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Digamos NO a oídos sordos ante la COVID-19

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Criterios, razonamientos, puntos de vistas, información reveladora de la gravedad que trae aparejada la pandemia de la COVID-19 son esgrimidos diariamente, y si bien es cierto que encuentra oídos receptivos también es una realidad que muchas personas no escuchan y hacen oídos sordos ante tantos llamados para preservar la salud.

Son esos que promueven reuniones de varias personas en sus casas con música y bebidas alcohólicas, los que gritan y se pasan la botella mirando un juego de fútbol en un salón ante la pantalla grande de un televisor, o los que restan importancia al peligro de andar sin protección y te hablan y gesticulan dejando escapar esas gotitas de saliva tal vez infectadas.

Al tratar este tema de actualidad y vital importancia debemos recordar que el respeto se demuestra de muchas maneras, o sea, acatando el mensaje y siendo consecuentes con nuestro comportamiento y también trasladando esa convocatoria a quienes forman parte de la familia, del vecindario o de nuestros compañeros de estudio o de trabajo.

En muchos jóvenes, pero también en adultos afloran normas de conducta contrarias por completo a estos llamados de atención sobre el cumplimiento de las medidas de prevención, como el uso del nasobuco o mascarilla y con repetida frecuencia se puede ver a muchos que los bajan hasta el cuello o dejan fuera parte del rostro.

Ellos no reaccionan de manera positiva cuando se les llama la atención, a no ser cuando ven cerca a alguien que puede ponerles una multa. No interiorizan que aunque no sientan indicios de ser portadores del virus pueden ser uno de esos asintomáticos que provocan numerosos contagios al transgredir las reglas sanitarias.

Uno de los retos para enfrentar la pandemia del coronavirus es la detección de los pacientes asintomáticos, es decir, de aquellos que no muestran indicio alguno de contagio, pero transmiten la enfermedad a veces antes de los síntomas.

Hasta este momento aún no se aplica una vacuna ni una medicina efectiva completamente contra la COVID-19, entonces ¿qué hacer si tarde o temprano las personas deben salir de sus casas y pueden encontrarse con un portador, bien sea activo o asintomático?

En tales casos se reitera la necesidad de ser conscientes y receptivos a las alertas para el lavado frecuente de las manos, no tocarse nariz, boca o los ojos, mantener la distancia adecuada de otras personas, evitar las aglomeraciones y no olvidar el uso del nasobuco o mascarilla.

Y sobre este elemento que ha llegado ya para quedarse, vale recordar que su reutilización durante varios días sin lavarlo adecuadamente, puede acarrear graves daños, ya que estaremos acumulando y posteriormente inhalando bacterias que pueden provocar una infección.

Por estos días en Cuba son múltiples los modelos de nasobucos creados por las personas, sobre todo se aprecia la inventiva femenina para combinarlos con el vestuario que llevan puesto y es algo digno de reconocer, pero también es provechoso recordar que no debe la estética sustituir la seguridad. Debe siempre confeccionarse con las capas requeridas y el tipo de tejido adecuado.

Y para concluir este comentario, recuerdo que en todos los tiempos ha existido preocupación por el cumplimiento de las normas de conducta respetuosas.
En el siglo XVIII el escritor irlandés Laurence Sterne dijo: “El respeto por nosotros mismos guía nuestra moral; el respeto por otros guía nuestras maneras”.

Vale igualmente esta reflexión del filósofo chino Confucio, quien sentenció antes de nuestra era: “Sin sentimiento de respeto, no hay forma de distinguir los hombres de las bestias”.

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