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PCC: Unidad y continuidad en la vanguardia de la Revolución

 

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Con la presentación, el tres de octubre de 1965, del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en memorable cónclave realizado en el teatro Charles Chaplin, hoy Karl Marx, la Revolución cubana definía e institucionalizaba sus derroteros políticos e ideológicos, bajo la conducción rectora de una organización revitalizada con la unidad y la fuerza de todos los sectores combativos del pueblo.

Otros acontecimientos históricos relevantes ocurrieron aquella noche: la lectura, por parte de Fidel, de la carta de despedida del Comandante Ernesto Che Guevara, quien por voluntad propia decidía combatir por la libertad y los pobres del mundo en otras tierras, en misiva sobrecogedora, tierna y combativa que todavía hoy desgarra al pueblo de Cuba, que lo amó como hijo.

También, se divulgó la buena nueva de la fundación del periódico Granma, como órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, surgido de la unidad de los diarios Revolución y Hoy, de gran circulación entonces.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz resultó investido en el cargo de primer secretario del PCC –de acuerdo con sus siglas- y encabezaba un Comité Central integrado por militantes y combatientes de las tres organizaciones más importantes en los acontecimientos que condujeron al triunfo revolucionario y en el cumplimiento de tareas decisivas o esenciales después de la victoria.

Estas organizaciones fueron el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular, cuyos directivos y membresía habían aceptado la necesidad moral y estratégica de la unión.

Unidad forjada paso a paso, concebida por Fidel, en un proceso que se inició y fungió como una suerte de etapa de transición, casi a raíz del alba de Enero.

Primero fueron las ORI –Organizaciones Revolucionarias Integradas-, que más tarde devinieron en el PURS (Partido Unido de la Revolución Socialista).

“No hay episodio heroico de la historia de nuestra patria en los últimos años que no esté representado”, declaró el Comandante en Jefe.

La continuidad y el enlace con poderosos movimientos independentistas de la nación también fueron más que evidente ese tres de octubre de hace 55 años.

Se establecía a un partido de filiación marxista-leninista, de profunda raíz martiana, como directriz del pensamiento y la acción revolucionaria y ello, contrario a lo que propulsaban y todavía divulgan hoy no era nada ajeno a los cubanos, no caía del cielo, ni venía de “allende los mares”, simplemente.

No solo había existido el coraje y la rebeldía de los mambises, los heroicos padres fundadores de las guerras por la independencia, también había nacido un movimiento de izquierda, como nacieron los feministas y sindicalistas, desde fines del XIX y un Partido Comunista de Cuba, fundado en 1925 por los descollantes Carlos Baliño y Julio Antonio Mella, también soldados del anti imperialismo en la nación antillana.

Mediante la desaparición debido a crímenes atroces, como el asesinato de Mella, las persecuciones y represiones, el movimiento comunista fundador fue diezmado y luego, sus restos, casi desaparecido, aunque sobrevivió.

Aquel Partido Comunista fue proscrito por el machadato y más adelante, en la década del 40, la izquierda reapareció, enarbolando banderas de lucha con el nombre de Partido Socialista Popular, único modo de resurgir y volver al combate por la justicia social.

Fidel puntualizó que el partido marxista leninista creado en el 65 vinculaba, además, a la lucha nacional, desde los independentistas hasta el presente, con el movimiento revolucionario mundial, una condición indispensable para cumplir la obra liberadora esencial del pueblo y de garantizar la existencia de Cuba como nación libre.

Vio ante todo, su carácter de instrumento político no solo para asegurar la sobrevivencia, también la continuidad victoriosa, pues nunca dejó de pensar en la victoria, de la Revolución, y de una tierra cercada, agredida, amenazada y bloqueada criminalmente por la potencia imperial más colosal del planeta.

Fidel y los cubanos se inspiraron nuevamente en José Martí, padre espiritual e intelectual de los cubanos, en la concepción de un partido único, una palabra que no habla ni de exclusivismos ni de soledad, sino de la necesaria unidad de todos, pues cuando faltó, causó grandes calamidades a la noble causa libertadora.

Hoy más que nunca, el Partido Comunista de Cuba, con su Buró Político y Comité Central, su membresía militante, sigue pie en tierra por mejorarse y representar a la vanguardia y al espíritu primigenio de la Revolución, con la entrega, el sacrificio y la honradez marcando la conducta.

Continúa actualizándose, presto a los cambios y transformaciones que demanda el presente, adoptando métodos y vías nuevas, cada vez más inclusivas y creativas, para el desarrollo de la sociedad y el país, como definiera un día su máximo líder. “…Cambiar lo que debe ser cambiado”.

Pero nadie se engañe, con las mismas banderas de combate y las convicciones autónomas y soberanas de siempre. Los principios y valores son sagrados e irrenunciables, está clarísimo, y por ellos se vivirá o morirá hasta el final.

Formado por obreros, científicos, intelectuales, campesinos, mujeres, hombres, jóvenes y viejos, héroes, personas brillantes, por los queridos médicos y personal de enfermería, maestros, y sobre todo, los humildes, los cuales inspiraron la Patria nueva, aquí está, en el combate, fortaleciéndose y renovándose el Partido Comunista de Cuba, a 55 años.

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