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El padre y el hijo del IPK, uno de los epicentros de la lucha de Cuba contra la COVID-19

 

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Nadie sabe con exactitud cuánto duró la travesía ni el día exacto en que por casualidad pisaron tierra cubana Santiago Kourí y Bschara y su esposa María (Nejhie), quienes habían puesto sus ojos en Norteamérica, en una nueva demostración de que la emigración es un fenómeno impenitente.

Aunque por poco tiempo, se establecieron en Haití, la isla de François Dominique Toussaint-Louverture, quien proclamó en 1793 la independencia del esclavismo, pero el nacimiento de otros hijos hizo crecer la tenacidad de los Kourí, que decidieron marchar hacia Nueva York en busca de mejoras de vida.

1804-kouri3.jpgUno de ellos sería Pedro Kourí Esmeja, nacido el 21 de agosto de 1900. Poco después decidieron cambiar el rumbo de sus vidas, cuando en el puerto se encontraba un barco que iba hacia Santiago de Cuba y, para entonces, viajar al oriente cubano no demandaba tantos requisitos.

Así llegó a Cuba en los primeros años del siglo XX esta familia, mezcla de generación libanesa-caribeña, y conocida hoy en todo el mundo por el legado científico de dos de sus hijos: Juan B. Kourí y Pedro Kourí, el padre de la parasitología cubana.

Desde el comienzo de sus estudios en la escuela primaria en el colegio de La Salle en Santiago de Cuba, Pedro sobresalió como el primer alumno de su curso e incluso sintió siempre una insaciable sed de conocimientos, no sólo en el campo de la Medicina humana sino también en Veterinaria, Fisiología y Patología Vegetal.

En el último año del Bachillerato instaló junto a otra compañera una Academia donde enseñaba Física, Química y Matemáticas, y los ingresos los entregaba a sus padres, cuyo negocio había decaído.

Con elevadas calificaciones, se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago de Cuba, y obtuvo la plaza de ayudante graduado de Física, Química e Historia Natural, pero un año después, en 1919, se trasladó para La Habana para comenzar la carrera de Medicina.

Sus premios, la redacción y venta de conferencias mimeografiadas de varias asignaturas y su trabajo como alumno interno en los hospitales General Calixto García y Nuestra Señora de las Mercedes, le ayudaron a pagar los estudios, que concluyeron el seis el 10 de julio de 1925.

A la sazón, obtuvo la condición de alumno eminente de la Universidad de La Habana, donde ganó por oposición el cargo de Ayudante Graduado en la recién creada Cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales, que comenzó su primer curso oficial para los estudiantes de Medicina.

En 1934 asumió la dirección de la cátedra de Parasitología y transformó asignatura en la más interesante de la carrera de Medicina; reorganizó el sistema de enseñanza, modificó las clases teóricas en sesiones con proyecciones de transparencias, películas; enfrentó al alumno con el parásito; organizó los departamentos; creó el laboratorio clínico y la consulta externa de Parasitología; escribió y publicó cuanto investigaba.

El 23 de diciembre de 1929 contrajo matrimonio con Mercedes Flores, su inseparable compañera del laboratorio, y de esta unión nacieron Pedro, Alberto, Gustavo y Juan.

El prestigio alcanzado por la cátedra de Parasitología, avalado por numerosos aportes relacionados con las enfermedades parasitarias existentes en Cuba, hizo que el 8 de diciembre de 1937, por acuerdo de la Junta de Gobierno, se inaugurara el Instituto de Medicina Tropical en el Pabellón Domingo Cuba, del Hospital Calixto García.

Además, organizó laboratorios, el Museo de Parasitología Carlos J. Finlay, combinó la docencia y la investigación con el servicio asistencial, coordinó cursos de verano y de posgrado e inició el intercambio científico con otras universidades del mundo.

Sus estudios sobre Fasciola hepática, Amebiosis, Ascaris lumbricoides, por solo citar algunos; y el descubrimiento por primera vez en Cuba del parásito intestinal Inermicapsifer cubensis, le permitieron ocupar un lugar cimero entre los grandes parasitólogos.

Murió el 16 de octubre de 1964 y dejó para la posteridad una fecunda obra de literatura médica y la continuidad de su trabajo en más de dos generaciones de científicos que hoy laboran en las modernas instalaciones del actual Instituto de Medicina Tropical, que desde 1979 lleva el nombre de Pedro Kourí en honor a su fundador.

