All for Joomla The Word of Web Design

Movimiento 26 de Julio: motor y fragua de la insurrección

 

1006-M-26-1.jpg

El 12 de junio de 1955 nació el Movimiento Revolucionario 26 de julio, en una reunión clandestina de la joven vanguardia patriótica liderada por Fidel Castro, celebrada en La Habana, con la finalidad de extender su influencia a todo el país y preparar el camino de la insurrección armada, única vía posible entonces para la liberación nacional.

Casi un mes antes, el dictador Fulgencio Batista se había visto obligado ante una fortísima movilización popular a restituir la Constitución del 40, y a hacer una amnistía a los presos políticos, que posibilitó la liberación de Fidel y sus demás compañeros moncadistas, con 22 meses de prisión en Isla de Pinos.

En cautiverio, el joven abogado Fidel Castro fue aislado de sus hermanos de lucha, sin que ello impidiera su firme trabajo ideológico y de orientación al núcleo de combatientes reclusos como él, sobrevivientes de las heroicas acciones de los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, el 26 de julio de 1953.

Su accionar traspasó los muros del antiguo Presidio Modelo de Isla de Pinos y fue el eje de la lucha popular y de masas que hizo triunfar la amnistía y hacer realidad la liberación.

1006-M-26-2.jpg

En todo momento Fidel consideraba vivo el movimiento revolucionario que había nucleado antes de las acciones del 53, que incluyó a jóvenes de la talla de Abel Santamaría, el segundo jefe de aquella gesta.

Estaba muy consciente, como José Martí con el Partido Revolucionario Cubano, de que ese movimiento u organización debía consolidarse, una vez libres, para convertirse en una recia columna que vertebrara y respaldara desde el punto de vista político, ideológico y logístico el desarrollo de la ingente lucha que tenían por delante contra el tirano.

No cesó de concebirlo y tampoco esperó para anunciar su constitución a la salida del presidio, casi a las puertas, diciendo incluso que se llamaría Movimiento 26 de Julio, en una suerte de llamado de atención sobre quienes eran sus integrantes (su calidad moral y propósitos) y un homenaje a los caídos en las acciones de esa fecha.

Aunque no tomó por sorpresa al joven líder, conocedor de la calaña de Fulgencio Batista, el dictador pronto demostró que sus publicitadas maniobras electoreras y “democráticas” eran pura politiquería y se dedicó a perseguir y reprimir con saña los intentos de desplegar formas de lucha por canales públicos.

Así mandó al ejército y sicarios a disolver actos, impedir declaraciones y publicaciones del doctor Fidel Castro en la prensa, y de cualquiera otra organización que lo respaldara.

Preparado para enfrentar la contingencia, Fidel se empeñó también en trabajar clandestinamente en la preparación del Movimiento 26 de Julio, sin que las fuerzas de la tiranía se dieran cuenta.

Si bien había diseñado la organización desde la prisión, la siguió remodelando de acuerdo con las nuevas circunstancias hasta el momento de su creación y luego hasta su partida al exilio, el siete de julio de ese mismo año.

Fidel tuvo que viajar a Ciudad de México, pues Batista ya había comenzado a disparar y asesinar nuevamente de forma abierta contra cualquier tipo de oposición, por “cívica y correcta” que fuera. Nunca había dejado de hacerlo, en verdad a la orilla de oscuros caminos.

Al movimiento 26 de Julio, cuya dirección inicial en Oriente correspondió a María Antonia Figueroa, se le sumó más adelante Frank País García, su hermano Josué, Vilma Espín y una pléyade de bravos y heroicos jóvenes del oriente cubano, que antes habían integrado su organización Acción Revolucionaria Oriental.

Después, en la región de Manzanillo y los municipios costeros situados en las faldas de la Sierra Maestra se les unen otros cubanos no menos valiosos, entre los que brillaron Celia Sánchez Manduley y los doctores Manuel Piti Fajardo y René Vallejo, posteriormente Comandantes del Ejército Rebelde.

También tuvo una estrecha conexión con el Directorio Revolucionario Estudiantil, dirigido por José Antonio Echeverría, con quien se firmó un acuerdo de colaboración en el exilio, previo a la salida de la expedición del Granma desde la hermana tierra.

Con la llegada a Cuba de los expedicionarios del Granma, el dos de diciembre de 1956, y la formación del Ejército Rebelde, se catapultó la onda expansiva del Movimiento 26 de Julio, en el que además de los soldados en combate en la Maestra, militaban campesinos de la zona, estudiantes, trabajadores.

Santiago de Cuba, Manzanillo y las regiones circundantes fueron los primeros bastiones del Movimiento 26 en cuanto a apoyo en hombres, armas, y medicamentos en respaldo a la guerra en las montañas. Pero llegó un momento en que la lucha clandestina fue audaz, tenaz y heroica en toda la Isla.

Las filas de antiguos militantes del Partido Ortodoxo, al que perteneciera Fidel, también aportaron afiliados a la nueva forma de organización que apostaba por la lucha insurreccional desde su creación.

Volviendo a la reunión fundacional del M-26-7, acompañaron al líder los inolvidables Haydée Santamaría, Melba Hérnández, Antonio Ñico López, Pedro Miret, Jesús Montané, Armando Hart y Faustino Pérez, entre otros hoy integrantes del panteón de héroes de la Patria.

Motor y fragua del proceso revolucionario cubano fue el M-26-7.

Escribir un comentario

No se admiten ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
Nos reservamos el derecho de no publicar los comentario que incumplan con las normas de este sitio


Código de seguridad
Refescar