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El chocolate puede causar más placer que un apasionado beso

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El chocolate derretido en la boca de una persona puede causar un placer más intenso y duradero que cualquier beso, según criterio de expertos.

Y es que ese producto proveniente del cacao es preferido por multitudes por su exquisito sabor, olor, y por constituir un potente energizante, a tal punto que consumir solo un trocito de chocolate puede proporcionar la energía suficiente para caminar 150 metros, además de otros favorecimientos a la salud.

Considerado por investigadores un alimento sano, su ingesta libera endorfinas, que aumentan los niveles de serotonina, generando bienestar, y su aroma resulta relajante, pues estimula las ondas cerebrales theta.

Tanta demanda y popularidad alcanzó que los nicarao, indígenas maya, lo utilizaron como moneda de cambio.

Entre las curiosidades del producto resalta la conveniencia de su consumo para el estudio y trabajo intelectual, al reducir la fatiga, favorecer la concentración y la memoria, coinciden sitios digitales.

Protector del cerebro de enfermedades neurodegenerativas y muy eficaz en la prevención de caries dentales (el chocolate negro amargo) es recomendable solo ingerir dos onzas diarias, de acuerdo con especialistas.

Se dice también que es un aliado de la belleza eterna, pues el cacao se emplea en una variada gama de productos de belleza, al humectar la piel, suavizarla y prevenir las arrugas y como si fuera poco, resalta su poder antioxidante.

Sus confituras, en especial los bombones, están presentes en determinadas conmemoraciones, como el día de San Valentín, por constituir una fineza ideal para obsequiar a la persona amada.

La palabra chocolate proviene de “Xocolatl”, término azteca que significa “agua amarga”, y el de color negro, si se consume diariamente, permite la reducción de la posibilidad de contraer alguna afección cardíaca en un tercio, agregan sitios especializados.

Y añaden que el producto mezclado con leche resulta de los preferidos en el mundo, un invento realizado en Jamaica por el botánico irlandés Sir Hans Sloane a principios del siglo XVIII, aunque es probable que no sea la primera persona en la isla en hacerlo.

En Cuba, el cacao fue uno de los cultivos introducidos tempranamente por los españoles, y su principal derivado, el chocolate, ocupó un lugar importantísimo como bebida –el chocolate “caliente”, a la taza, a la española – en la alimentación tradicional del territorio hasta bien avanzado el siglo XIX, durante el cual compartió las preferencias con el café, hasta ser finalmente desplazado por este último, aunque continúa muy codiciado por los cubanos.

Destaca en su producción Baracoa, que abarca alrededor del 75 por ciento del cacao cubano, en miles de hectáreas que cuentan con las fincas de más alto nivel de rendimiento en el país.

El cacao constituye uno de los cultivos ligados a la identidad de estas tierras y el campesinado lo cuida y mejora desde hace siglos con especial esmero, no por gusto el chocolate orgánico de esa región oriental saca elogios a todos quienes lo degustan.

Y así, museos, casas del chocolate, fábricas, están diseminadas por toda la geografía nacional y hasta canciones hacen honor al producto, con su estribillo contagioso: Toma chocolate y paga lo que debes. Nada, las cosas claras y el chocolate espeso, como reza un viejo refrán, muy empleado en la mayor de las Antillas.

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