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Girón, Kennedy y la incapacidad de la CIA en la óptica de la revista LIFE

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Ha transcurrido 59 años del momento en que Estados Unidos cometió uno de los más costosos errores de toda su historia: intentar la derrota de la Revolución cubana con el empleo de una fuerza mercenaria.

La prensa oficial de la nación norteamericana -en particular la revista LIFE-, aunque trató de envolver en el celofán de las justificaciones la debacle de Playa Girón, no pudo ocultar el golpe que significó para la administración de Kennedy, y en particular para la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el bochornoso fracaso de la invasión a Cuba.

Fue precisamente el ente principal de la inteligencia estadounidense el que organizó, entrenó y financió a la tropa y puso en la mente de las huestes invasoras -a partir de sus “análisis” sobre la población del archipiélago- la certeza de que al primer cañonazo, ejército, milicia y pueblo se les unirían para derrocar en pocas horas a Fidel.

Pocos días después de los sucesos de Bahía de Cochinos, el director de ediciones internacionales de la revista LIFE (en Español), William P. Gray, expresaba en un artículo bajo el título La amarga lección del drama cubano:

“El fracaso de Bahía de Cochinos no fue un fracaso de los invasores cubanos propiamente dichos (…). El fracaso hay que atribuirlo a otras causas: falta de información, de apoyo y de estrategia, fallas cuya responsabilidad recae en forma embarazosa sobre Washington”.

Al aludir a la responsabilidad de la Agencia Central de Inteligencia en el fiasco, agregaba: “El servicio de espionaje de Fidel resultó ciertamente superior a la CIA. Fue simplemente una monumental y mal fraguada aventura militar, basada en esperanzas infundadas y mala apreciación de la fortaleza alcanzada por Castro en Cuba con astucia política”.

Según la propia publicación, ya a finales de 1959 el gobierno de Eisenhower había llegado a la conclusión de que las nuevas relaciones de la Mayor de las Antillas con países como la Unión Soviética y China significaban –desde su óptica-“una decidida amenaza” contra la seguridad del Hemisferio Occidental; una contravención de la Doctrina Monroe y una violación de la doctrina interamericana, particularmente de la declaración de Caracas de 1954, en la que la Organización de Estados Americanos resolvió oponerse a cualquier “penetración comunista”.

A propósito de esta declaración, William P. Gray dice en su análisis de Girón: “En lugar de enviar a la infantería de Marina –lo que en estos tiempos hubiera constituido una flagrante violación de la doctrina interamericana- el gobierno de Eisenhower decidió patrocinar el adiestramiento a los cubanos anticomunistas exiliados, ansiosos por derrocar a la dictadura de Castro y volver a su patria.

“La CIA tomó a su cargo este plan. Consiguió terrenos en Guatemala para establecer los campos de entrenamiento, transportó allí a los reclutas por vía aérea y corrió con los gastos de adiestramiento. La CIA creó también la pequeña fuerza aérea (que acompañó a los invasores). Cuando las discrepancias entre los exiliados dificultaron la unidad de los futuros atacantes, la propia agencia instó a los grupos a unirse en un Consejo Revolucionario, encabezado por José Miró Cardona”.

Según los criterios expuestos por Gray en su vasto trabajo en LIFE, publicado el 29 de mayo de 1961:

“Es posible que nunca se revele el triste papel desempeñado por la CIA. Pero aun suponiendo que nunca se conozcan todos los detalles, la decidida colaboración de esta como instrumento del gobierno de EE.UU. en la intentona de derrocar a Castro, es evidente”.

En otro capítulo abierto en la influyente revista, en su número de mayo de 1961 y referido propiamente a la derrota, el articulista John Dille reflexiona sobre cómo “la Brigada 2506 no era un ejército de conquista, pero se esperaba que pudiera hacerse fuerte en la playa por espacio de 72 horas, durante las cuales se establecería el gobierno libre. Se esperaba que este gobierno fuera reconocido por las naciones del continente a las cuales se pediría la ayuda militar necesaria (por parte de Estados Unidos). Al mismo tiempo se suponía que el pueblo cubano se alzaría contra Castro”.

Como se sabe, el presidente Kennedy heredó el plan secreto de Eisenhower. Lo aceptó de buen grado, incluso con impaciencia y tanto él como sus consejeros tuvieron que decidir cuándo apretar el gatillo. Llegada la hora, el resultado fue un desastre y una nueva victoria para la Revolución cubana. El hecho resultó tanto más embarazoso para la muy admirada nueva administración, por sus repetidas declaraciones de que los Estados Unidos no intervendrían en Cuba.

Según John Dille, el penoso examen que continuó en Washington después de Bahía de Cochinos no tuvo por objetivo solamente determinar la responsabilidad del desastre de abril o la reorganización de la CIA. En un aspecto más constructivo, el gobierno de Kennedy se consagró a alistar su mejor arma contra el comunismo en América Latina: el plan de la Alianza para el Progreso que el presidente en persona había anunciado al iniciar su mandato.

De acuerdo con la lógica de Kennedy, aclara el propio Dille: “El fracaso de Cuba planteaba el dilema con más claridad a la región: “América Latina o continúa su alianza con los EE.UU. dentro del sistema interamericano, con libertad personal y política y desarrollo económico, o hará otra alianza con la élite de los rojos que Fidel Castro encumbró al traicionar los ideales de la revolución del pueblo.

La Alianza para el Progreso fue un proyecto colonial que, como el ALCA, terminó en el basurero de la historia, barrido por la evidencia de una falsa ayuda al desarrollo sujeta a los condicionamientos impuestos por La Unión a los países de la región.

A 59 años de la victoria de Playa Girón, Cuba continúa victoriosa su obra transformadora y reparte solidaridad entre los pueblos aquejados por la penuria; el viejo imperio con su habitual desmemoria tira zarpazos por doquier, mientras se revuelve en su incapacidad para enfrentar la crisis sanitaria que siembra la muerte en su propio territorio y deja a los pobres a su suerte. ¿Qué dirá ahora la revista LIFE?

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