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COVID-19: en la confianza está el peligro (+ Fotos)

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 Nada más cierto que este refrán que sirve de titular. Bajar la guardia cuando en Cuba se ha logrado disminuir hasta el momento la curva de los contagios de la COVID-19 con precisas y muy acertadas acciones, requiere mayor exigencia para hacer cumplir las medidas que el Estado aprobó en el enfrentamiento a la pandemia.

Aún hay muchas personas en centros de aislamiento y sospechosos por contactos de otros confirmados, y no puede existir espacio para que la confianza traicione a la sociedad y vuelvan a subir las cifras de enfermos.

Vale recordar que por cada paciente positivo hay una proporción bastante alta de posibles contagiados, y el extremo control que se lleva por la autoridades de salud y la Defensa Civil para aislar a esas personas, resulta uno de los comportamientos más atinados en los protocolos y procedimientos para controlar la epidemia.

Es también una de las medidas de más cumplimiento en la estrategia que sigue el país.

Pero esto se contrapone con lo que se ve en varios lugares, principalmente las grandes ciudades o ciudades cabeceras de provincias, donde ya hay días en que, aun sin servicios de transporte, la gente sale y se mueve como en una etapa normal, se aglomera en una cola para comprar cualquier cosa, o simplemente sale “a dar una vuelta” como respondió una ciudadana a la que se le preguntó por qué estaba fuera del hogar.

Indudablemente, es una parte de la población la que desoye los llamados al civismo, a que se coloque el nasobuco debidamente, la que se pone a beber en grupo, o no mantiene el aislamiento en casa, e incluso se reúne en pequeñas tertulias y ya hay hasta quien saca niños a la calle, y no pasa nada, por solo citar algunas desobediencias, observadas en las últimas jornadas.

Esto se contrapone con la mayoría, que sí cumple con quedarse en casa, y responde de esa manera a los incontables esfuerzos humanos y materiales que hacen el resto de la sociedad y el Estado para garantizar alimentos, recursos y servicios esenciales.

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Cada día, el principal Jefe de Epidemiologia del Ministerio de Salud Pública en Cuba, el experto doctor Francisco Durán, reitera y reitera hasta más no dar, lo imprescindible del aislamiento social y del comportamiento adecuado de la población.

Por supuesto, explica siempre que lo único que puede acabar con la transmisión es el comportamiento ciudadano, principalmente su aislamiento.

Los reclamos a través de los medios ya caen en oídos sordos en esas personas y ante esa realidad los agentes el orden siguen llamados a exigir el cumplimiento de las indicaciones de las autoridades.

Sin bien no hay instaurado en Cuba un Toque de queda como han hecho otros países para lograr bajar la epidemia, hay medidas, regulaciones y órdenes que tienen que cumplirse y quienes violen tales normas deben ser multados o procesados con severidad.

Si se ha llegado hasta mayo con niveles que en muchas provincias resultan esperanzadores, cuando se anuncia un posible retorno al aumento de los contagios -porque así ha ocurrido en otras partes del mundo al aflojarse las medidas-, no se puede bajar la exigencia en lo más fácil de ejecutar: cumplir con las medidas orientadas.

Lo peor sería llenar los centros de aislamientos, hospitales y salas de terapia intensiva donde a diario un ejército de primera línea de especialistas, técnicos y trabajadores de la salud se enfrenta con humanismo, dedicación sin límites y sacrificios, a una enfermedad que puede ser mortal, como ha sido, y que en el mundo no tiene precedentes por su complejidad.

Si unos sacrifican tanto no hay espacio para quienes viven a su libre albedrío y con la indisciplina incumplen las recomendaciones y regulaciones, y malogran lo que el sector de la Salud y el Gobierno hacen con extraordinario sacrificio por salvar a su sociedad de esta pandemia.

Son mayoría quienes cumplen el aislamiento y lo establecido. No puede prevaler la indisciplina de los menos.

 

 

 

 

 

 

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