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Cerro de Caisimú de Las Tunas, entre belleza, historia y diversión (+Fotos)

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A 124 metros sobre el nivel del mar, justo en la carretera que conecta al municipio de Las Tunas con el de Manatí, al norte de la provincia, se levanta el Cerro de Caisimú, una de las principales elevaciones de la geografía tunera, caracterizada por sus extensas llanuras.

Plagada de innumerables mitos, leyendas aborígenes y anécdotas populares, el Cerro fue también escenario de numerosas acciones durante las gestas independentistas, hasta tener enclavado en el una de las más populares instalaciones de la Empresa Provincial de Campismo Popular de este territorio.

Cuentan que debe su nombre en lengua indígena al Cacicazgo de Boyuca, posteriormente llamado Cacicazgo de Manatí, y que- según registra la historia- en esa colina vivió un indio nombrado Caisimú, razón por la que su nombre perdura hasta la actualidad.

Fue allí donde el Mayor General Vicente García González, principal figura de las luchas independentistas en Las Tunas, ubicó en 1871 uno de sus campamentos, además de que seis años después se reunió en esta elevación con el Coronel Francisco Varona para darle órdenes precisas para atacar el Fuerte de la Loma, en Puerto Padre.

Un siglo después el Cerro recibió la visita del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a propósito de merecer la provincia la sede por el 26 de Julio, en 1981, y hasta la del poeta nacional Nicolás Guillén días después, quienes quedaron impresionados por la belleza que desde allí se divisaba.

Lo cierto es que la pequeña pero enigmática montaña ya tenía reservado su pedazo de historia para los tiempos más modernos, pues cuentan los pobladores que durante la guerra de liberación que protagonizó Fidel al frente del Ejército Rebelde, una anciana prometió que si triunfaba la Revolución Cubana construiría una ermita a la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, en aquella elevación.

A inicios de la década del 60 del pasado siglo se cumplió el juramento y hasta hoy los lugareños y visitantes depositan su fe, rinden tributo y materializan promesas en el pequeño santuario enclavado en la base de campismo que allí se inauguró en 2005.

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Recientemente utilizado como centro de aislamiento en medio del enfrentamiento al nuevo coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, la instalación acogió a viajeros y contactos de personas, contexto en el que este altar de la Virgen sirvió de fortaleza para los profesionales de la salud y de apoyo a quienes allí laboraron ante la compleja situación epidemiológica.

Una infraestructura que consta de 38 habitaciones y tres caneyes, estos últimos concebidos como una sui géneris imitación de las construcciones típicas aborígenes, se complementan con el servicio de piscina, alquiler de implementos deportivos, pista de baile, sala de juegos y un servicio de calidad que hace único al devenido mirador natural.

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Con una extensión de 0.42 kilómetros cuadrados, el Cerro de Caisimú exhibe una fauna en la que abundan aves como paloma, sinsonte y pájaro carpintero, además del ganado mayor que caracteriza una de las actividades económicas de la zona.

La Palma Real, árbol nacional de Cuba, Ceibas, Guásima, Majagua, Coco, Mango, y Marañón, son algunos de los exponentes de la vegetación del lugar.

En la preferencia de visitantes nacionales y extranjeros, el Cerro de Caisimú se identifica como un paraíso natural de la geografía tunera que apuesta por cautivar a quienes deciden alejarse del estrés y vivir una experiencia que conjuga belleza, historia y diversión.

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