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Aplausos en dos ocasiones para poner fin a una crónica hasta ahora inconclusa (+Fotos)




La Habana, 8 may (ACN) Hace unas horas Fidelito, mi hijo, dejó de ser el paciente de la cama 44 de la sala N en el hospital Frank País, del habanero municipio de La Lisa, donde estuvo ingresado durante 15 días junto a otros enfermos, también contagiados como él con la COVID-19.

Escribo hoy de manera apresurada estas notas, que ojalá sean las últimas de una crónica hasta ahora inconclusa, cuya historia comenzó la tarde del jueves 23 de abril cuando desde su centro de trabajo, el hospital clínico quirúrgico Hermanos Ameijeiras, me llamó para comunicarme que un PCR realizado allí le dio positivo en coronavirus SARS-CoV-2.

Horas y jornadas tormentosas e interminables vendrían después.

Al día siguiente, en su habitual conferencia de prensa el doctor Francisco Durán al ofrecer la actualización sobre la situación nacional aludía a un "ciudadano cubano de 31 años de edad, residente en el municipio Habana del Este, provincia de La Habana, contacto de caso confirmado anteriormente".

Se mantienen en vigilancia 11 contactos, acotó el experto.

Entre estos últimos estábamos sus padres y abuelo Manolo, un anciano de 104 años, internados de inmediato en el centro de aislamiento habilitado en la Universidad Tecnológica José Antonio Echeverría (Cujae).

Por suerte, tras cuatro jornadas de desesperación y temores, ya todos estaríamos de vuelta a nuestros hogares al dar negativo los resultados de las pruebas.

Este viernes Fidelito volvió a estar reflejado en el parte del director nacional de Epidemiología, cuando informó que en la jornada anterior, entre otros resultados alentadores, habían sido de alta 47 pacientes en todo el país.



Su regreso a casa fue para sus padres, demás familiares, vecinos y amigos una odisea, por la ansiedad de verlo ya en el barrio, donde lo esperaban desde la mañana del jueves, al conocer la noche anterior la confirmación del negativo que le dio una segunda prueba de PCR para detectar la presencia del virus.

¿Ya llegó el muchacho? ¿Todavía? No dejen de avisarme. ¡Cuántas llamadas en una día ! ¡Wao!


El hecho de por estos días formar parte de los miles de casos bajo vigilancia en la atención primaria, sin poder salir de casa a nada, me ha permitido constatar múltiples muestras de solidaridad y humanismo que solo en un país como Cuba pueden ser posibles.

Sirvan entonces estas notas para agradecerles a mis vecinos, entre ellos a Pura, a Pupo, quien no obstante ser trabajador de una empresa se ha convertido en el mensajero no solo de mi familia sino también de ancianos que viven solos; a La China, a Pirito, a Darien, a Yulier, a Chicha, y a otras tantas personas maravillosas, preocupadas, atentas a cualquier necesidad.

Anoche, a la hora del cañonazo, cuando ya habíamos aplaudido al personal de la salud, media hora después otro estremecedor aplauso rompería el silencio de la cuadra, e incluso muchos interrumpirían el disfrute de la telenovela brasileña, para de manera espontánea desde sus hogares darle la bienvenida al muchacho del Ameijeiras, hospital del cual es técnico de su laboratorio clínico.

Por razones de protección, tal cual se nos ha pedido en materia de distanciamiento, Fidelito dejó para otro momento el apretón de manos, el beso; solo pidió a todos cuidarse bien, para no pasar por tan dura experiencia, y de inmediato abrazó a su madre en medio de aplausos y de llantos.

Por supuesto, anoche nos acostamos a dormir bien tarde, escuchando algunas de sus vivencias.



Al escribir estas notas tengo delante de mí los medicamentos del tratamiento que debe seguir en casa, entre estos las tabletas kaletras y bulbos de interferón, que la enfermera Amarilys hoy temprano comenzó a inyectarle, para continuar haciéndolo durante 15 días cada lunes, miércoles y viernes, de acuerdo con lo escrito en el acta de egreso y en el tratamiento a seguir.

Entonces seremos testigos de los dolores de cabeza, escalofríos y mareos que como reacciones le provocan ese medicamento cubano tan demandado en el mundo; por suerte, únicos malestares que solo tuvo en el Frank País, como paciente asintomático todo el tiempo.

Va a comenzar la conferencia de prensa del doctor Durán. En casa todos atentos, volvió la tranquilidad y el estrés de tantos días empieza a desaparecer.

No cesan las llamadas… ni tampoco mi infinito agradecimiento, el de toda mi familia, el de mi hijo por estar ya en casa.
Cuba salva, de ello cada vez nos convencemos millones de compatriotas y de personas en el mundo.

Esta es una crónica hasta ahora inconclusa, y que tiene por cierre el aplauso de mis vecinos anoche, en dos ocasiones, siempre para reconocer a esos guerreros de la salud cubana.

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