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Segunda intervención yanqui: fortalecimiento del sistema neocolonial en Cuba

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Tomas Estrada Palma fue el primer presidente de la república cubana, iniciada el 20 de mayo de 1902, cuando gozaba de fama de patriota desinteresado ganada en su juventud como combatiente en la manigua y no eran muy visibles todavía sus verdaderos sentimientos anexionista y ambiciones políticas, pero al final de su período demostró su verdadera esencia al recurrir al crimen político y pedir la intervención estadounidense con tal de mantenerse en la presidencia y frustrar la victoria de sus oponentes.

Tras la muerte de Martí, fue considerado su seguidor al frente del Partido Revolucionario Cubano, y con su callada perfidia se convirtió en el hombre providencial del naciente imperialismo que no tuvo mayores dificultades para imponerlo subrepticiamente para presidir la república mediatizada.

La maniobra para reelegirse comenzó en 1905, al proclamar su decisión de postularse para un segundo mandato con apoyo del llamado Partido Moderado, que integraban los sectores más reaccionarios de la época, entre ellos ex miembros del Partido Autonomista, organización que celebró la muerte de Antonio Maceo.

Para mantenerse en el poder, Estrada Palma depuró a los funcionarios públicos que no lo aupaban y los sustituyó por sus incondicionales, lo cual estimuló un estado de beligerancia de la oposición tradicional del Partido Liberal, liderado por el General José Miguel Gómez.

El gobierno realizó unas elecciones fraudulentas en 1905 para ratificar a Estrada Palma, aunque el resto de los partidos tradicionales se opusieron a la farsa, situación que fue acumulando un rechazo generalizado que conllevó, en agosto de 1906, a la sublevación armada del partido liberal de la llamada guerrita de agosto.

Los que conocían externamente a Estrada Palma estuvieron muy lejos de imaginarse que para logar sus ambiciones aplicaría los métodos más execrables, incluyendo la eliminación de sus opositores políticos.

El 22 de septiembre de 1905 mandó a asesinar a quien era su más joven y capaz opositor, Enrique Villuendas, de 30 años, abogado y quien se ganó los grados de coronel a fuerza de coraje con solo 21 años de edad, y con 26 conquistó un escaño en la Cámara donde se distinguía por su oratoria y gran carisma.

Villuendas se encontraba en Cienfuegos en actividades políticas contra el gobierno y fue asesinado en extrañas circunstancias, dentro del hotel donde se hospedaba, en medio de un intercambio de disparos con la policía.

Oficiales del ejército enviados del mandatario que supuestamente debían facilitar la rendición del general de las tres guerras de independencia, Quintín Banderas, alzado en las filas liberales en las zonas de Arroyo Arenas y Wajay, lo ultimaron a traición y mutilaron su cadáver a machetazos y enviaron sus restos en un carretón de carbón al cementerio.

Estrada Palma al verse imposibilitado de controlar la sublevación y mantenerse en el cargo, solicitó la intervención estadounidense y renunció, al igual que sus principales colaboradores, a fin de que ocurriera un vacío de poderes que obligara a Washington a intervenir, a tenor de la Enmienda Platt.

De esa forma, el 29 de septiembre de 1906 fue enviado al frente de tropas de ocupación el Secretario de la Guerra de Estados Unidos, William H. Taft, quien oficiaría como gobernador provisional de Cuba hasta que lo relevara Charles E. Magoon.

Las autoridades norteñas restauraron la estabilidad al sistema neocolonial al repartir por igual dinero con las llamadas botellas consistente en recibir un sueldo del Estado, sin necesidad de trabajar, y otras dádivas a los políticos corruptos de ambos bandos a costa del presupuesto nacional, fortalecieron, además, el ejército y los capitales estadounidenses incrementaron su presencia en la nación.

Hasta el 28 de enero de 1909 las tropas estadounidenses permanecieron en la Isla, al realizarse elecciones y el gobierno quedó presidido por José Miguel Gómez, quien se destacaría como su antecesor por la sumisión al imperialismo y llevó a superiores niveles la corrupción y el robo de la riqueza pública, lo cual caracterizó a los mandatarios de la pseudo república.

En la época primó la frustración de los ideales independentistas, mientras que el movimiento obrero y socialista estaba en una etapa inicial y solo irrumpiría con fuerza 20 años después, en manos de unanueva generación de revolucionarios encabezados por Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Raúl Roa y otros.

Esa nueva vanguardia quebró el monopolio político de la clase dominante instaurada con la neorrepública y consolidó el despertar de la conciencia nacional, con la fundación del primer Partido Comunista y las organizaciones obreras de corte marxista, lo que impulsó una etapa superior hacia nuevos horizontes de las luchas sociales.

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