas y guardó prisión por breve tiempo en el año 2000 en Panamá, por un intento de magnicidio durante una visita del líder cubano Fidel Castro al Istmo, hasta que fue liberado ilegalmente por la entonces presidenta Mireya Moscoso, comprada por la mafia de Miami.

En 1987, transcurridos 11 años fueron condenados los mercenarios Lugo y Ricardo, pero en relación con Posada no se pronunciaron por estar prófugo e increíblemente consideraron inocente a Orlando Bosh, debido a una treta administrativa sobre imputaciones de ciertos documentos del juico presuntamente mal traducidos.

Bosh vivió sin ser molestado hasta su muerte en el 2011 en Miami, como su compinche Luis Posada, y al final de su vida cuando le preguntaron por las víctimas civiles del sabotaje al avión cubano se refirió a que todos eran miembros del gobierno comunista cubano que merecían morir, incluyendo a las deportistas a las que calificó despectivamente como “unas negritas”.

Durante la despedida de duelo de las víctimas en la Plaza de la Revolución el 15 de octubre, el Comandante en Jefe Fidel Castro cerró su discurso con palabras que hoy mantienen más actualidad que nunca ante los nuevos herederos del terrorismo anti cubano que mantienen el legado de odio hacia la Revolución y estimulan acciones terroristas como el ametrallamiento de la embajada cubana en Washington realizada en la madrugada del jueves 30 de abril de este año.

“No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla! 

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