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Stop en Cuba al relajamiento y la confianza

 

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Cuando se lucha a brazo partido contra una epidemia letal, silenciosa y que llegó para quedarse entre nosotros, sobran razones para actuar de manera disciplinada y racional.

La COVID-19 ha trastocado el normal desarrollo de las rutinas en el mundo y Cuba no es la excepción, por eso el llamado continuo de las autoridades sanitarias y de las máximas instancias gubernamentales a no desmontar las decisiones restrictivas, aunque hayamos transitado en los últimos 15 días por debajo del modelo de pronóstico más favorable.

Noticias agradables como la permanencia de las cifras a la baja, con más altas que casos contagiados por jornada; cuatro días sin fallecidos, tres de ellos de manera consecutiva; y que los protocolos médicos puestos en práctica dan cuenta de su efectividad no solo en los salvados, sino también en que las estadísticas de críticos y graves no se hayan disparado y por ende las capacidades en las terapias intensivas tengan una ocupación bien distante de lo esperado, son resultados que reflejan el empeño del personal médico, científico y de todo el que tiene alguna responsabilidad en esta gran batalla.

Los progresos logrados cada 24 horas deben ser consolidados, para que el curso del comportamiento de la epidemia en el país siga como hasta ahora y eso solo se alcanzará si se continúa con el aislamiento social, el distanciamiento físico, el uso del nasobuco y el respeto de las medidas higiénico-sanitarias con el uso del hipoclorito.

Podría considerarse una letanía las repeticiones de tales recomendaciones, que han demostrado su validez, pero lo cierto es que todavía las indisciplinas y la rotunda falta de la percepción de riesgo siguen presentes: mucha población aún en las calles- y no solo por las colas- y sucesos con la bioseguridad en los hospitales, que generan problemas fuera de pronósticos.

Aunque se transcurre por un momento favorable en la lucha frente al nuevo coronavirus, no se puede bajar la guardia, porque en ello nos va la existencia misma, y sería muy contraproducente cuando se hacen pesquisajes masivos en zonas silenciosas mediante los PCR y la tecnología SUMA. Ya no solo son los positivos y sus contactos los que se buscan, sino que se han extendido los espacios de indagación en aras de cortar las posibles transmisiones asintomáticas.

Si se hacen esfuerzos descomunales para evitar la introducción y la multiplicación de la epidemia, con resultados plausibles en la semana que termina y que dejan bien en alto la varilla para los pruebas siguientes, entonces de nuevo un llamado a todos los cubanos a poner un STOP al relajamiento y desterrar la confianza, porque en tales deslices está presente el peligro. Los ejemplos así lo demuestran.

Ya regresarán los tiempos de buena ventura, en que la vida se recupere en su casi totalidad- no digo al ciento por ciento, porque siempre habrá un antes y un después de la COVID-19-, y será la ocasión de retornar a los afectos y actividades productivas o no, postergadas por la cuarentena.

Será entonces (y solo entonces) que el relajamiento y la confianza, sentimientos de gran valía para nuestro equilibrio emocional, volverán a acompañarnos; sin embargo todavía hoy seguimos en combate. 

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