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Responsabilidad y salud

 

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Sin la menor duda uno de los objetivos programáticos que ha regido el desarrollo de la sociedad cubana desde enero de 1959 ha sido el perfeccionamiento de los servicios de salud, que primero se hicieron asequibles a todos, para poco a poco desarrollar un énfasis especial en la prevención y la educación para la salud.

Los servicios gratuitos y el fácil acceso a las instalaciones de salud y a profesionales de reconocida preparación son realidades cotidianas para los cubanos, que ya lo perciben como lo que debiera ser en todas partes: el orden natural de las cosas.

Sin embargo, ocurre que lo bueno puede hacerse tan cotidiano que ni se ve ni se aprecia, ni aún cuando se necesita. Y este fenómeno tiene otra arista: el traspaso de responsabilidades.

Un ejemplo evidente de esto último esta en las actitudes de algunos respecto a las medidas de protección contra la COVID-19. Pero si analizamos esa dejación de la propia responsabilidad no es algo que surgió ahora, al calor de la pandemia.

Seguramente usted conoce a alguien a quien le ha ocurrido, o tal vez a usted mismo le diagnosticaron una enfermedad crónica no transmisible, como por ejemplo la hipertensión arterial, y el médico le explicó como debería usted desarrollar su vida en lo sucesivo, la dieta y los nuevos hábitos necesarios, y le insistió en la importancia de mantener el control sobre la dolencia, y otros muchos elementos que componen lo que se conoce como la escuela del hipertenso.

Luego, cada vez que lo ve, aún paseando en la calle, el médico le pregunta como se siente, si está tomando los medicamentos, y si vive con arreglo a su nuevo estado. Se preocupa.

Usted quizás lo encuentra fastidioso porque no lo deja en paz. Y hasta le contesta aquello que supone que la doctora o el doctor quieren escuchar, aunque no sea estrictamente cierto. Como si la dolencia que padece fuera un problema del profesional de la salud.

Piense también en lo que ocurre en la mayoría de los hogares cuando una persona recibe una dieta especial por cualquier condición médica, no importa cuál. Generalmente la dieta destinada a reforzar la alimentación se comparte con otros miembros del núcleo familiar. Es como que nadie se siente responsable por ese enfermo, o por los detalles de su alimentación.

Del mismo modo ocurre con el seguimiento de los tratamientos, y con frecuencia el galeno se preocupa más que el paciente por su asistencia a las consultas, y así.

Y otro caso es la pareja que prevé tener descendencia sin siquiera interesarse por el estado de salud de la futura mamá, dejando para los especialistas descubrir luego que tiene tal o cual problema o que la anemia o el peso corporal, cosas que pudieron preverse y hasta solucionarse como parte de la preparación responsable para la concepción de una nueva vida.

De lo que se trata es que tendemos a descargar la responsabilidad por nuestra salud en los hombros del personal médico, y solemos ser despreocupados al respecto. Mire el tema de la lucha contra los vectores de enfermedades: pretendemos que toda la responsabilidad por su disminución sea de los técnicos y operarios de higiene, como si no conviviéramos en nuestras casas con aquellos peligrosos vectores, uno de los cuales es el Aedes aegipty

La responsabilidad primera por la salud de un individuo es intransferible y no puede ser más que de esa misma persona. Y la segunda de los familiares y amigos que le rodean. Porque resulta evidente que si usted mismo o usted misma no se cuida, nadie podrá hacerlo. Y cuanto más demoremos en comprenderlo, más estragos causará la pandemia de COVID-19 en la salud de los cubanos y en la economía del país.

A los médicos y el resto del personal de Salud les corresponde orientar, educar, prevenir y curar, pero que todo eso tenga el efecto deseado depende de cada uno.

Y no sólo es que cumpla con lo prescrito cuando se enferma, es también que se asuma un modo de vivir sano, disminuyendo las agresiones a su organismo en lo posible.

Resulta necesario que se respete lo que disponen las autoridades en cada lugar para contener el contagio, sin buscar atajos y subterfugios que le permitan evadir lo establecido y lo pongan en riesgo, a usted y a quienes le rodean, de contagiarse.

Es, en definitiva, comprender claramente que mucho de lo que nos puede suceder en materia de enfermedades, así como las posibilidades reales de curar y rehabilitarnos una vez enfermos, dependen de nosotros mismos, y que esa es una responsabilidad que no es posible evadir, porque su cuerpo, en definitiva, le pasará la cuenta a su debido tiempo.

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