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La Enmienda Platt y sus continuadores en tiempo de pandemia

 

1006-ep.jpgLa Asamblea Constituyente cubana fue obligada por Estados Unidos a aprobar la nueva Constitución de la República el 12 de junio de 1901, con el anexo de la Enmienda Platt como condición para la salida del país del ejército interventor, chantaje con que se inició la etapa más perversa de la historia de sumisión y explotación de Cuba por el imperialismo yanqui.

Este 12 de junio retoma vigencia su nefasto significado cuando la administración de Donald Trump hace efectivas las implementaciones de las últimas medidas de bloqueo contra la Isla.

La Enmienda Platt estableció el derecho de EE.UU. de intervenir en Cuba cuando lo considerara necesario, así como la obligación del futuro gobierno del archipiélago de ceder o vender territorios para emplazar bases navales, renunciar a la Isla de Pinos, aceptar la supervisión de Washington a acuerdos internacionales y otras cláusulas humillantes que finalmente aprobó la asamblea cubana por 16 votos contra 11.

El año de 1901 resultó favorable para el naciente imperialismo en sus planes contra la Mayor de las Antillas. Ayudado por falsos patriotas logró la disolución del gobierno de la República en Armas, del Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí para continuar la obra revolucionaria en la etapa republicana y la disolución del Ejército Libertador.

Como colofón para consolidar sus planes inauguró la tradición de imponer las legislaciones estadounidenses para controlar el país con la aprobación, por el Senado, de la ley que contenía la Enmienda presentada por el senador Orville Platt, que la Cámara ratificaría y también lo haría el presidente William McKinley.

La Enmienda Platt quedó derogada en 1934, en el contexto de la nueva táctica imperialista de hacer más velado su dominio sobre la región, basado en la llamada “política del buen vecino” y el auge revolucionario y antiimperialista de la Revolución del 33 que derrocó a la dictadura de Gerardo Machado.

Además, EE.UU. contaba en la política cubana con un nuevo aliado y su representante más fiel, el general Fulgencio Batista, personaje fundamental en la frustración del proceso popular de los años 30, en socavar la llamada Revolución del 33 y regir los destinos del país por su demagogia y ascendencia en las fuerzas armadas, que lo llevó al poder nuevamente con el golpe militar del 10 de marzo de 1952.

Casi 100 años después, derrotada la dictadura el primero de enero de 1959 por el movimiento insurreccional y su vanguardia el Ejército Rebelde dirigido por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el imperio renueva ese triste legado de usar sus leyes como instrumento de agresión y sumisión a otros países, pero esta vez para tratar de recobrar su antigua neocolonia con la promulgación de las Leyes Torricelli y Helms Burton, de 1992 y 1996, respectivamente.

La Helms Burton perfeccionó y reforzó la anterior legislación anticubana Torriceli, dirigida a hacer completo el cerco del bloqueo contra la Isla y extenderlo por medio de su Capítulo III a medidas punitivas contra terceros países que tengan relaciones comerciales con Cuba, parte de la legislación nunca puesta en práctica hasta la actual administración.

Trump, desde su llegada a la presidencia en 2017, ha sancionado a 200 empresas cubanas a las que prohíbe realizar negocios con compañías o ciudadanos estadounidenses.

También Washington desobedece los llamados de la comunidad mundial y de la ONU de no aplicar sanciones económicas que impidan a otros países adquirir los medios necesarios para enfrentar el nuevo coronavirus, e incrementa el bloqueo contra y lo dirige muy especialmente a evitar que Cuba compre medicinas y medios para atender a los enfermos de la pandemia, como- por ejemplo- impidió la adquisición de respiradores artificiales en Suiza.

Este 12 de junio hará efectivas las sanciones a tres hoteles, dos centros de buceo y un parque marino para turistas, así como a la institución financiera Fincimex, bajo el pretexto de que son propiedad militar, y divulgará cómo aplicará esas medidas que en las actuales condiciones de lucha contra la COVID-19 constituyen un intento de genocidio al pueblo cubano por su resistencia y defensa de la Revolución.

Así, los seguidores de aquellos imperialistas que en el lejano 1902 inauguraban la república neocolonial reviven su tradicional política criminal e hipócrita contra Cuba en un vano intento de retrotraer la historia a los tiempos en que un oscuro político, solo conocido por haberle dado su nombre a la Enmienda Platt, pudo frustrar los anhelos del pueblo cubano de obtener su independencia.

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