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COVID-19: A cerrarle el paso en La Habana

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La capital cubana se asoma a la segunda semana del mes en curso con su retroceso a la fase de transmisión autóctona limitada, dado el crecimiento y dispersión de los casos de la COVID-19 en ese territorio, con siete eventos abiertos.

Tras algo más de un mes transitando por la Fase I de la etapa de recuperación, el grupo temporal de trabajo para la prevención y control de la pandemia decidió el retorno al estado anterior, sin perder tiempo y sin alternativas, debido a que la enfermedad exhibía un crecimiento exponencial desde julio y estábamos muy próximos a que fuera incontrolable.

Así lo explicó tácitamente el ministro cubano de salud, José Ángel Portal Miranda, en ocasión en que también aseveró sin ambages, como lo exige el momento, que el virus está entre nosotros y no distingue edades ni sexo.


Las indisciplinas, las negligencias por parte de la población y de un grupo de instituciones, conllevaron a la aparición en La Habana de más casos activos, más sospechosos e incluso personas graves, cuando por un buen tiempo las terapias permanecían vacías, para alegría de todos.

Pero la felicidad duró poco y de nuevo las alertas se han disparado. Ahora la inquietud se ha generalizado por la falta de cordura en un segmento poblacional que ha puesto al país en una situación compleja, controlable, sí; pero si solo se respetan las medidas establecidas: uso del nasobuco, higienización con hipoclorito, mantener los distanciamientos físicos y sociales, y restringir a niveles mínimos los movimientos.

El respeto de tales indicaciones nos llevaron a la Fase I, cuando el resto de la Isla pasó casi al unísono a la III; pero la falta de percepción del riesgo y por ende actuaciones irresponsables dieron paso a fiestas -religiosas o no-, centros nocturnos disponiendo a su antojo, flujos crecientes hacia playas, piscinas y otros centros recreativos, sin que las determinaciones anti-Covid-19 se respetaran.

Ahí están a la vista de todos los resultados: con cierre del domingo, este lunes los casos activos de la jornada precedente fueron 93, de ellos 72 en la capital. En general, Cuba tiene hoy 496 ingresados confirmados, dos graves y cuatro críticos.


Por la complejidad de la principal urbe antillana, centro político y económico sin discusión del archipiélago, más su cantidad de habitantes (más de dos millones), entre otras cualidades de su perfil, explican las razones del porqué de la batalla será más difícil en sus predios, no así tanto con su vecina Artemisa, igual con muchos contagiados, pero de más fácil abordaje.

En un comentario anterior denuncie que “no nos cegáramos ante el verano” y cual premonición siento no haberme equivocado. Hemos retrocedido con consecuencias para la salud de los cubanos y la economía nacional, sobre la cual pesan los gastos para parar el coronavirus, a los que se suman las serias dificultades derivadas de la crisis internacional y la interna, que ya tiene sobre sí el reforzado bloqueo de Washington en sus trece con o sin SARS-Cov-2.


Hay que acabar de entender que actuar con responsabilidad no es una opción, sino una obligación. Hay que echar el extra para combatir la COVID-19. Su contención es posible, pero solo si se cumple todo lo establecido, que ya lo saben de memoria los cubanos de todas las edades. Estos NO son tiempos de más dislates. No se puede echar por la borda- como está sucediendo- el desvelo de una nación por la vida de los seres humanos.

Para retornar a la ruta del control de este flagelo, harán falta ahora más esfuerzos, sacrificios, pesquisas y el reforzamiento del personal de salud involucrado en la tarea, apoyado por colectivos de otros sectores.


No hay que olvidar que se dice, se repite y las cifras lo demuestran a diario: el nuevo coronavirus mata con una alta letalidad. No es un catarro común y quienes sobreviven quedan con secuelas. Sobran entonces las razones para desterrar la excesiva confianza de que a mí no me tocara, pues le puede suceder a cualquiera teniendo en cuenta la amplia difusión del mal y el número considerable de asintomáticos.


El mundo lo padece- en apenas 48 horas más serán 20 millones los enfermos-, las Américas se volvió su epicentro hace ya un buen tiempo, y la Antilla Mayor no posee otra alternativa que apretarse el cinturón y dar el extra también contra el virus, cuando estamos a solo 24 horas de cumplir cinco meses de duro bregar contra este azote.


Como una carrera de fondo definió a esta contienda el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, quien afirmo: “Pensar que se pueden cometer indisciplinas y negligencias de todo tipo, porque en Cuba se ha logrado ganar la pelea a la muerte a partir de todo el esfuerzo que han hecho nuestros científicos, médicos e instituciones, es un pensamiento irresponsable y totalmente egoísta”.


Una alerta como esa es suficiente para que los habaneros todos se llamen a capitulo y actúen en consonancia para cerrarle el paso a la pandemia.

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