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Julio Antonio Mella: una juventud que rebasa los 100 años

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No es que se insista en recordarlo: a 117 años de su natalicio –el 25 de marzo de 1903-, Julio Antonio Mella emerge todavía de la historia con el carisma y la energía imantada de su vida joven, truncada por manos asesinas, y ofrendada abnegadamente  al combate por la libertad, desde el marxismo y contra el imperialismo.

Son tantas y tan significativas sus obras esenciales, sus fundaciones, su ideario escrito en artículos y otros textos,  que cabría preguntarse  en qué tiempo pudo desplegar tamaño esfuerzo ese muchacho  que se revela como la encarnación de un titán mitológico o un héroe de novísima historieta que tanto agrada a los chicos de hoy.

Mella fue uno de los más sobresalientes luchadores cubanos y el más brillante de la juventud de su tiempo, por su papel protagónico en el despertar de la conciencia nacional en los años 20 del siglo XX en Cuba, por entonces sometida a gobiernos venales y elitistas, que intentaban sostener a una república neocolonial arrodillada ante el gobierno de Estados Unidos.

Comenzó a participar de lleno en los combates desde las aulas de la Universidad de La Habana, donde cursó estudios de Derecho y Filosofía.

Luchaba a favor de la Reforma Universitaria, iniciada en Argentina, que en el archipiélago encontraba contenidos en las demandas contra la corrupción de los claustros de esa enseñanza y en la necesidad de la apertura hacia otros sectores de la sociedad.

No solo abogó por la democratización de la enseñanza superior, también se formó con profundidad en el ideario marxista-leninista, por lo cual sus métodos y accionar  siempre acercaron a los estudiantes con los obreros, campesinos, intelectuales y empleados, todo el mosaico que debía trabajar unido en busca de los cambios necesarios para llegar a la justicia social plena.

En 1922 fundó la Federación Estudiantil Universitaria, la cual ya en los comienzos probó sus armas contra los desmanes del entreguista presidente Alfredo Zayas y luego frente al sanguinario Gerardo Machado, quien asumió la presidencia en 1925.

Otra obra trascendente fue la creación de la Universidad Popular José Martí, que abrió las puertas de la institución habanera a muchos trabajadores y obreros, a quienes impartían clases de manera voluntaria alumnos de la casa de estudios y algunos profesores e intelectuales connotados.

En 1924 funda la sección Cubana de la Liga Antiimperialista de las Américas, algo que pone en un punto muy álgido la persecución del mandatario, subordinado a los designios imperiales.

Junto al viejo luchador marxista y héroe de la independencia, Carlos Baliño, Mella fundó en 1925 el Partido Comunista de Cuba, que fuera proscrito por  Machado poco después.

Por su incesante actividad revolucionaria y su militancia comunista, odiada visceralmente por el tirano, el joven combatiente debió abandonar el país en 1926 y radicarse en la capital de México.

Allí fue ultimado en la calle el 10 de enero de 1929, cuando faltaban poco más de dos meses para que cumpliera 26 años.

En el país hermano Julio Antonio también integró las filas de su Partido Comunista, del cual fue miembro de su Buró Político.

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Allá estableció vínculos con venezolanos que desde México se organizaban para abatir la dictadura en su nación. Desde el D.F, pudo hacerse miembro de la Internacional Comunista y participar como delegado en congresos en Rusia y Bruselas. También ejercía activamente el periodismo.

Desplegando una actividad revolucionaria intensa, el joven debió enfrentar en tierras aztecas el agitado clima de polémicas,  traiciones y hasta acusaciones que habían introducido en las filas del marxismo, elementos renegados o enemigos infiltrados. Llegó a sufrir cuestionamientos personales que afrontó con la valentía, verticalidad y honradez que lo caracterizaron.

En medio del contenido más internacional o regional de su lucha, nunca abandonó los ideales ni su compromiso con su amada patria.

Encontró tiempo para organizar una expedición que debía partir de México.      Soplones que se hacían pasar por revolucionarios llevaron
la información al tirano Machado, quien inmediatamente envió sicarios a asesinarlo.

Así cayó bajo las balas criminales. Saber de su muerte injusta y en la flor de la vida todavía oprime los corazones. Pero inmediatamente, al pensar en él, se ve con nitidez y fuerza al precursor de revoluciones, al invencible atleta y patriota, al símbolo y al héroe, y eso nunca muere.

Julio Antonio Mella nació en La Habana con el nombre de Nicanor Mc Parland y Diez, pues era hijo ilegítimo del comerciante dominicano Nicanor Mella, quien nunca dejó de darle su apoyo paterno, y de la irlandesa Cecilia Mc Parland. Según las leyes de la época debía llevar el apellido de la madre. Siendo mayor, se hizo llamar con el apellido con que entró a la historia.

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