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La Constitución del 40 en la tradición jurídica cubana (+Fotos)

 

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La Constitución del 40 sigue siendo un hito trascendental en la práctica de la jurisprudencia nacional, en defensa del sol moral de la justicia invocado en el siglo XIX por el eminente pedagogo José de la Luz y Caballero, a 80 años de su aprobación, el primero de julio del propio año que le da nombre.

El decursar de la vida y acontecimientos estremecedores, como un cruento golpe de estado primero, e incluso la implantación de las Cartas Magnas de 1976 y la de 2019, después, la rebasaron.

Pero cabe el honor a la del 40 de haber sido la primera en América Latina en incorporar temas sociales como el derecho inalienable al trabajo, la igualdad de la mujer y de todas las personas sin distinción de razas, el acceso a los servicios públicos de salud y la educación general, además de la prohibición de los latifundios, entre otros avances entonces inauditos.

Luego de su aprobación por la Asamblea Constituyente encargada de su redacción, La Carta Magna fue proclamada el 10 de octubre de ese año en la localidad de Guáimaro, la tierra donde se instauró el 10 de abril de 1869 la República en Armas comandada por la insurgencia mambisa y el documento similar, el primero, que respaldaría la lucha libertaria de los cubanos, con la presidencia de Carlos Manuel de Céspedes.

Sí, ciertamente la avanzada Constitución del 40 tuvo el destino de ser mayoritariamente letra muerta, dentro de la práctica político-social cubana, encabezada desde el inicio de la etapa republicana por oligarcas al servicio de la gran burguesía y de la subordinación a los dictados imperiales de Estados Unidos, cuyas transnacionales se apoderaban de tierras y fundaban industrias expoliadoras a su antojo.

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Su vigencia –coartada, como ya se dijo- apenas llegó a los 12 años, ya que el 10 de marzo de 1952 el oficial de la policía Fulgencio Batista dio un golpe de Estado y abolió la Constitución, que no fue nunca restituida a pesar de las fuertes movilizaciones y reclamos populares a su favor.

Los que revisan el texto de la infortunada, por no cumplida, Constitución pueden entender las raíces de su carácter de punta en los procesos revolucionarios que la antecedieron, de influencia decisiva en el espíritu patriótico, rebelde, de combate y al mismo tiempo civilista de sus protagonistas.

En agosto de 1933, una oleada revolucionaria, encabezada por el partido comunista y los sindicatos obreros, llevó al pueblo a derrocar la dictadura del sanguinario Gerardo Machado, quien perseguía extender ilegalmente su mandato, caracterizado por el terror, la pobreza extrema y el entreguismo al capital foráneo.

Pero desde la década de los años 20 había renacido el espíritu revolucionario de los cubanos, bajo la égida de líderes inolvidables como Julio Antonio Mella, Carlos Baliño, Rubén Martínez Villena y Antonio Guiteras Holmes, valientes, verticales y anti imperialistas.

Por esos tiempos la sociedad cubana comenzó a fortalecerse con el accionar de organizaciones estudiantiles, de jóvenes intelectuales, maestros, obreros y campesinos, de mujeres, que creaban instituciones, sindicatos y confederaciones y tomaban las calles en sus luchas.

También aparecieron nuevas publicaciones, se dictaban avanzadas conferencias, se hacía un arte y una literatura que enaltecían y ponían al descubierto todas las raíces históricas y culturales que formaban la nación cubana, incluso las ocultas y preteridas. Sin dejar de nutrirse, además, con las más iluminadoras fuentes universales.

0107-CONSTITUCION_40_4.jpgDe esa riqueza de la vida nacional, sus luchas y múltiples componentes se nutrieron los hacedores de la carta Magna del 40, dentro de los cuales se tuvieron que incluir representantes de los comunistas y la izquierda como Juan Marinello y Blas Roca, y un hombre honrado y patriota de la talla de Eduardo Chibás. Por supuesto, trabajaron al lado de representantes de la burguesía nacional.

Tras candentes debates, el resultado final fue enaltecedor y así fue considerado en su tiempo, como también en el presente, aunque muchos de los enunciados generales del documento, los más avanzados, nunca pudieron ser instrumentados y menos convertirse en leyes. Faltaba para ello una Revolución triunfante.

Por los días de la firma y proclamación del histórico documento, se realizaron numerosas movilizaciones de los trabajadores, a favor de su instauración, dirigidas por el líder Lázaro Peña, conscientes de la trascendencia de esa obra.

Fue la cuarta Constitución de los cubanos. Sus antecesoras fueron las tres redactadas desde Guáimaro por los libertadores, en plena manigua redentora, como pruebe fehaciente e inequívoca del valor que el pueblo de esta nación daba a la justicia, la jurisprudencia en general, la moral, el decoro y la ética, sobre todo en tiempos cruentos y hasta violentos.

La justicia y la moral como estrella polar, guían siempre a los cubanos. Incluso en el presente convulso, agravado por la COVID-19, cuando se usan métodos bárbaros como el bloqueo económico y financiero contra el pueblo. Son principios presentes en la letra y el espíritu de nuestras Constituciones, porque forman parte de la verdad de este pueblo.

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