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Elián y yo…20 años después (+Fotos)

 

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Yo tenía una “barrigota” enorme, estaba en estado avanzado del embarazo de mi segundo hijo, y me fui para la cobertura periodística del cumpleaños de Elián, aquel 6 de diciembre de 1999, en la escuela Marcelo Salado, de Cárdenas, con el pupitre vacío.

Fidel llegó sobre las dos de la tarde, y el pueblo de la Ciudad Bandera estaba en la calle, el 27 de noviembre anterior .

Elizabeth Brotons involucró a su hijo, a punto de cumplir 6 años, en una ilegal salida del país por la costa norte de Cuba; la precaria embarcación naufragó y el pequeño sobreviviente fue reclamado por una familia paterna, que convirtió el asunto en un show mediático.

La mafia cubanoamericana de la Florida vociferaba por micrófonos y cámaras miamenses el derecho de aquella familia paterna a quedarse con el niño, mientras su padre Juan Miguel González, y sus abuelos en la Isla, reclamaban el derecho del regreso inmediato del pequeño al lugar donde correspondía, su país y su verdadera familia.

Fueron días y meses de angustia, los cubanos emprendimos una verdadera lucha por el retorno del niño a Cuba, Fidel con su visión clarísima y la moral por delante, aseguró que el prestigio del gobierno de los Estados Unidos quedaría hecho trizas, la verdad estremeció el mundo y millones de personas se sumaron a la justa causa.

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El 19 de abril del año 2000, mi bebé tenía apenas un mes de nacido, y fue el día en que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) rescató a Elián de la casa de aquella “familia” para devolverlo a su padre, quien viajaría a Estados Unidos a buscarlo.

En una Tribuna Abierta en el otrora Central Australia Fidel anunció del rescate, y frente a la televisión con mi pequeño en brazos lloré a moco tendido. “El día de la brevísima pausa” fue la crónica que surgió espontánea y que la Agencia Cubana de Noticias, entonces AIN, publicó de inmediato y le dio la vuelta al mundo.

Frente a la televisión lloré otra vez aquel 28 de junio, al ver a Juan Miguel descender del avión que lo trajo de vuelta con su preciado tesoro en brazos, volví a Cárdenas en el siguiente diciembre y muchos otros a celebrar el cumpleaños de Elián.

Fidel acudía mientras pudo, no faltó a la escuela Marcelo Salado, instauró en Cárdenas un museo A la Batalla de Ideas, un año después, en el 2001, con una sala permanente que rinde homenaje a la lucha de Cuba y el mundo por el regreso del niño, al inmueble, un antiguo cuartel de bomberos de la ciudad lo calificó como “escuela y ejemplo” y dijo “la batalla de ideas no puede perderse, ni se perderá, la especie humana depende de ella”.

Temperamento del Comandante, sin dejar ni un ápice de dudas, lecciones de humanidad nos dio en cada visita a la escuela de Elián, cuando no pudo llegar siempre llamó o envió mensajes a todos los que fuimos a las marchas de las mujeres de Cárdenas, primero por el niño, después por Los Cinco Héroes Antiterroristas cubanos, año por año, hasta que los tuvimos a ellos también de vuelta.

Elián creció, se graduó como ingeniero en la Universidad de Matanzas, siempre estuve cerca, he seguido su trayectoria, es un joven de bien, ahora será padre, ya lo anunció recientemente, estoy segura de que será buen padre, ejemplo de sobra le consta, este diciembre cumplirá 27 años y el futuro está en el camino.

Todavía traigo a la memoria mi "barrigota", el pupitre vacío, las tribunas abiertas, la camiseta que guardo con la figura del niño detrás de una reja, mis piernas inflamadas, Fidel caminando de un lado a otro con el rostro contrariado, Juan Miguel ante el micrófono de la grabadora, y la cámara de Juan Carlos Migoya.

No olvido el triunfo para el mundo, la batalla de ideas, y a Elián, joven a punto de graduarse, mirándome vigorosamente y con fuerza expresar alto y claro: “me siento feliz en Cuba”, de manera involuntaria se me ocurre tararear a Silvio…”soy feliz, soy un hombre feliz y quiero que me perdonen por este día, los muertos de mi felicidad…”

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