All for Joomla The Word of Web Design

La CIA tropezó dos veces con la misma “piedra” en La Habana

 

1803-cia.jpg

A mediados de 1961, un trabajador cubano quedó sorprendido cuando su pico atravesó una roca hueca que contenía fajos de billetes junto a documentos, que no dudó en entregar. Poco después, oficiales de la contrainteligencia determinaron que la falsa piedra era un contenedor para enmascarar medios de espionaje destinados a los espías de la Agencia Central de Inteligencia (CIA.)

Aquel hecho comprobó las sospechas de que los servicios especiales estadounidenses continuaron abasteciendo a sus agentes en el país, después de la ruptura de relaciones con Cuba a inicios de enero 1961 y la retirada de sus diplomáticos, incluyendo oficiales de inteligencia de la Estación CIA, lo cual inició una paciente investigación que sería útil también para derrotar diversos planes de esa agencia muchos años después.

Las pistas que arrojó el hallazgo y otras acciones de las autoridades permitieron descubrir al diplomático italiano Máximo Muratori, quien trabajaba para la agencia central de inteligencia yanqui a espaldas de su propio gobierno y lo hacía con tal celo que usaba una bañera de su residencia en Miramar para crear las falsas piedras fuera de toda mirada indiscreta.

1803-cia1.jpg

En 1977, Cuba y EE.UU. abrieron sus respectivas oficinas de intereses en ambas capitales y los diplomáticos estadounidenses volvieron a su sede en el Malecón habanero y rehicieron una nueva Estación Local de la CIA.

Los oficiales designados a la estación eran aproximadamente una treintena que actuaron sobre toda la sociedad, con una base informativa para seleccionar y estudiar a los candidatos y convertirlos en espías. Tomaban en cuenta que fueran personas que viajaran con regularidad al exterior y se desempeñaran en la economía, la cultura, la política, las relaciones internacionales, las comerciales o que tuvieran acceso a la vida y movimientos de los máximos líderes del país, en especial Fidel Castro.

La contrainteligencia cubana aseguró que los recién llegados encontraran los aparentes colaboradores en la cantidad y especificidad requeridas entre las categorías que les interesaban a los oficiales CIA, solo que eran probados agentes que presentaban una presunta historia de insatisfacciones y desilusiones políticas expuestas en Cuba y en el exterior de acuerdo con las instrucciones recibidas, para desinformar a los analistas de la inteligencia estadounidense.

Así se aceleró el reclutamiento de 27 “agentes carnadas”, a quienes no tardaron en contactar y reclutar en el exterior durante viajes oficiales, y a los que llegaron a entregar los más modernos equipos de comunicación para el espionaje que fabricó la CIA durante el siglo pasado y conectaban vía satélite, a la velocidad de la luz, como la planta RS 804 con un valor de cerca de un cuarto de millón de dólares.

Los oficiales radicados en la Sección de Intereses de EE.UU. (Sina) eran encargados de seleccionar los lugares para abastecer con esos equipos de comunicación, dinero y todo tipo de medios a los “agentes” usando los conocidos métodos de las piedras huecas, aunque también, junto con las simuladas rocas, emplearon cajas de madera y otros embalajes.

Por el seguimiento y vigilancia sobre los falsos diplomáticos en sus constantes viajes por las carreteras, los servicios especiales cubanos regularmente los filmaron realizando esas actividades ilegales.

Casi todo el personal operativo de la CIA en La Habana desde 1978 y hasta 1987 aproximadamente, trabajaron en la atención de agentes que en realidad respondían a la contrainteligencia cubana.

1803-cia2.jpg

El 29 de enero de 1987, el Comandante en Jefe Fidel Castro se entrevistó con Curtis W. Kamman, el entonces Jefe de la Sina, le advirtió de lo inadmisible de las actividades de espionaje y le solicitó que se ahorrara sus justificaciones. Pero la advertencia fue desoída y siguieron con su trabajo ilegal hasta que en el verano de 1987 la televisión cubana hizo pública una programación excepcional.

En varios capítulos fueron desclasificados agentes de la Seguridad del Estado que declaraban quiénes eran y el trabajo que hacían para la CIA, exposiciones acompañadas de filmaciones secretas de cada uno de los oficiales de la inteligencia estadounidense, sorprendidos dejando piedras huecas y todo tipo de embalajes con equipos para que fueran recogidos por sus presuntos colaboradores.

Actuaron en ese verídico serial de espionaje, sin precedentes en la historia moderna, más de 100 oficiales de la CIA, entre los destacados en la Sina y otros en tránsito, quienes fueron filmados en plena faena explorando cunetas, vertederos o puentes para dejar sus famosas piedras y contenedores.

Brian Latell, ex analista de inteligencia estadounidense especialista en Cuba, años después declaraba: “Hasta ese punto subestimamos terriblemente a los cubanos. Nunca imaginamos que la pequeña Cuba podía desplegar un servicio de inteligencia de primera categoría”.

Habían transcurrido 16 años desde 1961, cuando un trabajador cubano quedó sorprendido al atravesar una roca hueca y la incipiente contrainteligencia comenzó a dar sus primeros pasos en el enfrentamiento al servicio de espionaje más poderoso del mundo.

Pero la CIA tropezó dos veces con la misma “piedra” en La Habana al utilizar nuevamente esa técnica, solo que en 1987 el descalabro de la Agencia Central de Inteligencia yanqui sería mayúsculo y el más importante en su historia de operaciones de espionaje. 

Comentarios   

0 #1 david 02-04-2020 10:23
para los amantes de este tema les invito a ver la serie norteamericana The Americans.... en silencio ha tenido que ser :-| :-| :-|
Citar

Escribir un comentario

No se admiten ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
Nos reservamos el derecho de no publicar los comentario que incumplan con las normas de este sitio


Código de seguridad
Refescar