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Ramiro Valdés Daussá: el combate por la dignidad, siempre

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Hace 80 años, el 15 de agosto de 1940, el profesor universitario y joven revolucionario Ramiro Valdés Daussá cayó asesinado en La Habana, a manos de esbirros del movimiento gansteril denominado “bonchismo”, combatido corajudamente por él en predios del Alma Mater y no por casualidad vinculado al entonces jefe del ejército, el ya siniestro Fulgencio Batista.

Valdés Daussá, profesor ayudante de la Cátedra de Dibujo de la Escuela de Arquitectura e Ingeniería de la Universidad de La Habana, egresado de sus aulas con el título de Ingeniero, había nacido en Pinar del Río, el cinco de septiembre de 1909. No llegó a cumplir los 31 años.

Salía de su acostumbrada cena, en una casa de huéspedes radicada en la calle Mazón no.18, cuando fue acribillado a mansalva por tres de los seis sicarios emboscados en la oscuridad de la noche.

Iba solo y demasiado confiado aquel hombre íntegro, que había golpeado y mantenido a raya al bonchismo, una organización vandálica, al parecer fuera de toda ley y norma humana y divina, que campeaba increíblemente en aulas, salones, galerías y rincones de la Universidad.

Sus atroces y abusivas acciones, bajo total impunidad, solo se explican cuando se conoce que tal “entretenimiento” de gánsteres y saboteadores, disfrazados de supuestos estudiantes, era una de las invenciones que servían a Fulgencio Batista para reprimir la actividad revolucionaria.

El profesor Valdés Daussá, con su enorme civismo y valor increíble, ayudado por su asistente de Cátedra, logró organizar y hacer funcionar la Policía Universitaria que se enfrentó al bonchismo y logró neutralizarlo. Aunque no pudo vencerlo totalmente, la mejoría en el ambiente era apreciable.

Al alcanzarse un clima de calma aparente respecto al vandalismo y una reducción notable de los fraudes, “botellas” y otras manifestaciones de la corrupción entre los catedráticos y el alumnado, Valdés Daussa y su asistente renunciaron a los puestos de dirección de esa eficaz institución cívica.


Entonces los mafiosos y sus poderosos padrinos dictaron la sentencia de muerte del catedrático, hombre de hábitos conocidos por muchos, abierto y confiado, como suelen serlo muchas personas honestas y de bien.


Lo que a primera vista fue solo una aparente vendetta por motivaciones exclusivamente gansteriles, hechos en los que él no participó, la historia lo ha observado a profundidad, pues es necesario saber por qué debía morir el probo profesor, y a quien era útil y necesaria su desaparición. A decir verdad hubo muchos implicados y culpables y la justicia fue mediatizada.

Fue un combatiente por la revolución, como dijera un día de sí mismo, desde apenas rebasada la adolescencia.

Estuvo entre los fundadores del Directorio Estudiantil Revolucionario en La Universidad de La Habana en 1930.

Apoyó la revuelta militar que puso fin al gobierno de Carlos Manuel de Céspedes, en 1933, y luego dio su total respaldo al gobierno conocido como de los 100 días, del presidente Ramón Grau San Martín, quien gracias al programa antiimperialista y de izquierda promovido por Antonio Guiteras impulsó conquistas que beneficiaron a sectores humildes de la población.

Ese gobierno fue obligado a dimitir en corto tiempo gracias al empeño de un oscuro sargento llamado Fulgencio Batista, que por entonces hacía su aparición en los destinos de la nación.


Ramiro Valdés Daussá militó en varias organizaciones revolucionarias, siempre de la izquierda, en tiempos en que el Partido Comunista era ilegal y solo funcionaba clandestinamente.

Participó en protestas, actos, manifestaciones y demandas estudiantiles y fue encarcelado por ello varias veces en las mazmorras del Castillo del Príncipe y en el Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos (Presidio Modelo).

También apoyó la causa de la República Española y desde Cuba desarrolló una acción solidaria para ayudar a niños huérfanos de combatientes de la República española.


Fue dirigente de la Comisión Deportiva de la Hermandad de Jóvenes, organización de masas de la Unión Revoluciona, cuyo nombre cubría al ilegal Partido Comunista.

Inicio su batida sin cuartel contra los pandilleros infiltrados en la Universidad, con respaldo de profesores corruptos, en 1939.


Impuso normativas de exigencia y control, irradiadas desde la policía Universitaria, y creó Comisiones Depuradoras que expulsaron a falsos alumnos, retiraron matrículas y títulos engañosos, eliminaron la venta de exámenes y sancionaron a catedráticos inmorales.


Más allá de los meros pandilleros, esto también le granjeó importantes enemigos entre colega de algunas cátedras sujetos a sanciones.

Hoy, la vida y obra de Valdés Daussá mantienen su vigencia, en tiempos en que también se combaten manifestaciones y conductas sociales indeseables en medio de una situación crítica. Combatir sin parar y confiar en la unión y fuerza de todos, son parte de sus lecciones.

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