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Aniversario 153 de la ciudad pinareña: celebración diferente, pero sentida

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Al amparo de altos pinares, la ciudad de Pinar del Río recién acaba de cumplir este 10 de septiembre su cumpleaños 153, con los acostumbrados aires de importante villorio y rejuvenecida por los cuidados dedicados por su gente.

Esta vez, no hubo el tradicional desfile y bullicio a lo largo de la calle Martí, ni la infinidad de espectáculos culturales alegóricos a la fecha, y la celebración resultó muy íntima a causa del distanciamiento y demás medidas impuestas por la irrupción intempestiva de la COVID-19 en el mundo, pero sí cada uno de sus habitantes experimentó alegría este último jueves y la complacencia de vivir en una urbe hermosa.

Y es que las acciones no se detienen de cara a favorecer la imagen citadina, y de ello con mudo lenguaje hablan sus parques renovados, sus nuevos murales transformando viejos muros y espacios, comercios, negocios y otras muchas instalaciones que proporcionan mayor nivel de vida para sus moradores.

Documentos históricos revelan que por Real Orden de la reina Isabel II le fue conferido el título de ciudad el 10 de septiembre de 1867, ante el significativo auge socioeconómico alcanzado por el territorio.

Así se convirtió la demarcación, asentada a orillas del río Guamá, en el centro de una región, donde se fusionó lo mejor de la cultura popular y tradicional de generaciones multiétnicas, hasta conformar la identidad pinareña.

Su tabaco, los valores culturales, la laboriosidad y hospitalidad de los habitantes, además de las tradiciones combativas, le dieron a la urbe la jerarquía requerida para convertirse en la capital de la provincia de Pinar del Río, añaden esas fuentes.

Juan Carlos Rodríguez, historiador de la localidad, tiene muy en alto la valía de su gente, al atesorar una identidad peculiar que abarca la comunicación, la hospitalidad, el carácter rural de los guajiros de Vueltabajo, y suele ejemplificar con una cita de Rubén Martínez Villena: “ si alguien quiere entender el carácter cubano, tiene que conocer al guajiro de Pinar del Río, su ciudad”.

Abrigada por un cinturón de tierras de tabaco, cultivo emblemático de Vueltabajo, los lugareños sienten orgullo por la celebridad alcanzada por esas vegas en el mundo y por otras reliquias autóctonas que guardan el sello de la tradición, como es el caso de la Guayabita del Pinar, licor único de su tipo en el orbe; y el Palacio de Guasch, hoy Museo de Historia Natural de la occidental provincia.

Ese palacete, con una gran mezcla de estilos arquitectónicos, que le imprimen una proverbial perfección, se yergue en una céntrica avenida citadina, convirtiéndose en parada obligada para cada viajero.
Y así reta al tiempo la capital de Pinar del Río, que llega a su aniversario 153 como una linda y esbelta dama, rodeada del amor de sus inquilinos.

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