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Ascenso de Martí a Mayor General, un justo reconocimiento

 

1504-jm1.jpgEl 15 de abril de 1895 José Martí escribió en su Diario de Campaña: “Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que, aparte de reconocer en mí al Delegado, el Ejército Libertador, por él su jefe electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos. —A la noche, carne de puerco con aceite de coco, y es buena”.

Así de simple, quizás sorprendido, describe el Apóstol su ascenso al importante grado militar a propuesta del Generalísimo Máximo Gómez como justo reconocimiento a su decisivo papel como organizador de la Guerra Necesaria y su talento estratégico que sentó las bases de la doctrina política y militar cubana en la gesta independentista.

Aunque Martí no había participado en combates, dominaba los principios del arte militar y de la política asociada a los conflictos para lo cual estudió las guerras napoleónicas, la de secesión de EE.UU., y otros importantes conflictos del siglo XIX y por supuesto detenidamente la de los Diez Años y las c ausasde su fracaso y el de otros intentos posteriores.

Él la consideraba un procedimiento político, como escribió en su artículo Nuestras Ideas en el periódico Patria el 14 de marzo de 1892, con lo que compartía la doctrina más avanzada de la época sobre la lucha armada desarrollada por el teórico prusiano Carl von Clausewitz, quien definió que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.

Este principio central de Clausewitz fue incluido también por Carlos Marx y Federico Engels en sus escritos para explicar la lucha de clases y la historia sobre bases materialistas.

El Apóstol llevó a la práctica en Cuba ese principio raigal del prusiano y para preparar la Guerra Necesaria fundó en 1892 el Partido Revolucionario Cubano, desde el cual se multiplicó en decenas de representaciones o clubes, en América Latina, Estados Unidos y Europa que servían para el trabajo político, pero también para realizar acciones conspirativas y adquisición de recursos en la preparación de la contienda.

Toda la preparación en la Isla de los patriotas y su organización para el estallido revolucionario del 24 de febrero de 1895, fue dirigido por Martí, al establecer procedimientos clandestinos de mensajes en clave y envíos de representantes clandestinos del PRC al archipiélago, entre otros aspectos.

Ese esfuerzo resultó en una gran maniobra, bajo estrictas medidas de clandestinidad llamada el Plan de la Fernandina en 1895, identificado así por el nombre del puerto de igual nombre de la Florida, desde donde deberían salir expediciones armadas de cientos de combatientes y alijos militares para invadir la Antilla Mayor de forma imprevista al poder colonial al comienzo de la guerra y que fracasó por la delación de un traidor.

El Maestro fue organizador de un sistema de inteligencia del Ejército Libertador en la capital, dirigido por José Candelario Pons y Naranjo, que trabajó sin ser descubierto por el espionaje español durante toda la insurrección.

Pocas horas antes de caer en combate en Dos Ríos, el 19 de mayo de ese propio año, el Mayor General José Martí elaboró- junto a Gómez – una circular a jefes y oficiales del Ejército Libertador con instrucciones para las acciones militares y principios políticos en la nueva contienda.

El ascenso de Martí a Mayor General, además de ser un justo reconocimiento a su obra y un fortalecimiento a la unidad en las filas de la manigua, previó el importante lugar que tendría su talento político militar estratégico en el curso del conflicto, planes que desgraciadamente se frustraron con su temprana caída en combate.

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