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Vigencia de una Proclama

 

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El pueblo cubano, acostumbrado a la permanencia del máximo líder al frente del país en los momentos trascendentales de la nación, reaccionó con gran respeto, recogimiento y sentido de unidad a la “Proclama del Comandante en Jefe al pueblo de Cuba”, el 31 de julio de 2006, cuando él mismo informó sobre su enfermedad provocada por una sobrecarga de trabajo que le produjo una crisis de hemorragia intestinal aguda que lo llevo a someterse a “una complicada operación quirúrgica”.

Por esa situación anunció su alejamiento provisional de sus altos cargos y delegó sus funciones como Primer Secretario del Comité Central del PCC y Comandante en Jefe de las FAR al Segundo Secretario, Raúl Castro Ruz, y, además, encomendó otras funciones que atendía personalmente a dirigentes del Partido y el Estado.

También ratificó su confianza en el pueblo y escribió: “No albergo la menor duda de que nuestro pueblo y nuestra Revolución lucharán hasta la última gota de sangre para defender estas y otras ideas y medidas que sean necesarias para salvaguardar este proceso histórico”.

La respuesta de la inmensa mayoría del pueblo a su llamado no se hizo esperar y aunque se seguía a diario con gran expectación y tristeza los partes médicos por el estado de salud de Fidel, también se renovaron las energías y disposición en asegurar la continuidad de la Revolución hasta en las más difíciles circunstancias.

El entonces presidente estadounidense George Bush y otros altos funcionarios de su administración creyeron se haría realidad la vieja tesis del imperio de que con la muerte o la salida de Fidel de su cargo, el proceso cubano se vendría abajo y abriría una supuesta transición democrática que llevara a elecciones libres bajo la supervisión de EE.UU., es decir la restauración del poder imperialista en la Isla.

Esa presunción explica que fuera el máximo líder cubano objeto de más de 600 planes de atentados organizados y promovidos por la CIA durante toda su existencia.

Pero esas vanas esperanzas duraron muy poco y la Revolución después de la enfermedad de Fidel no se detuvo en sus programas estratégicos de desarrollo, ni decayó la defensa y en todo el país se desarrolló un plan de preparación para rechazar una agresión imperialista.

La Operación Caguairán tomó su nombre del árbol de gran dureza con que se comparó la resistencia y voluntad del Comandante en Jefe que libraba la batalla contra su dolencia.

Fidel rebasó su enfermedad, aunque como él mismo escribió en una declaración en 2008, no estaba en condiciones de salud para reintegrarse a sus responsabilidades, pero apuntó que continuaría participando con su experiencia en el proceso revolucionario, lo cual hizo desde sus reflexiones y el trabajo en la dirección de investigaciones y proyectos de producciones agrícolas.

Tampoco el enemigo interno pudo levantar cabeza y los planes de los servicios especiales estadounidenses y sus órganos subversivos desde la entonces Sección de Intereses de EE.UU. de promocionar una quinta columna en el territorio para provocar una crisis aprovechando las circunstancias de la enfermedad del Líder, fue frustrada y revelada posteriormente por los órganos de la Seguridad del Estado con el apoyo del pueblo.

En la clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, el 19de abril de 2016, Fidel declaró: “ Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo; fue capricho del azar (…).

Y anunció: “Tal vez sea de las últimas veces que hable en estasala.

He votado por todos los candidatos sometidos a consulta por el Congreso, y agradezco la invitación y el honor de escucharme. Los felicito a todos y, en primer lugar, al compañero Raúl Castro por su magnífico esfuerzo”.

El Comandante en Jefe falleció el 25 de noviembre de 2016, pero su histórica proclama se renueva con la resistencia frente al imperialismo estadounidense que recrudece el bloqueo e incrementa su política agresiva contra la Isla utilizando la pandemia de la COVID-19, un aliado muy oportuno en su genocidio, planes que las nuevas generaciones de revolucionarios también sabrán derrotar bajo el legado histórico de Fidel.

 

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