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De desafíos y episodios inéditos está hecha Cuba

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Cuba está hecha de desafíos y episodios inéditos; forjó una Revolución más grande que nosotros mismos en las propias narices del impero, estrenó en 1961 una Campaña de Alfabetización protagonizada por jóvenes y propinó la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América, en apenas 72 horas, en Playa Girón.

Hijos e hijas de esta nación le erigieron un monumento a la solidaridad porque asimilaron el concepto de que Patria es Humanidad, legado por el Héroe Nacional José Martí, y lo expresan con altruismo al marchar a países hermanos a salvar vidas a riesgo de la suya como un deber sencillamente, sin pedir nada a cambio.

Habitan esta isla hombres y mujeres nobles, pero rebeldes si le tocan un pedacito de su tierra, y con un espíritu de resistencia a toda prueba ante un genocida e ilegal bloqueo impuesto por los Estados Unidos, a pesar del cual se ha creado una obra grandiosa, cimentada de coraje, laboriosidad y amor en beneficio del pueblo.

Ese pueblo tiene ahora una tarea no menos retadora: vencer la batalla frente a la COVID-19 que transita en este minuto por el escenario más favorable, pero que requiere, igualmente, mantener con rigor las medidas de prevención y una conducta cívica responsable con el distanciamiento social y permanencia en casa en primer plano, hasta que se corte la transmisión y dé el tiro de gracia al nuevo coronavirus.

Sin exceso de confianza, ni bajar la guardia ni desmovilizarse, para evadir el posible peligro de un rebrote, los cubanos deben irse preparando para la etapa pos pandemia, que demandará de voluntad y entereza, disciplina y responsabilidad para convivir con una enfermedad que será endémica, según pronostican expertos.

Todo indica que, sin perder su esencia revolucionaria y solidaria, el país tendrá que rediseñar los procesos socioeconómicos y la vida en la sociedad, en la que será necesario modificar hábitos, costumbres, conductas, relaciones interpersonales, convivencia y comportamiento social, a tono con las nuevas circunstancias.

Irremediablemente ya nada será como antes de la pandemia y, por ejemplo, se vaticina que el nasobuco será una prenda de necesario uso por algún tiempo quizás, sobre todo en momentos de fuerte gripe y afecciones respiratorias con el propósito de cuidarnos, proteger a la familia y evitar el contagio de los demás.

La idiosincrasia que identifica a los cubanos muy dados a los afectos y a los abrazos tendrá, en buena medida, que modificarse y hasta quererse desde lejos o amarse en la distancia, no como muestra de desamor, castigo o para volver al tiempo de los abuelos, sino por preservar la salud y defender el derecho a la vida.

En este nuevo contexto los resultados dependerán del esfuerzo cohesionado y la actuación inteligente, a sabiendas de que se procederá en medio de una normalidad distinta en la que tendrán utilidad las experiencias adquiridas en tiempos de pandemia, con el comportamiento disciplinado y actitud cívica responsable de la población como elementos prioritarios.

Hay que tener conciencia de que algunas de las medidas adoptadas como estrategia del país para enfrentar y controlar la COVID-19 permanecerán. Por ejemplo, se dice que llegaron para quedarse el tele trabajo y el comercio electrónico, aprovechando las bondades que proporciona la informatización de la sociedad.

Teniendo en cuenta que se avizora una crisis económica global que afectará a Cuba, se hará hincapié en la adecuación a las nuevas circunstancias de los planes de la economía y los proyectos sociales para el mejoramiento de la calidad de vida de la población, una prioridad invariable para el Gobierno y Estado cubanos.

“Si el hombre sirve, la tierra sirve”, advertía José Martí desde más de un siglo atrás y en ese sentido habrá que seguir trabajando para sacarle frutos a la madre naturaleza, con ingeniosas maniobras y tecnologías para la producción de alimentos, la diversificación de productos, exportación, sustitución de importaciones y generación de eficiencia.

En ese campo de acción deberán potenciarse los cultivos de ciclo corto y los polígonos productivos en zonas rurales, con resultados en algunos territorios como en Santiago de Cuba que merecen generalizarse, todo en pos de garantizar la soberanía alimentaria.

La existencia puede ser edificante, es posible el crecimiento personal en medio de situaciones sanitarias como las vividas actualmente, y en las que el fomento de la generosidad, la bondad, solidaridad y el respeto son bálsamos especiales para vencer adversidades y afianzar un próspero futuro.

Y no olvidar nunca el legado de Fidel en el sentido previsor de anteponerse a los problemas, y entrever lo que vendrá para atenuar afectaciones y consecuencias, lo mismo que hace hoy la dirección de la Revolución ante una Cuba de perennes desafíos.

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