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08
Abril Miércoles

Bahía de Matanzas: escenario del choque entre dos mundos

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Un hecho que dio nombre a una ciudad, el primer acto de rebeldía aborigen en Cuba: así pasó a la historia la masacre de conquistadores españoles perpetrada por los aborígenes en la bahía de Guanima, en septiembre del año 1510.

La rada que hoy abraza a la occidental ciudad de Matanzas fundada en 1693, fue escenario de un episodio cuya violencia trasciende la brutalidad común de la conquista del Nuevo Mundo, y se inscribe en los anales de la historia de Mayor de Las Antillas como un ejemplo temprano de la lucha contra la opresión.

Yucayo era la comunidad aborigen que se ubicaba entre los ríos Caonavaco, hoy San Juan, Yaguarimú ahora llamado Yumurí, y el Sabicú, este último desaparecido bajo las calles de la ciudad de Matanzas.

Según cuenta el investigador Arnaldo Jiménez de la Cal, un año después del bojeo realizado por el marino Sebastián de Ocampo (fue el primer europeo en contemplar la rada aunque no penetró en sus aguas) llegó al amplio espejo de agua un grupo de españoles procedentes de Urabá, en la actual Colombia.

Refiere el historiador que aquellos europeos habían zozobrado en Guaniguanico, en la actual provincia cubana de Pinar del Río, y tras dejar atrás su barco en mal estado, avanzaban por tierra con rumbo al oriente de Cuba para hallar a sus congéneres.

En septiembre venidero se cumplirán exactamente 510 años de que los guerreros del cacique Guayucayel (señor del cayo blanco, en lengua arahuaca) ofrecieran cruzar las aguas en sus canoas a los hispanos, quienes para su mala fortuna accedieron.

De la Cal reseña que “al estar en lo profundo, los remeros indígenas volcaron los esquifes y murieron los invasores, salvándose solamente un hombre y dos mujeres que habían quedado en tierra”, una síntesis en la cual concuerdan los expertos.

Como explica Ercilio Vento Canosa, actual Historiador de la Ciudad, el señor de Yucayo puso en práctica una “eficaz estratagema en la que logró un triunfo sobre un contendiente superior en poder ofensivo en virtud de la diferencia y poder de sus armas”.

Es sabido que Pánfilo de Narváez en el año 1513, al arribar a la ensenada expresó “esta es la bahía de la matanza”, y de arremeter en venganza contra sus nativos pobladores lo disuadió el padre Bartolomé de Las Casas, so pena de quejarse ante el mismísimo rey.

También se conoce que el Adelantado Diego Velázquez dio cuenta de aquella masacre al emperador Carlos V en carta fechada el primero de abril del año 1514, y en 1526 el mapa de Juan de Vespucci citó entre los primeros toponímicos de la ínsula el nombre “matança”.

Lo cierto es que la bahía matancera también fue escenario para otros acontecimientos no menos célebres, como la captura de la Flota de La Plata por el marino holandés Piet Heyn en el año 1628, hecho considerado el mayor revés en la historia naval del imperio español.

Para recordar la historia del violento encontronazo entre Europa y América, el Viejo y el Nuevo Mundo, basta con contemplar las aguas de la bahía de Matanzas, donde también conviene situar un elocuente ejemplo de la lucha de los cubanos en defensa de su soberanía.

 

 

 

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