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La COVID-19 y los jóvenes: Escenarios de la batalla (+Fotos)

 

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Desde que el 11 de marzo el nuevo coronavirus llegó a Cuba sin ser invitado, historias de vidas acaparan titulares en nuestra prensa y se multiplican en las redes sociales. La prodigalidad no sorprende. Hay para contar. Son historias hermosas, conmovedoras y, lo mejor de todo, la mayoría son historias de vidas muy, pero muy jóvenes.

No hace falta la lámpara de Diógenes para descubrirlas. Están en todas partes. A nuestra puerta tocan, personalizadas en alguno de los casi 48 mil estudiantes de Ciencias Médicas que cada día van de casa en casa, de a dos o acompañados por profesionales de la salud, trabajadores sociales y a tivistas comunitarios, preguntando, buscando el menor indicio, en una tenaz pesquisa, esencial para mantener a raya a un enemigo, tanto más peligroso, por invisible.

Incontables son sus vivencias. Héroes son esos muchachos y muchachas, aunque, si les preguntas, de todos escucharás: “Solo estoy haciendo mi parte, cumpliendo con mi deber”.

Ya me lo había dicho Lianet Kamila Salina Gimeno, presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, a punto de empezar el pesquisaje activo en los barrios:

“No es algo extraordinario, sino parte de nuestro compromiso de vida como profesionales de la salud en formación y, más aún, como cubanos, y tampoco será la primera vez, pues tareas de trabajo comunitario integrado hemos realizado antes, en la lucha contra el dengue y otras arbovirosis. Lo nuevo, en todo caso, es la magnitud del desafío, que entre todos, siempre unidos, lograremos vencer”.

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A más de un millón de viviendas han llegado ya. Como decimos acá, guapeando están, batidos con la COVID-19 y, también, con la incomprensión, el desinterés, la reticencia y hasta el rechazo de unos cuantos, que ni agradecen ni entienden ni colaboran, y no les abren la puerta o, cuando indagan sobre síntomas, padecimientos que puedan hacerlos especialmente vulnerables o posible contacto con alguien sospechoso o confirmado positivo, mienten o dicen la verdad solo a medias.

Aunque fueron los primeros en sumarse, no son los de Ciencias Médicas los únicos estudiantes universitarios y jóvenes batallando por la vida. A otros también vemos día tras día en barrios y comunidades, en el pesquisaje, sí, y en muchísimas labores más, relacionadas, ante todo, con la promoción de salud.

Como nunca, estos tiempos exigen sembrar conciencia, trabajar duro en cuanto atañe a la higiene -individual y social- y en esa percepción de riesgo de la que tanto hablamos, pero demasiado “verde” todavía y que debe tener como contrapeso en la balanza el esfuerzo para aliviar tensiones, calmar la ansiedad de la gente, llevar sosiego a la familia, alentar la responsabilidad personal, apelar a la sensatez, porque el estrés paraliza o, cuando menos, dificulta la capacidad de respuesta de las personas y les impide reaccionar adecuadamente ante una contingencia.

La búsqueda de ese equilibrio es un desafío aceptado, no solo por los estudiantes de Ciencias Médicas, sino también los de Psicología y otras especialidades de las Ciencias Sociales y Humanidades. Y, como ellos, muchos están aportando, con profesionalidad, disciplina y conciencia del momento histórico y de cuanto está en juego.

Desde sus saberes, cada quien está haciendo, de corazón, con infinitas ganas, compromiso e indiscutible talento. Alumnos de Derecho, por ejemplo, colaboran con la Fiscalía General de la República en la prevención y enfrentamiento de las indisciplinas sociales y el incumplimiento de las leyes, las orientaciones de las autoridades sanitarias y las disposiciones y medidas del Gobierno ante la emergencia que vive el país.

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Estudiantes de Biología, Microbiología y Bioquímica ayudan en la realización de las pruebas de diagnóstico PCR, e igual los hay de otras especialidades, que hacen parte del arduo y complejo trabajo para el establecimiento de pronósticos con procedimientos que abarcan la modelación físico-matemática, inteligencia artificial y la información geo-diferenciada.

No menos importante es el aporte estudiantil en el procesamiento y análisis de los datos que desde hace una semana y en tiempo real está brindando el pesquisador virtual, esa plataforma desarrollada -vale decirlo- por un equipo de jóvenes especialistas y profesores de la Universidad de las Ciencias Informáticas, como complemento del ya mencionado pesquisaje físico activo en los hogares cubanos.

Y hay más. Junto a sus profesores, no pocos jóvenes laboran como voluntarios en sus universidades, acondicionadas como centros de aislamiento; a muchos lugares, algunos incluso que están en cuarentena, acuden otros para cooperar en la limpieza, higienización y cuanto haga falta, y en varias casas de altos estudios se trabaja en el reenvase de hipoclorito de sodio al uno por ciento.

Los alumnos de Comunicación Social y otras carreras van a los barrios a explicar, brindar información veraz y precisa, escuchar las preocupaciones de la gente y ayudar a una mejor comprensión de la situación presente, y si de verdades y razones se trata, en las redes sociales los muchachos no dejan pasar ni una a quienes le hacen el trabajo sucio al Imperio con campañas de difamación y montones de “fake news” sobre Cuba.

A estudiantes y jóvenes vemos también por estos días ayudando a los uniformados a organizar y mantener el distanciamiento social y el orden en las colas, e igual desempeñándose como mensajeros para auxiliar a ancianos y otras personas necesitadas en la compra de medicamentos o la búsqueda de la alimentación que proporciona el Sistema de Atención a la Familia.

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Integrados en destacamentos, miles cumplen tareas fundamentalmente de orden social, para reforzar la atención a personas y grupos vulnerables y en comunidades de difícil acceso o en desventaja social, y en no pocos territorios, contingentes y brigadas de trabajo voluntario apoyan las labores agrícolas en áreas de polos productivos, organopónicos y del sector azucarero.

A las órdenes de los consejos municipales y provinciales de defensa se han puesto el estudiantado y los jóvenes, listos para cumplir cualquier misión; orgullosos de saberse útiles; felices de poder servir a su pueblo y a la Patria; convencidos, como Martí, de que el amor salva y une; comprometidos a no fallarle a Cuba, a la Revolución, a Fidel.

Nadie como el Comandante para sumar y juntar a los jóvenes, para “conectar” con ellos, convidarlos a soñar y volar muy alto, y hacerlos sentir gigantes, capaces hasta de lo imposible. Así se sienten estos y todos los que ahora mismo desafían incontables peligros. Y lo son: héroes en verdad, e historias de vidas hay, como para llenar libros.

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