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Con la fuerza tremenda del pueblo

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Los Comités de Defensa de la Revolución llegan con la misma guardia en alto que marcó sus inicios y, mucho más, al cumpleaños 60 de su existencia, en medio de un incesante accionar en cuadras, barriadas, comunidades y especialmente con un carácter protagónico en cada hogar, en apoyo al programa nacional de combate a la pandemia que azota a Cuba y el mundo en este inaudito 2020.

Son otros los tiempos, pero nadie olvida la noche de leyenda que dio origen a los CDR –su nombre sintetizado e identificado por todos-, que fuera la del 28 de septiembre de 1960 cuando el joven líder Fidel Castro pronunciaba un discurro ante una patriótica manifestación de casi un millón de concurrentes, frente al Palacio de la Revolución, en La Habana.

Tras la escucha del sonido de unos petardos hechos estallar por enemigos, en las cercanías y con fines intimidatorios, espontáneamente el pueblo reunido dio vivas bien sonoras al proceso revolucionario que avanzaba en nacionalizaciones y medidas de justicia.

Allí mismo se entonó el Himno Nacional. Nada podría borrar hoy el recuerdo de aquella comunión de valores y espíritu de combate entre el pueblo y sus dirigentes.

Y más, cuando Fidel reflexionó:

“Están jugando con el pueblo y no saben todavía quién es el pueblo. Están jugando con el pueblo y no saben todavía la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo”.

Y anunció que se iba a establecer un sistema de vigilancia colectiva en defensa de la Revolución en su marcha y pos de nuevas conquistas. Lo que fue aclamado.

La primera función de los emergentes Comités de Defensa de la Revolución fue la vigilancia revolucionaria en cuadras y barriadas para impedir acciones vandálicas y terroristas alentadas y pagadas, en su mayoría por la CIA y el gobierno de Estados Unidos.

Una larga lista de atentados y provocaciones, debidamente fundamentados por la legalidad cubana, señala que el injerencismo del imperio comenzó desde el primer día del triunfo de Enero, con acciones concretas que incluso segaron vidas de miles de cubanos.

Entonces, como ahora, la voluntariedad, el entusiasmo y la disposición de las masas fueron casi totales. Y los cubanos llevan 60 años contando con una organización no gubernamental extendida por el país, que es uno de los garantes de su soberanía, en primer lugar, pues siguen siempre alertas y preparados.

Además, han desempeñado funciones propias de las diferentes etapas vividas, en las que se han integrado con armonía y mucha creatividad el devenir de la cotidianidad y la vida de la sociedad, afectada duramente por los efectos de un bloqueo cada vez más demencial y sádico, que traspasa los programas de justicia y desarrollo vigentes y creados por la Revolución.

Es así como han ayudado con trabajo voluntario a embellecer la vida con acciones de limpieza, higienización y embellecimiento de barrios y en la colecta de materias primas destinadas a los flujos productivos de diversas industrias.

Igualmente se agradece su colaboración con las fuerzas del orden en los programas de prevención del delito y con la Federación de Mujeres Cubanas en tareas de cooperación con el sistema nacional de educación, encaminados a impedir la deserción escolar y a atender problemas humanos vínculados a casos de desamparo filial o familiar, según el rango de edades.

En tiempos de temporada ciclónica o ante catástrofes, los CDR han sido un brazo de apoyo y canalización del socorro que las instituciones encargadas y especializadas instrumentan para la protección de toda la ciudadanía.

Y dejamos para el final , como broche de oro, en esta síntesis apretada, el invaluable aporte que desde hace muchos años hacen los cederistas cubanos a la salud pública y a la vida: las cuantiosas donaciones de sangre, gratuitas, y hasta masivas cuando ha sido necesario. Acciones hermosas, humanistas y sin parangón en el mundo, pues en otros lares, el mercantilismo dicta la entrega del fluido salvador a un semejante.

El presente, en los días demandantes y llenos de incertidumbre de hoy, se aprecia en las calles el ir y venir de los Destacamentos Juveniles 60 aniversario de los CDR, cumpliendo tareas humanitarias de ayuda a personas vulnerables y necesitadas, como voluntarios en la primera línea en los centros de atención a enfermos, hospitales y así en muchos frentes.

Jóvenes y cederistas curtidos llevan alimentos, medicinas, alivian la vida de muchos vecinos de sus barrios, limpian, embellecen. El desprendimiento y la generosidad siguen siendo el sello en la ejecución de actos de amor que conllevan trabajo duro, desagradable o riesgoso.

Por estos días se anuncian con alegría y con un nuevo formato los actos de entrega de los Premios del Barrio a los miembros más destacados . No caben dudas, la organización late a la altura de su tiempo.

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