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Un canto con y por todos los niños del mundo


Como sucede en Cuba desde 1963, los niños celebran a plenitud –con alegría y sentimientos de amistad y solidaridad hacia sus congéneres del planeta- un nuevo Día Internacional de la Infancia, en medio del escenario complejo impuesto por la pandemia COVID-19 y de las medidas de aislamiento social vigentes con rigor; no obstante los avances registrados en el país en el combate de la letal enfermedad.

Previo a la celebración, instituida por la ONU el lunes primero de junio de 1956, las pequeñas y pequeños, escolares en su inmensa mayoría, vivieron en casa hermosas jornadas familiares con énfasis en las actividades culturales, recreativas y deportivas.

El uso de los medios de comunicación y redes sociales marcó la tónica. Diversión infantil asegurada bajo la protección constante de sus familiares o personas allegadas responsables. Todo en un radio de acción distinto, pero si se valora bien no restringido en lo esencial: emociones y sentimientos.

La Isla de la Música vibró todo el fin de semana con el Festival Internacional de Canciones Corazón feliz, regalo de múltiples auspiciadores que no solo agradecieron los menores, sino todo el pueblo. Un evento lleno de arte, amor y puentes de hermandad tendidos al mundo.


Sobre todo a los infantes que hoy sufren un drama sin precedentes no solo por la muerte y el espanto cercanos que les trajo la pandemia global, sino también por el incremento a niveles sin precedentes de la extrema pobreza y la inequidad en los países donde este mal más ha golpeado.

Menores que trabajan duramente como adultos, por salarios de miseria, que no conocen de la escuela ni de protección sanitaria; niñas y niños prostituidos, los obligados por la pobreza o guerras a emigrar, separados de sus padres o los miles que combaten como soldados en guerras fratricidas. No se puede dejar de hablar de eso, porque la COVID-19 los victimiza más.

Los cubanitos de hoy son conscientes de que la seguridad de que gozan en bienes tangibles y derechos humanos tan necesarios para la vida, como la salud pública y el acceso gratuito a la enseñanza general obligatoria, es todavía un sueño para millones de menores, algunos en países tan cercanos como los de América Latina.

Sin ir más lejos en el tiempo, los infantes de la Isla contagiados por la COVID-19, han podido evolucionar satisfactoriamente, sin riesgos para su vida. La atención médica ha sido consagrada y del más alto nivel.

Pero, además, ellos, desde su nacimiento están protegidos por un programa de 11 vacunas que los inmuniza contra 14 enfermedades curables y cuentan con atención médica sistemática y segura, a cargo de especialistas, toda la vida. Ocho de esos fármacos son de producción nacional.

En la actualidad, las campañas de vacunación antipoliomielítica y antiviral están pendientes de conclusión debido al embate de la enfermedad, pero es un hecho que el país ya tiene garantizados los insumos necesarios para su desarrollo en cuanto las características de la llamada cuarentena lo permitan. No obstante, el resto del programa de vacunación continúa su curso.

“Nada es más importante que un niño”, dicen constantemente los paisanos pensando en José Martí y en su alumno emérito, Fidel Castro, el más querido protector e inspirador del desarrollo integral de la infancia registrado en la historia de Cuba, con una obra cumplida con creces al respecto.

También se les invoca cuando se dice “Los niños son la esperanza del mundo”. Por eso la nación se pobló de escuelas desde el inicio mismo de la Revolución y por ejemplo, el actual curso escolar 2019-2020, con la altísima cobertura del 95 por ciento, inició en septiembre pasado y ni aún los embates de la pandemia y las medidas sanitarias tomadas lo han hecho detenerse. Marcha con ahínco.


De modo que los niños cubanos llegan a un Día Internacional de la Infancia dando los pasos de la recta final del año lectivo, mediante los ajustes a los programas de estudio, impartidos fundamentalmente mediante teleclases.

Igualmente se han reorganizado los sistemas evaluativos, concentración de contenidos y creado infinidad de ajustes y marchas contra el tiempo, con la calidad en el centro. Un esfuerzo grandioso de las autoridades, maestros, profesores y personal amplio y diverso que están cooperando.

La familia cubana: madres, padres, abuelas y abuelos, tíos y primos, perritos y gatos… que suelen formar parte de un vibrante hogar cubano no ha dejado de tener un papel protagónico en el bienestar de los niños. También son héroes anónimos del “aislamiento”.

Además de la voluntad política del país, las instituciones escolares, la Organización de Pioneros José Martí y múltiples organizaciones juveniles…, la familia ha estado todo el tiempo pendiente, rodilla en tierra debido al cruel bloqueo económico, de la seguridad, salud, alimentación y bienestar de su progenie.

Lo mismo ocurre con el personal responsable que atiende a menores sin amparo familiar o a núcleos vulnerables.
Los niños cubanos gozan de esos derechos básicos y también los de ser escuchados y opinar, como establece un llamado de la Dirección Ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia como recomendación para enfrentar los embates de la enfermedad.

Desde la seguridad que hoy disfrutan los infantes de Cuba, celebran este día creado para fomentar las relaciones de amistad y solidaridad. Pero no olvidan enviar múltiples mensajes de amor y acompañamiento a todos, sobre todo a los menos felices y a los que viven todavía una pesadilla que no merecen.

 

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