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COVID-19: un cirujano en acción, aislamiento y el esperado retorno a casa

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El doctor Ernesto Ubals Justi nos cuenta una historia, que no por ser breve, deja de resultar interesante y ejemplo de nuestros médicos, al igual que otras de las tantas que se ven, escuchan o leen por estos días de lucha contra la COVID-19 en Cuba.

Ubals, estudió la carrera de medicina, desarrolló su vida como cirujano general en los Hospitales Militares Luis Díaz Soto y Carlos J. Finlay, en ese orden; estuvo en Angola y Sudáfrica, y a su regreso de la última misión en el exterior comenzó a trabajar en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kouri, más conocido por IPK.

A pocos días de su regreso a casa le contó a la Agencia Cubana de Noticias que “desde que se comenzó a organizar el IPK para la lucha del nuevo coronavirus se nos preguntó la disponibilidad como especialistas para apoyar a la institución.

“Después de las respuestas positivas, nos ubicaron como personal de apoyo a la terapia intensiva, en caso de ser necesario realizar un proceder invasivo.

“Pero el 14 de abril fui localizado para realizar una traqueotomía en una paciente en estado crítico, con una intubación prolongada.

“Desde el punto de vista organizativo todo corrió a la perfección, no hubo demoras y el staff de la terapia realmente me apoyó todo el tiempo en aquellas condiciones que son realmente duras.

“En esos casos hay que hacer el proceder con todos los aditamentos necesarios para la protección biológica, lo cual implica serios problemas de visión para el cirujano por la condensación en las máscaras por la propia respiración, que prácticamente nubla la visión y hay que trabajar basado en las habilidades, experiencias, el tacto y la sensibilidad de las manos.

“Estaba avisado que de inmediato iría a pasar mi periodo de aislamiento, así que llevé mi propio equipaje consciente de que no podría regresar al hogar. Un transporte del hospital me trasladó hasta la residencia de Machurrucutu, una institución del Minsap para dar hospedaje a eventos y cursos de capacitación.

“Recibí una habitación para mí solo porque- a pesar de las medidas de protección- el grado de exposición resultó alto al abrir la vía respiratoria al ambiente.

“La atención recibida en aquel lugar fue de excelencia, ya que todos los trabajadores hicieron lo posible para que me sintiera bien. Hasta me reforzaron la alimentación al percatarse de que soy de buen comer y es justo reconocer también la calidad de la elaboración y la variedad.

“Lo más difícil del aislamiento es ocupar el tiempo, por suerte el haber cumplido misiones previas y mi experiencia en la vida militar me ayudaron a organizarme.

“Establecí un horario flexible para ocupar las horas: en las mañanas me dedicaba a estudiar en mi laptop, que llevé precisamente con esa intención, y también a escribir determinados recuerdos, sin ninguna intención literaria, era solo un ejercicio.

“En la PC también llevaba películas y sobre todo la música de mi gusto. Invariablemente, me comunicaba con la familia después del desayuno y la comida.

“Todos los días, excepto los domingos, ejercicios físicos entre 4 y 6 de la tarde. Esa actividad física resulta muy importante para sentirse sano, porque estar acostado en una cama todo el día no es saludable. Además, las camas eran pequeñas para mí (1.86 de estatura).

“Los baches del tiempo los ocupaba con lectura, soy un excelente lector y lo disfruto. No conozco nada mejor para combatir el tedio y la soledad y de paso expandir las neuronas e instruirse. Tuve la suerte de que una amistad me cedió una biblioteca virtual con 600 ejemplares, una maravilla.

“Lo cierto es que todo el personal de aquella institución se preocupó personalmente por mi estado físico y emocional que afortunadamente siempre fue el mejor.

“Al quinto día de estancia me comunican que terminaré mi aislamiento en el hotel Blau Las Arenas, más conocido por Itabo. Hacia allá fui con un buen grupo de médicos, enfermeros, técnicos de la salud que también cumplían su período de aislamiento.

“Nos recibieron con aplausos y nos explicaron las condiciones de vida y aislamiento, horarios y nos entregaron la habitación, todo muy ágil y de una manera muy profesional.

“Claro que las condiciones de vida son excelentes. La alimentación es preparada por el chef del hospedaje y con la presentación de los platos, sobre todo los postres, similar a un restaurante. Sinceramente nada me faltó, aunque como viejo militar soy muy adaptable y no soy exigente.

“Diariamente y dos veces al día, el médico y enfermera asignados a cuidarnos nos pesquisan y nos toman la temperatura. Ya pronto se me hará el estudio del PCR y su resultado determinará si regreso a casa o tengo que ingresar para tratamiento médico. Espero volver al hogar pronto, junto a mi esposa e hijo Luis, de 17 años de edad”.

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