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Madre e hijo en lucha por la vida y contra la COVID-19 (+ Fotos)

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Unidos por la sangre, la voluntad y el oficio de servir, Marisbel León González y su hijo Maidel Luis Milán León aportan esfuerzos para equilibrar la balanza a favor del éxito de Cuba en la batalla contra la pandemia de la COVID-19.

Ella, desde la estratégica trinchera de la producción de alimentos, vela por la higiene de pisos, techos, superficies, puestos de trabajo, baños y otras áreas de la fábrica de galletas La Nueva, del serrano municipio de Bartolomé Masó, en la provincia de Granma.

Hay que tener mucha precaución para que nada contamine el producto ni existan afectaciones al pueblo, declaró.

Es la única auxiliar de limpieza de la entidad, pero en tres años de experiencia ha impuesto su ritmo y logra tenerlo todo listo antes de la entrada del segundo equipo, que labora entre cinco de la tarde y nueve de la noche.

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Se trabaja desde la mañana, en dos turnos, y ante la rotura de una máquina o cualquier otra situación superamos los horarios establecidos, porque lo importante es cumplir, subrayó Marisbel, de 49 años de edad.

Él, en la plenitud de sus 20 primaveras, cursa el tercer año en la Universidad de Ciencias Médicas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y acaba de prestar servicios a pacientes sospechosos de portar el nuevo coronavirus, en el Hospital Militar Central Luis Díaz Soto, de La Habana.

Allí estuve del primero al 15 de mayo, y luego pasé otra quincena en régimen de aislamiento, narró Maidel en conversación telefónica con la Agencia Cubana de Noticias.

Fue una experiencia única –dijo- pues de la sala lo mismo salían altas médicas que personas positivas al SARS-CoV-2.

Trabajé directamente en la asistencia, les llevaba comida y agua, puse inyecciones, suministré medicamentos y realicé otros procederes de enfermería, además de bañar a algunos, en caso necesario.

Considera a la COVID-19 el examen más duro del actual curso, pero si tiene que volver a enfrentarla, en el “Díaz Soto” u otro lugar, lo hará sin dudar, afirmó.

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Destacó que la singular misión le deja como premios las muestras de gratitud de los pacientes y el reconocimiento al trabajo de él y sus compañeros, así como al de todo el personal médico del hospital y el sistema cubano de Salud Pública en general.

La carrera de Medicina me gusta y voy bien, aunque exige ser aplicado y mucha fuerza de voluntad, confesó Milán León, ahora de nuevo en la universidad, a la espera de poder viajar próximamente a Granma.

Hace más de cinco meses que madre e hijo no se ven, desde el último pase en diciembre de 2019, pero ni la distancia física ni la pandemia han podido mellar el amor y la firmeza de espíritu para seguir en la pelea y aportar a la sociedad.

Mi mamá lo es todo para mí, me ayuda y da consejos, siempre he contado con su apoyo y también estoy muy orgulloso de ella, concluyó Maidel, cuyos primeros estudios transcurrieron en la emblemática Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, primera gran obra educacional construida por la Revolución Cubana.

Los dos luchamos: yo estoy contenta por él, trabajo para ayudarlo y mi aspiración es que termine la carrera y salga adelante, comentó Marisbel, quien tiene otros dos hijos, una maestra y un varón cuentapropista.

En conversaciones telefónicas, entre lágrimas de preocupación y orgullo, la madre le recalca al futuro médico que sea fuerte y coopere desde donde esté, para que todo salga bien; mientras ella le da el mejor ejemplo, cumpliendo también con su deber.

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