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Bloqueo de Estados Unidos contra Cuba: la escalada de la infamia

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El 12 de marzo de 1996, en la sede del Gobierno de Estados Unidos en Washington tenía lugar un inusual acontecimiento. En la Oficina Oval el entonces mandatario William Clinton, firmaba la llamada Ley para la Libertad Cubana y la Solidaridad Democrática, también conocida como Ley Helms-Burton.

Entre los asistentes al acto se contaban, entre otros, destacados personeros de la mafia miamense y los principales promotores del engendro, el senador (republicano) por Carolina del Norte, Jesse Helms, y el representante (demócrata) por Illinois, Dan Burton.

Los paladines de la línea dura contra la Revolución consideraban aquel paso la estocada final contra el proyecto político y social emprendido por los cubanos en 1959.

En un caldo de cultivo favorable al extremismo reaccionario, el nueve de febrero de 1995 es introducido por primera vez el proyecto de ley por el senador Jesse Helms y se aprueba por ambas cámaras el 21 de septiembre y el 19 de octubre, respectivamente, con una mayoría que incluso sobrepasó los dos tercios necesarios para invalidar un posible veto presidencial.

Un factor que impulsó el paso final aprobatorio del engendro legal de forma inmediata, fue la respuesta de Cuba a las reiteradas provocaciones violatorias de su soberanía por parte de la agrupación Hermanos al Rescate.

Durante 1995, esa organización lideraba por José Basulto había realizado repetidas incursiones en las aguas jurisdiccionales cubanas e incluso sobre su territorio pese a reiteradas denuncias del Gobierno Revolucionario, y el 24 de febrero de 1996 fueron derribados en aguas territoriales de la Mayor de las Antillas dos aviones del grupo contrarrevolucionario.

Finalmente el conglomerado mafioso del Sur de La Florida había obtenido dos de las cosas que más anhelaban: una contundente respuesta cubana a sus provocaciones que les permitiese presentarla como criminal y desproporcionada, (como hicieron), y algunos mártires aportados por ellos.

El acostumbrado ambiente hostil hacia la Patria de José Martí por parte de los grupúsculos y personajes contrarrevolucionarios de Miami, Clinton en busca de la reelección y un balance desfavorable a la fuerza de los demócratas en el Congreso, crearon la “tormenta perfecta” que condujo al presidente a rubricar la Ley Helms Burton.

ASPECTOS Y ALCANCES DE LA LEY

La llamada Ley no se propuso solamente apretar hasta el final las posibilidades del bloqueo, sino también eternizarlo, es decir, hacer casi imposible que pudiera ser levantado por cualquier presidente estadounidense, hasta tanto no se logre derrocar a la Revolución.

Contempla ese texto la internacionalización del bloqueo; la negativa de créditos y ayuda financiera a países y organizaciones que favorezcan o promuevan la cooperación con La Habana, lo cual se enfila a dificultar la inversión extranjera en la nación caribeña, entre otros numerosos aspectos.

Asimismo establece el tipo de gobierno que debe regir en el archipiélago cubano, tras el supuesto derrocamiento del proceso revolucionario.

LOS PASOS DE TRUMP

Tras su arribo al poder el 20 de enero de 2017, el actual presidente Donald Trump inició de inmediato los pasos necesarios para desmontar todos los acuerdos entre el gobierno cubano y la Casa Blanca a partir de julio de 2015, cuando ambos países restablecieron oficialmente sus nexos.

En la mira de Trump están los votos que le podría aportar la Florida para la próxima contienda presidencial.

Una estadística reciente muestra que su gobierno aprobó más de 187 resoluciones hostiles a la economía antillana, decretando la activación del Capítulo III de la Ley Helms-Burton, que ningún presidente de Estados Unidos había considerado conveniente implementar.

La interminable lista de medidas como las sanciones económicas y restricciones, incluye entre otras la limitación de los vuelos de aerolíneas estadounidenses exclusivamente a La Habana sin poder llegar a otras ciudades; sanciones para los buque-tanques que transporten petróleo a Cuba o para los mercantes que lo hagan con mercancías desde o hacia la ínsula, luego de lo cual durante seis meses no podrán amarrar en ningún puerto de EE.UU.

También comprenden la prohibición de hacer tierra en cualquier puerto cubano a los numerosos cruceros que surcan el Caribe; sanciones a los bancos que intermedien en el comercio exterior; y limitación a las remesas que los cubanos residentes en territorio norteño puedan enviar a sus familiares.

Según los últimos estimados publicados por la cancillería cubana, sólo desde abril de 2018 hasta marzo de 2019, el bloqueo ha causado pérdidas a Cuba en el orden de los cuatro mil 343, 6 millones de dólares, y a precios corrientes, los daños acumulados durante casi seis décadas de aplicación de esta política alcanzan la cifra de 138 mil 843, 4 millones de dólares.

Durante todos estos años, no pocos estudiosos, prestigiosas instituciones internacionales y medios de prensa, se preguntan por qué la destrucción del sistema político cubano se mantiene como una prioridad para los sucesivos gobiernos norteamericanos.

La respuesta puede darse en pocas palabras: se trata del temor a que las naciones del continente quieran seguir el sendero de una Cuba aceptablemente exitosa e independiente, no alineada a los dictados de la Casa Blanca. Ahí está la raíz que explica la permanente escalada de la infamia. 

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