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Mujeres cubanas: 60 años creciendo sin parar

 

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Conscientes de que siguen siendo “una revolución dentro de la Revolución”, como dijera Fidel de ellas en los días fundacionales, las mujeres y todos los cubanos celebran este 23 de agosto el 60 cumpleaños de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), con los corazones henchidos de orgullo y sentimientos y el mismo ímpetu de sus predecesoras mambisas y de las combatientes por la libertad de la sierra y el llano.

En estos días difíciles y retadores de 2020, las acompaña en primera fila Vilma Espín, fundadora de la organización y hoy su presidenta eterna, mujer excepcional que les entregó su intrepidez, coraje, dulzura, creatividad, inteligencia y desvelos sin fin por largos años de su vida, e hizo avanzar proyectos de aporte social inimaginables.

Pero, además, Mariana Grajales, Ana Betancourt, Celia Sánchez Manduley, en su centenario, tan recordado este año; Haydée Santamaría y Melba Henández, Lidia Doce , Clodomira Acosta y una pléyade de heroínas, amadas y sencillas, recogidas en la historia de la nación.

Hasta llegar a los finales del año anterior, cuando ya se perfilaban los preparativos para los festejos de 2020, nadie imaginaba ni en la peor de las ensoñaciones que vendría la pandemia mundial de la Covid-19 a azotar al mundo y a Cuba, como parte de este, de la manera terrible en que lo hace. Realidad incontestable que pudiera aplastarnos, pero no.

No en vano las abuelas y tatarabuelas traspasaron un día el umbral de sus casas para entregarse a la Revolución que las convidaba a crecer y a aportar a la nueva sociedad en construcción.

En el presente, con 60 años de esa germinación, la mujer cubana participa, codo a codo con los hombres, en el enfrentamiento a la desconocida enfermedad, dotada de las amas de su voluntad y entrega, en primer lugar, peo también de la sabiduría y la inteligencia cultivadas con que cuenta, gracias a la obra en que confió y le ensanchó la vida.

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Doctoras, científicas, enfermeras, laboratoristas, empleadas de servicios e higiene, administrativas y de asistencia en general, están ahora entre las protagonistas de la cruzada contra el nuevo coronavirus en hospitales, centros de aislamiento e instituciones de investigación.

Heroínas de este tiempo son las que trabajan en la llamada línea roja de enfrentamiento, salvando vidas, y las que integran y han integrado el altruista ejército de batas blancas de las brigadas internacionalista Henry Reeve, colaborador en varios naciones del planeta.

No son esclavas, no, ni víctimas de la trata de personas, como se manipula en las falacias de la gran prensa, promovidas por gobiernos ultraconservadores y reaccionarios, servidores del neoliberalismo y el imperio.

Son exponentes de una educación y una conciencia que no sólo se afinca en los lados técnico y profesional, también incluye los valores de la solidaridad, la entrega y los sentimientos de paz y equidad, de unidad, tan demandados por la humanidad en esta hora oscura. Valores que ellos no practican, ni entienden, ni conocen.

En la epopeya actual, en una Cuba diferente a la que vio nacer a la organización, también las educadoras asumen un papel protagónico, pues los períodos lectivos y las enseñanzas demandan un esfuerzo colosal para sobrevivir, con calidad, en medio de los embates que causa la pandemia, por todos conocidos. Y ser cultos, como único modo de ser libres, es una verdad martiana regente en la Antilla Mayor.

No solo ellas, hay razón en los que suman sectores, como las estudiantes, las muchachas del servicio militar voluntario femenino, brigadas de la frontera, combatientes y cadetes de las FAR, donde la vocación de colaboración y servicio social es ejemplar y abnegada.

También las mujeres de la campiña cubana están marcando época con su impulso a faenas que van, desde los pequeños y grandes huertos familiares, hasta la siembra y cosecha en los campos de las cooperativas, pues saben que la producción de alimentos y la sustitución de importaciones son no solo asuntos vitales en la existencia humana, también son estratégicas y garantes de la soberanía nacional.

En los barrios y comunidades, cientos de miles de mujeres jóvenes, convidadas por los bloques de la FMC han dado su apoyo a personas vulnerables, sin protección filial, llevando hasta sus casas medicamentos y alimentos, entre otros servicios.

Tampoco se olvida que la representación femenina sigue aproximándose al 70 por ciento, dentro de la fuerza técnica calificada del país y no hay sector de la sociedad en el cual no esté representada.

Las mujeres dirigentes, con responsabilidades de peso en ministerios y otros centros institucionales son una realidad muy visible que enorgullece e inspira a sus congéneres, aunque es un camino que todavía deberá ensancharse y seguir obteniendo victorias.

Cerca del 50 por ciento de la fuerza laboral femenina lo hace en el sector estatal y en los últimos organismos de Gobierno y organizaciones políticas como el Comité Central y Buró Político del PCC crecieron las féminas en relación con etapas anteriores.

También, como tareas de largo aliento, pero no en un segundo plano, la FMC preconiza, junto a las autoridades cubanas, seguir luchando contra las manifestaciones, aun resistentes, de una vieja tradición machista, y contra acciones de violencia y discriminación por género y color de piel, aún vistas, pero que son totalmente contrarias a la ley y a la voluntad política del país.

Teresa Amarelle Boué, secretaria general e integrante del Buró Político del PCC, dirige actualmente un programa que festeja el gran acontecimiento de la fundación que homenajea y recuerda, pero sobre todo trabaja con ahínco, porque se sabe de cierto que los tiempos difíciles y de prueba, muchas veces son los más hermosos. Enhorabuena, mujeres cubanas. 

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