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COVID-19: una pandemia de alta trasmisión y letalidad

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La COVID-19 se ha vuelto un dolor de cabeza para el mundo. Nació en China y luego empezó a invadir el resto del planeta aportando cada día nuevos casos positivos, más fallecidos, otros países involucrados y cifras con crecimientos exponenciales como para poner los pelos de punta.

Convertido en una pandemia, según definición de la OMS, el nuevo coronavirus es de alta transmisión y letalidad, por lo que Cuba también se encuentra inmersa, con destaque para sus científicos y personal médico, en la batalla por la vida de sus ciudadanos y de aquellos extranjeros que dieron positivo a su paso por el país. Sin dejar de mencionar las misiones que fuera de fronteras luchan contra ese flagelo.

Encaminadas a preservar el género humano, el Estado ha hecho públicas más de 40 medidas, dirigidas a proteger a los cubanos, a la familia. El llamado al aislamiento social, con un comportamiento responsable, y el reforzamiento de la vigilancia médica diaria entre el pueblo están entre ellas y se justifican por la complejidad del problema.

Dicen los expertos, lo repiten los medios públicos y se advierte en las calles: existe en la Isla baja percepción del riesgo ante una enfermedad impredecible, que tiene a los adultos mayores en su visor, aunque en realidad cualquier grupo etario puede y es susceptible de caer bajo su sombrilla.

Hoy yo también me fui de casa, con dos objetivos: uno el de buscar provisiones necesarias, inexistentes en unos casos y en otros fuera de mi alcance por las colas, aunque muchas de estas ya están custodiadas por la policía, como se anunció sucedería.

Sé – como muchos- que debo evitar las multitudes, pero el pollo, el hipoclorito, el pan y los artículos de aseo no estaban en mi despensa. Mi recorrido me llevó a comprobar lo que había y lo que no, y también…que éramos muchos ya desconociendo las indicaciones de las autoridades sanitarias y gubernamentales.

Mis indagaciones in situ como consumidora y periodista me alarman, pues se insiste en que permanecer en el hogar rompe la cadena de contagio; sin embargo he observado que en áreas de venta de municipios colindantes de 10 de Octubre y Arroyo Naranjo, los molotes estaban a la orden del día, sin la debida distancia entre las personas, bajo un sol abrazador…

Hay muchas cosas de importancia claras: una amenaza latente de un virus feroz, que el país ha tomado determinaciones consecuentes como el control de las fronteras, las facilidades laborales, el internamiento de los contactos, la cuarentena en sus viviendas para otro grupo de arribantes desde el exterior, la suspensión de las clases y de eventos masivos; y que igualmente existe conciencia de las urgencias alimentarias y de otra índole.

La voluntad de acercar a cada uno de nosotros las ofertas requeridas está latente, pero a su vez debemos también llamarnos a capítulo, individualmente, y nosotros, a su vez, a familiares, amigos, vecinos, acerca de la urgencia de salir únicamente para cuestiones impostergables.

En ello nos va la vida, porque ya el COVID-19 presentó sus cartas credenciales en medio mundo y Cuba no está en una burbuja, como bien alertó recién el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Es ya que debemos asumir este reto de acatar cada cual su rol, sin miedos ni alarmas, pero sí con la premura que reclama el momento. Esta batalla solo la ganaremos todos de conjunto y los sacrificios lo valen, porque lo que está en juego hoy es la existencia misma.

Hay mucho por lo que vivir. Hagámoslo ahora.

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