SU HIJO, OTRA EMINENCIA, SIGUIÓ SUS PASOS

1804-kouri1.jpgEntonces, ya el Instituto de Medicina Tropical poseía un sólido y prestigioso basamento científico y en 1979, el descendiente directo de su creador, el profesor Gustavo Kourí Flores, recibió el encargo de desarrollar el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), en tiempos en que el internacionalismo era intenso y se hizo necesario preservar la salud tanto en el extranjero como en la patria.

Kourí Flores describió para la posteridad la verdad histórica y el cariño recíproco de sus familiares, empleados en este artículo, estuvo al frente de la institución por más de tres décadas y dejó la huella imborrable de su consagración, magisterio en la transmisión de conocimientos, experiencias a generaciones de profesionales y sus valiosos aportes a la ciencia.

Su mayor orgullo -lo señaló ante el colectivo de trabajadores del IPK que le rendía homenaje- consistió en cumplir una misión que le encomendara el Comandante en Jefe Fidel Castro: llevar la institución que dirigía al más alto nivel internacional.

El ejemplo imperecedero de su progenitor lo condujo a alcanzar la condición de alumno eminente durante sus estudios de bachillerato en el Colegio de La Salle, obtuvo el título de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana y la de Doctor en Ciencias Biológicas, aunque poseía otras categorías científicas y docentes.

Desde 1968 desempeñó la Subdirección de Investigaciones del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (Cenic), y ocupó varias responsabilidades de importancia en la esfera de salud pública, vinculadas a la investigación científica.

Llegó a ser autor de más de 200 publicaciones y dos libros, y el dengue constituyó el tema principal de su trabajo e investigaciones.

Recibió premios y reconocimientos sociales y científicos, medallas, incluidas las de Héroe del Trabajo de la República de Cuba; la Orden Carlos J. Finlay y otras condecoraciones cubanas y extranjeras que ostentó hasta su muerte, en La Habana, el 6 de mayo de 2011, poco después de dejar la dirección general de su entrañable institución.

Es indudable que los objetivos y el alcance del IPK han sido extendidos a otras ramas de la medicina y en instalaciones mucho más amplias y modernas, con vistas a reafirmarse como Centro de Excelencia dedicado no solo a la Parasitología y la Medicina Tropical, sino además, a la formación profesional en Microbiología Médica, Infectología, Epidemiología de Enfermedades Transmisibles e Investigaciones Sociales.

El 29 de octubre de 1993 el Comandante en Jefe, en pleno período especial, asistió a su apertura con otro de sus mensajes aleccionadores y de largo alcance: “Les ruego que no consideren al Instituto Pedro Kourí que inauguramos hoy solo como una institución cubana, sino como una institución de la humanidad”.

Por eso, es uno de los puntales del Plan Nacional para la Prevención y Control del nuevo coronavirus, programa considerado ejemplarizante para la protección de la población y el inveterado internacionalismo de los cubanos, sin que disminuya un ápice el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba.

Comentarios   

0 #2 Luz Marina Prieto S 08-08-2020 21:50
Tuve la gran oportunidad de formarme en el IPK
Desde la parte antigua de Siboney y el esplendor de las nuevas instalaciones , en el que el valor de la amistad se unía en pos del próximo amigo examinado colaborando en todo para que lograra el objetivo....en el que la hermandad nos hacía fuertes y salíamos adelante .. nunca olvidare a mi querido Profesor Kouri cuando opino en mi predefensa de doctorado en el que todo mundo pensaba que mi trabajo tendría errores y en el que me demostró su calidad humana reconociendo el esfuerzo que hacía como madre, trabajadora y extranjera .. no pude contener las lágrimas pues era increíble como me conocía ..el grado de compromiso que tenía como director sobrepasaba el amor a su instituto, a sus investigadores conocía a cada uno encontrando siempre las soluciones y cuidando siempre el prestigio de la institución .
Gracias Dr por todas sus enseñanzas, gracias mi querido IPK , gracias por ser parte de mi vida.. S
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0 #1 Aroldo J. Ruiz Perez 06-08-2020 04:35
:D Tuve el honor de trabajar en el IPK durante 26 años, como medico especialista de Medicina Interna, desde sus inicios en Siboney y despues en la nueva SEDE y vivi muy de cerca la devoción, la capacidad de direccion, el empeño de que todas cosas funcionaran bien, el Profesor Kouri, fue siempre el profesional incomparable, en conocimientos y en entrega sin limites a su trabajo.
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