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Sabotaje al Vapor La Coubre, un acto de terrorismo contra Cuba (+Fotos)

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El cuatro de marzo de 1960, pocos minutos después de las tres de la tarde, una fuerte explosión se sintió en la ciudad de La Habana y un gran hongo de humo similar al de las detonaciones atómicas se hizo visible, a lo cual siguió un concierto de sirenas de ambulancias y patrullas; mientras la mala nueva del estallido de un barco en el puerto se repetía de boca en boca.

Se trataba del vapor francés La Coubre, que en la mañana de ese día había atracado en el antiguo muelle de la Pan American Docks y descargaba municiones y granadas autopropulsadas para fusiles automáticos belgas FAL, principal arma de infantería del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias.

A la primera explosión le siguió otra, pocos minutos después de que literalmente desapareció la popa de la embarcación y causó una buena cantidad de los más de 100 muertos, incluyendo seis marinos galos, y centenares de heridos, entre obreros, militares y gente de pueblo que se dirigían sin detenerse ante el peligro para socorrer a las primeras víctimas en el interior y los alrededores de la nave en llamas.

El propio líder revolucionario Fidel Castro y otros altos dirigentes se presentaron en el lugar y solo por minutos de diferencia no coincidieron con la segunda detonación, programada evidentemente para descabezar la Revolución, teniendo en cuenta que estar en la primera línea caracterizó siempre la actuación del Comandante en Jefe y del resto de la dirección cubana.

En esa jornada se consumó el mayor crimen realizado por la CIA en el inicio de una campaña terrorista contra Cuba en la que era una prioridad impedir que la nación antillana recibiera armas para su defensa, en tanto se perpetraba un programa de acciones que incluyeron actos dinamiteros y bombardeos por aviones piratas procedentes de EE.UU. a centrales azucareros, fábricas y contra la propia ciudad.

De esa forma, el imperialismo esperaba arruinar la economía y afectar la organización de la defensa, pero sobre todo intentaba sembrar el pánico y la consiguiente inacción en el pueblo para facilitar la derrota de la Revolución.

Washington seguía el patrón de acciones que le fueron exitosas a la CIA en 1954 durante la operación con que derrotó al gobierno progresista del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, al realizar bombardeos aéreos de puntos de la Ciudad de Guatemala, capital del país, atentados dinamiteros y campañas mediáticas que desmoralizaron el ejército y anuló la resistencia popular a la invasión mercenaria que concluyó la fatídica tarea.

No por simple coincidencia se nombró a Jacob L. Esterline, quien había participado de forma destacada en la operación en Guatemala al frente del órgano WH-4 de la Central de Inteligencia yanqui, creado el 18 de enero de 1960 y encargado de dirigir, apoyar y coordinar las acciones contra Cuba que incluían atentados a los máximos dirigentes cubanos, principalmente a Fidel Castro; campañas de actos terroristas, espionaje y el apoyo a las organizaciones contrarrevolucionarias, entre otras maniobras.

Los investigadores cubanos lanzaron desde aeronaves cajas de municiones y granadas que venían en la embarcación sin que estallaran, lo cual evidenciaba que no había ocurrido un accidente por la caída o golpes de esos medios y que se trataba de un sabotaje preparado mientras el barco se encontraba en Europa, probablemente al instalar un artefacto explosivo en alguna caja de municiones que se activó cuando fue movida.

También coincidieron con la tesis cubana del sabotaje la comisión francesa investigadora en representación de los armadores del barco y otra de la fábrica de armas belgas que despachó la carga de municiones y proyectiles.

Hasta el momento, el gobierno estadounidense y su comunidad de inteligencia se han negado a desclasificar documentos sobre el suceso.

Pero la voladura de La Coubre, aunque tuvo éxito al provocar la muerte y destrucción esperada por sus planificadores, fracasó y no quebró en nada el apoyo de la inmensa mayoría a la Revolución, ni tampoco desmoralizó al Ejército Rebelde, ni a las Milicias Nacionales Revolucionarias, y mucho menos atemorizó e hizo claudicar a la dirección del país.

Hace 60 años en la despedida de duelo de las víctimas del sabotaje en el Cementerio de Colón, el cinco de marzo de 1960, el Comandante en Jefe Fidel Castro hizo una pormenorizada explicación de los hechos que evidenciaron la acción criminal y denunció la política agresiva y de bloqueo que EE.UU. iniciaba contra la Antilla Mayor.

Tampoco dejó duda alguna en proclamar ante el mundo la decisión del pueblo cubano de resistir las agresiones.

Fidel en palabras memorables dijo: "Y no solo sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencer cualquier agresión".

Afirmó que "nuevamente no tendríamos otra disyuntiva que aquella con que iniciamos la lucha revolucionaria: la de la libertad o la muerte. Solo que ahora libertad quiere decir algo más todavía: libertad quiere decir Patria. Y la disyuntiva nuestra sería Patria o Muerte”.

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