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De los que reportan la pandemia con la verdad por delante (+Fotos)

 

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En estas últimas noches de noticias abrumadoras, donde se rompe el silencio con los aplausos, cada vez más, de los vecinos para reconocer a quienes con batas blancas, mascarillas, guantes y gorros, vigilan un ventilador mecánico, conducen una camilla, entregan el alimento o limpian los pasillos, un vecino desde su balcón gritó: aplaudo también por los periodistas.

Quedé sorprendida, y no me apena confesar que lloré con el sosiego de la oscuridad como cómplice, en un ejercicio rápido para encontrar respuestas a la exclamación de un vecino, y créanme no es usual que escriba en primera persona, pensé de inmediato que muchos colegas ante la situación actual también arriesgan el “pellejo” para mantener al pueblo informado sobre la pandemia que azota al mundo.

Desde que Cuba reportó el primer caso, y antes, los periodistas estamos en la primera línea, muchos en la calle en la búsqueda de historias que protagonizan los médicos y el personal de la salud pública, transportistas, bodegueros, constructores, dirigentes, trabajadores del turismo, y costureras que confeccionan los imprescindibles nasobucos de estos tiempos.

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En Matanzas, por ejemplo, la Presidenta de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), Yirmara Torres, es asmática, no obstante y con las medidas sanitarias correspondientes, visita los medios públicos del territorio, mantiene permanente comunicación con los colegas y directivos de la radio, televisión, periódico, y los corresponsales que tributan para los medios nacionales.

Creó un grupo en la red WhatsApp para mantenerse en contacto con los que estamos en la “línea roja” en recorridos o reportando desde centros de aislamiento, o los hospitales adonde hay que acudir para encontrar la urgente información, la que no espera por partes oficiales.

La joven periodista recién graduada, quien se desempeña en la televisora local TV Yumurí, que estuvo en el centro de aislamiento de la ciudad para ofrecer de primera mano la opinión de los contactos de positivos que se encontraban allí, el otro que se fue hasta Jagüey Grande y la Ciénaga de Zapata, son experiencias que se socializan en las redes y en los soportes tradicionales de los medios de comunicación.

Del equipo emergente conformado por una joven de Radio 26 y los experimentados corresponsales de Radio Rebelde y Juventud Rebelde, periodistas que desde el hospital militar Mario Muñoz Monroy ofrecen detalles y luego se comparten entre todos, porque no son tiempos de quedarse con exclusivas, también se habla y agradece su labor.

Los que trabajan en el periódico Girón, nombre de batalla y victoria, que cambian rutinas, publican productos multimediales, y desde sus hogares o en la redacción mantienen vivas las redes sociales con la verdad por delante, para no dejar espacio a los malintencionados que tergiversan y desinforman, son otros héroes con grabadoras, teléfonos y tablets.

Son muchos nombres, que no aludo para no pecar de olvidadiza, la mayoría de los jóvenes fueron mis alumnos, hasta aquella jefe de información nacional del periódico Granma, que en su licencia de maternidad, desde el cuarto piso donde viven sus padres, lleva un “diario de la pandemia” con crónicas que se convierten en poesía para imprimir también cierta dulzura al dramatismo del momento.

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Orgullo siento por otro, que ya no completa plantilla en ningún medio, pero desde su casa y con su niño pequeño escribe, porque lo lleva dentro y Cubadebate lo publica, y lloramos cuando leemos el porqué de sus aplausos, y por la estudiante de quinto año que fue a prestar su ayuda en un centro de aislamiento que tiene sede en la Universidad…

Qué puedo explicar de los muchachos que trabajan conmigo, cada cual hace lo suyo sin miramientos, desandan las calles casi vacías en busca de lo que interese al ser humano, la inmediatez distingue a nuestro medio y a veces se hace más complicado, tengo a una “flaca” en la periferia de la ciudad, ella tiene que esperar que su “caballero” de tres años duerma para reportar…

Yirmara es asmática; se cuida porque es del grupo de los vulnerables, pero no deja de estar ahí para los que la procuramos ante una duda, o simplemente para comentar tal o cual material del día, y sobre todo cómo podemos hacerlo mejor, el gran desafío que nos impone hoy la vida.

Cuando optamos por esta profesión estamos conscientes del riesgo, huracanes, inundaciones, incendios, accidentes, tornados y otros desastres que nos ha tocado; la pandemia de la COVID-19 constituye nueva experiencia como lo es este coronavirus destructor. Cumplir con nuestra función social no es para elogiarnos; pero mi vecino tiene razón.

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