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Los jóvenes soldados de esta nueva guerra

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Son cubanos. No les tocó la hazaña mambisa, ni la de las luchas estudiantes de los años de la primera mitad del pasado siglo, ni la de la década de los años 50, ni la lucha en las serranías, ni Girón , ni la campaña de alfabetización , ni la Crisis de Octubre , ni Angola, y muchos apenas nacían en el peor período de la economía cubana en los años 90 de fin de siglo, el Período Especial.

Tampoco han realizado la solidaria labor de ayudar a otros en el mundo. Son estudiantes hoy de la más humanitaria de todas las carreras, son futuros médicos, enfermeros, tecnólogos de la salud y cada día están, como disciplinados y altruistas soldados, a pie, casa por casa, barrio por barrio, realizando pesquisas ante esta pandemia que azota a la humanidad.

Son jóvenes cubanos que con un agradable saludo, tocan a nuestras puertas para conocer el estado salud de cada habitante de este país, preguntando en particular por los adultos mayores y su condición.

¿Habrá otro lugar del mundo donde esto ocurra? Es posible, pero es innegable el valor de esta misión preventiva casa por casa, centro de trabajo por centro de trabajo porque este frente de guerra contra la pandemia, junto al aislamiento social, es de los más necesarios y efectivos para en alguna medida romper la peligrosa cadena del SARS-CoV-2.

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En Cuba la atención primaria de salud demuestra cuánto se hace por cada ser humano desde que está en el vientre de la madre hasta que llega al otoño de la vida.
Hoy en ese sistema, en medio de la epidemia, estos jóvenes “soldados” hacen también su misión extraordinaria en el cuidado de la sociedad.

Suspendieron sus clases pero siguen fieles al juramento hipocrático que éticamente harán al final de sus carreras.

Mañana muchos partirán, como los de hoy, en brigadas del Contingente Internacional Henry Reeve- en honor al internacionalista norteamericano-, especializadas en situaciones de desastres y graves epidemias, que ya están en varios países.

Son muchachos y muchachas, futuros misioneros de la vida humana, que ya integran el “ejército de batas blancas”, abnegado y altruista, que el mundo conoce y reconoce por sus misiones en epidemias como el cólera y el ébola, o en desastres como sismos y huracanes.

Serán profesionales como sus profesores y tutores; preparados para curar y cuidar a la humanidad en cualquier parte que el hombre lo necesite.

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