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Liga Antimperialista de Cuba: una semilla fructificada

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La fundación de la sección cubana de la Liga Antimperialista de las Américas (Laic), el 14 de julio de 1925 por Julio Antonio Mella, no solo pone de relieve la personalidad descollante del joven líder comunista, sino también la profundidad y avance del movimiento revolucionario en auge en el país, que más allá de acciones rebeldes daba importancia a la preparación política e ideológica, y a la unidad de los cubanos.

Julio Antonio Mella había fundado la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), en 1922, la Universidad Popular José Martí, que llevó a trabajadores y humildes a las aulas, al siguiente año y en agosto del propio 1925 creó junto a Carlos Baliño el Partido Comunista de Cuba, organizaciones claves en el desarrollo de la lucha y la conciencia nacional.

A 95 años de la creación de la Laic, tras una clase de la Universidad Popular en la Sociedad de Torcedores de la calle habanera de San Miguel, el hecho sigue siendo también un referente de la continuidad del espíritu de lucha de los padres fundadores que iniciaron las guerras por la independencia, cuya causa principal se vio malograda en 1898 por la intervención y ocupación militar de Estados Unidos.

Inscripta de acuerdo con los requerimientos del gobierno provincial para asociaciones de su tipo, la Sección Cubana nació con Mella como su secretario organizador, José Acosta fue nombrado vicesecretario, y Alejandro Barreiro ocupó el puesto de financiero.

Entre otros vocales en su ejecutivo fungían Carlos Baliño, Rubén Martínez Villena y José Zacarías Tallet.

Desde sus comienzos Mella escribió que la Liga cubana tendría entre sus objetivos principales combatir al “imperialismo yanki”, que no solo detentaba el poder económico en la naciente república, sino también dictaba órdenes al poder político mediante la impuesta Enmienda Platt, oneroso apéndice a la Constitución.

En un manifiesto publicado por aquellos días en los diarios El Heraldo y Nueva Luz, la directiva de la Laic ratificaba: “Triunfaremos, reivindicando la libertad y la justicia social, o pereceremos en la demanda, pero no como seres envilecidos besando la planta que nos humilla, sino como quería el Apóstol: De cara al sol”.

La sección cubana de la Liga Antiimperialista tuvo magníficas relaciones con la institución matriz, cuya sede principal había nacido en Ciudad de México como una entidad política de clara proyección continental, iniciativa con la cual los revolucionarios de la izquierda y marxistas cubanos se identificaron para crear su filial independiente.

El dictador Gerardo Machado, en el poder a partir de ese año, aumentó las relaciones de subordinación y entreguismo nacional al capital de la nación norteña, cuyos inversores compraban latifundios y con la competencia desleal arruinaban empresas del país, para adquirirlas y dominar la economía.

Por supuesto, Machado declaró una guerra a muerte a toda actividad revolucionaria, emancipadora, en reclamo por la justicia social y persiguió, acosó, torturó y mató a muchos dirigentes y buenos cubanos.

Odiaba visceralmente a los comunistas y ni siquiera se ocultaba para hacer los comentarios más horribles sobre sus combatientes.

En medio de la represión y el terror desatados por Machado, bajo la bendición y asesoramiento imperialista, la Liga no dejó de hacer reclamos a favor de los presos políticos, dio respaldo a Mella cuando fue encarcelado e hizo su connotada huelga de hambre, exigió seguridad para los campesinos.

Pidió, además, la solución de graves problemas sociales y remarcó la influencia de la intromisión foránea en los asuntos de la nación como causa principal de los males y desmanes de aquel tiempo.

Tuvo tiempo de hacerse oír con una proyección internacional, al dar apoyo a la lucha desarrollada en Nicaragua por el patriota legendario Augusto César Sandino, enfrentado a los designios del imperio, y también a la causa de la hermana Puerto Rico, por su estatus neocolonial y los reclamos de los trabajadores del Canal de Panamá.


Años de lucha y años duros. Después de la excarcelación de aquel joven titán nombrado Julio Antonio Mella y su salida hacia el exilio en México, por recomendaciones del Partido Comunista, la Laic continuó la brega, hasta que una ofensiva contra los dirigentes comunistas se hizo sentir en julio y agosto del 1927.

No obstante, el combate no cesó, como tampoco el de los comunistas, pero en lo adelante desde la clandestinidad.
La sección Cubana de la Liga Antiimperialista pudo renacer oficialmente en 1934 bajo la dirección del eminente intelectual marxista Juan Marinello.


Sin embargo, tras el fracaso de la huelga general convocada para marzo del 35 la organización desapareció prácticamente.

Esa entidad expresó la claridad con que los revolucionarios cubanos han identificado desde siempre, sin equivocarse, a los principales enemigos de la justicia social, la paz, la libertad y la independencia de las naciones, por mucho que se disfracen de demócratas y de defensores de losderechos humanos.

En su tiempo, los de la Liga… tuvieron además el mérito de trabajar por la unidad de sectores sociales diversos, aparentemente sin conexión, en la lucha por intereses generales comunes y en bien de todos, del país, de la nación.

No puede ser de otra manera en los hijos de un pueblo con razones para un antiimperialismo raigal, de total fundamento y no inventadas, que en tiempos actuales se refuerzan en la lucha contra el bloqueo brutal impuesto por prepotencia y deshumanización.

 

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