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En Duaba comenzó a salvarse la Guerra Necesaria

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Una pequeña goleta con el nombre de Honor en su proa y las velas abultadas por la tormenta se dirigía a toda velocidad el primero de abril de 1895 hacia la costa y la desembocadura del río Duaba, cerca de la ciudad de Baracoa.

Al embarrancar y volcarse a babor, sus tripulantes se lanzaron al agua para alcanzar la orilla, muy cercana, con tiempo aún para ver como el viento y el oleaje desarmaba la arboladura y el casco de madera del navío repartiendo restos del naufragio por toda la línea de ribera.

Pocas horas después, un capitán de una cañonera española descargaba su furia disparando a los despojos de la embarcación, pero días después su sentimiento de frustración debió acrecentarse cuando conoció que pudo dar un golpe mortal a la insurrección independentista si hubiera enviado antes al fondo del mar a la goleta que trajo a la guerra a Antonio y José Maceo, Flor Crombet y otros importantes jefes cubanos.

Los antecedentes más inmediatos a esta epopeya naval comenzaron el 24 de febrero de 1895, con el inicio de la Guerra Necesaria tras años de dura y paciente labor de José Martí, al unir voluntades, superar las divisiones internas en las filas patrióticas y fundar el Partido Revolucionario Cubano que hizo posible la contienda con levantamientos simultáneos en más de 35 localidades en todo el archipiélago.

No obstante, existía el peligro de que la insurrección se frustrara por la ausencia en la manigua de los máximos dirigentes políticos y militares como Máximo Gómez, Antonio Maceo y José Martí, quienes se encontraban en el extranjero bajo una fuerte vigilancia del enemigo, ya alertado de los planes revolucionarios que incluían el rápido arribo de estos a la manigua.

De todas formas los patriotas fueron a la manigua a pesar del duro revés sufrido a inicios de enero de 1895, a manos del espionaje español y autoridades estadounidenses que ocuparon las armas y los barcos con que el Apóstol disponía desde el puerto de La Fernandina, en la Florida, enviar sorpresiva y simultáneamente tres expediciones de centenares de patriotas encabezados por él mismo, el Titán de Bronce , Máximo Gómez y otros destacados jefes de las anteriores contiendas bélicas.

Pese a esos contratiempos, Martí mantuvo los planes iniciales para comenzar la insurrección el 24 de febrero y decidió que los máximos jefes cubanos debían arribar a la nación a como diera lugar, a pesar de haberse perdido el factor sorpresa y carecer prácticamente de recursos por el desastre de La Fernandina.

A finales de marzo el Apóstol, mientras emprende junto a Gómez su aventura para embarcarse, envió una carta a Costa Rica al Titán de Bronce, quien aceptó viajar a Cuba en una pequeña expedición organizada por el general Flor Crombet, a pesar de las diferencias personales que tenía con ese jefe mambí.

La expedición Crombet-Maceo partió de Puerto Limón, Costa Rica, el 25 de marzo a bordo de un vapor inglés bajo medidas de clandestinidad y la integraron alrededor de 20 combatientes mal armados, entre ellos los mayores generales Antonio Maceo, José Maceo y Flor Crombet, los coroneles Agustín Cebreco y Adolfo Peña (colombiano), los tenientes coroneles Silverio Sánchez Figueras, Patricio Corona, Arcid Duverger, José M. Arseno (dominicano) y otros, la mayoría curtidos veteranos de la Guerra de los Diez Años.

El 29 de marzo el barco arribó a las Islas Bahamas, donde Crombet y otros patriotas alquilaron una goleta de 13 toneladas de desplazamiento, nombrada “Honor” y después de conseguir la tripulación zarparon hacia Cuba.

Durante las primeras horas del primero de abril de 1895, afrontando mal tiempo y ante la posibilidad de ser atacados por un barco español, los expedicionarios decidieron embarrancar la goleta.

Después de salvar milagrosamente la vida, en el desembarco los expedicionarios enfrentaron en tierra la etapa más peligrosa al ser perseguidos por las fuerzas hispanas y en especial por traidores conocedores de la zona que estuvieron cerca de acabar con todo el contingente.

José Maceo se salvó en una emboscada al lanzarse por un precipicio que le afectó seriamente su capacidad de caminar y tuvo que sobrevivir días aislado y sin alimentación hasta que pudo incorporarse a fuerzas cubanas.

El Titán de Bronce llegó a un campamento mambí de las fuerzas de Periquito Pérez el 18 de abril. Menos de la mitad de los combatientes pudieron integrarse a la guerra, muchos murieron o fueron capturados, entre los primeros se encontró el heroico general Flor Crombet, caído en combate el 10 de abril.

Con la llegada de los Maceo al campo de batalla la insurrección se acrecentó y el fervor revolucionario de los cubanos se propagó por todo el país y el exilio.
El 11 de abril arribarían Martí y Gómez, junto a unos pocos patriotas por Playitas de Cajobabo, con lo cual la Guerra Necesaria se salvó al tener al frente de las huestes mambisas a sus líderes.

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