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Graciliano y sus batallas por la vida (+ Fotos)

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Una certeza acompaña cada conversación, vía Messenger, con Graciliano Díaz Bartolo, especialista de Primer Grado en MGI del policlínico Armando García Aspurú, de Santiago de Cuba; y es que, de esta lucha contra el nuevo coronavirus, saldremos victoriosos.

Hoy, como tantas otras veces, él se encuentra distante de casa, pero su actitud enorgullece a su madre Rosa, a su esposa Andrea, con quien comparte la vida hace 34 años; a sus hijas Leyenis, Thays, Yailín y Laritza; a sus hermanos, compañeros de trabajo y vecinos, que le aplauden a las 21:00 horas porque le consideran un CUBANO así, en mayúsculas.

De nuevo Gracy, como le llaman sus allegados, está en Europa, aunque no en calidad de conferencista sobre el Ébola, como lo hizo en 2016, enfermedad que combatió en Guinea Conakry entre octubre de 2014 y mayo de 2015, sino en la primera línea de enfrentamiento a una nueva pandemia que afecta a más de 180 países: la COVID-19.

Miembro del Contingente Henry Reeve, creado por el Comandante de Jefe Fidel Castro Ruz en 2005, arribó a Italia el 22 de marzo como parte de los 52 profesionales de la salud que atienden a personas contagiadas con el SARS-CoV 2 en la región de Lombardía, epicentro de la enfermedad en el Viejo Continente.

El galeno comentó que, desde el inicio de las labores, en el hospital de campaña habilitado en la ciudad de Crema el resultado ha sido positivo, muchos pacientes recuperados y ningún fallecido, lo cual refleja la preparación del personal de la Antilla Mayor ante situaciones complejas.

Las expectativas de la población con la llegada de los cubanos eran muy altas, aquí se habla mucho del saldo que la colaboración médica ha dejado en otros países y de la efectividad del “Henry Reeve” en la contención de epidemias, agregó.

Graciliano dijo que el agradecimiento a Cuba y a la Revolución se patentizó desde la salida de La Habana, cuando abordaron el avión y los italianos aplaudieron, gesto repetido en cada sitio por el que pasaron hasta llegar al destino final: la cuna del Renacimiento que permanece vacía, solitaria y enlutada por la muerte y el dolor de sus hijos.

Con la euforia advertida en sus mensajes, afirma que el idioma no es impedimento para ninguna de las partes, todo lo contrario, en tanto afianza las relaciones de trabajo en favor de la salud y bienestar de los enfermos.

Conscientes de que actúan en un terreno difícil y desconocido, puesto que nunca antes vieron ni trataron a pacientes con la COVID-19, pero inspirados en la vocación solidaria y humanista de la medicina revolucionaria, la tarea principal de los miembros de la brigada, además de salvar vidas, es protegerse.

A sus 64 años, muchos son los motivos que tiene Díaz Bartolo para cuidarse y regresar sano y salvo: el cumpleaños de la madre, el cariño de hijas y nietos, el abrazo de los hermanos y amigos, el saludo de los vecinos y el amor de Andrea.

Tales razones se postergaron antes, por ejemplo, cuando retornó de Alemania el seis de octubre de 2016 y al día siguiente partió hacia Haití para ayudar a los damnificados por el huracán Matthew, sin pasar por su Santiago natal, y lo asumió como contribución a la tierra de sus ancestros.

Su “madrecita” confía en que su hijo volverá y la patria lo contemplará orgullosa, y que, sobre todo, él continuará librando batallas por las vidas de las personas donde sea que Cuba lo necesite.

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