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03
Junio Miércoles

¿Mamá pelea por gusto?

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No son pocas las mujeres que después de los 48 años son incomprendidas por los miembros de su familia, los cuales refieren que ellas se volvieron más peleonas, porque todo les molesta, les irrita, sin “motivo alguno”.

Se equivocan los que así piensan, pues cuando esa mujer convertida en mamá se altera es porque existe más de una razón para ese comportamiento, y sin ánimos de extenderme en el tema bastará con mencionar, por ejemplo, habitaciones en total desorden, ropa y calzado fuera de sus lugares, tareas escolares y hogareñas sin cumplir…

Pero, según especialistas en salud, lo que más transforma su conducta a partir de esa edad son los diferentes estados por los que puede pasar durante la menopausia, que no es lo mismo que el climaterio.

La primera etapa se refiere a la desaparición definitiva de la menstruación por un periodo aproximado de 12 meses, producto del fallo de la función ovárica. Los entendidos en la materia refieren que antes de los 40 años, su aparición se denomina menopausia precoz. En tanto, la segunda, se conoce como el tiempo durante el cual se pasa de la vida reproductiva a la no reproductiva.

Entre los síntomas más manifiestos durante la menopausia están cansancio, abatimiento, falta de concentración y de energía, irritabilidad, ansiedad o agresividad; todo esto sin contar con el rechazo a los cambios en su autoimagen, que llevan a muchas a desarrollar una autoestima baja o a perderla.

También aparecen los episodios de insomnio y sudoraciones, que tienen como origen un desajuste en el funcionamiento de las estructuras del sistema nervioso, encargadas de regular el control de la temperatura y los vasos sanguíneos, por lo que se han llamado cambios vasomotores.

Aunque no todas las mujeres los padecen, estos trastornos no tienen nada de imaginarios como muchos creen, porque comprobado está que son menores los niveles de estrógeno, por lo tanto alteran el balance de los neurotransmisores.

La sudoración desaparece espontáneamente en algunas mujeres, pero se ha demostrado que al 80 por ciento de las que aqueja les dura más de un año, del 25 al 50 por ciento la sufre durante unos cinco años y otro 25 por ciento la padece el resto de su vida, si no recibe tratamiento para corregirlo.

Esta etapa la pasan aproximadamente el 90 por ciento de las féminas entre los 48 y los 54 años, debido a que comienzan a perder paulatinamente la función ovárica y, como consecuencia, disminuye la producción de hormonas femeninas, estrógenos y progesterona.

Según estudios, la falta de estrógenos aumenta la frecuencia con que la mujer tiene que orinar, particularmente crece el despertar nocturno para vaciar la vejiga, porque disminuye su capacidad. Las estructuras que dan continencia se debilitan y no responden bien a los estímulos normales, lo que propicia la aparición o acentuación de incontinencia urinaria de esfuerzo.

Publicaciones cubanas sobre menopausia y climaterio afirman que la primera no es el final de la vida, sino el comienzo de una etapa nueva; y la segunda no es el cese de la existencia, sino el periodo que deja abierta las puertas al disfrute de otra que debe transcurrir con menos tensión, con menos carga.

Entonces, para que mamá mantenga una buena calidad de vida en ambas etapas, fundamentalmente en la primera, toca a todos en casa entenderla, ayudarla, distribuir las tareas domésticas, porque vale recordar que un gran número de ellas realiza doble jornada: una en el trabajo y otra en el hogar, se desdobla en cuidadora de sus padres, hijos, enfermos.

Solo así, de seguro, disminuirán los motivos para que se moleste y no pelee “por gusto”.

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