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08
Abril Miércoles

El tibaracón: leyenda y recurso natural en peligro (+ Fotos)

 

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El tibaracón, accidente geológico exclusivo de la costa extremo septentrional de Cuba, se define como la unión no siempre armoniosa del río con el mar y una muestra de que las divergencias son posibles, tanto en la naturaleza como en la sociedad.

Fungen esas especies de deltas lineales cual barrera protectora contra las penetraciones del mar, la salinización del medio acuático fluvial y del terreno, el cual en no contadas ocasiones suele irrigarse con esas aguas, en franco perjuicio de los suelos, los cultivos y el ser humano que depende de ambos para subsistir.

Y tan natural, como el mismo fenómeno, es el orgullo de los baracoenses porque los tibaracones sean privativos del tramo de costa comprendido entre las puntas Rama (jurisdicción de la Primera Villa) y Guarico, en los límites imprecisos del segundo municipio de la provincia de Guantánamo más importante, y el holguinero de Moa, al cual cede una pequeña porción de esa exclusividad.

Salvador Massip, el eminente y ya desaparecido geógrafo cubano, describe a los tibaracones, como camellones largos y estrechos que se proyectan desde un punto de la costa paralelo a ella, separados de la tierra por una fuerte corriente de agua dulce.

Especialistas sostienen diversas teorías en cuanto al origen del término (derivado, según algunos de la lengua taína, y del árabe, de acuerdo con otros), al cual se alude no solamente en este comentario sino en un texto de gran trascendencia para el futuro del archipiélago cubano: la Tarea Vida.

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En ese Plan de Estado para el Enfrentamiento al Cambio Climático en Cuba, refrendado por el Consejo de Ministros en abril de 2017, ocupan lugar de privilegio los tres tibaracones más importantes del extremo nororiental: los de los ríos Toa, Duaba y Miel.

El primero, generado por el fluir de la corriente cubana más caudalosa en su desembocadura, es el más dañado por la extracción indiscriminada e ilegal de áridos, destinada a las construcciones.

Ese despojo alcanzó su pináculo a raíz del paso del huracán Matthew que, en octubre de 2016, azotó a la Primera Villa de Cuba y sus áreas circundantes, y no ha cesado a pesar de los más de tres años transcurridos y del apoyo sistemático del país a la Primogénita Villa.

A los baracoenses, que por disfrutar de una naturaleza privilegiada, tienden a ser sus protectores más avezados, les duele reconocer que el mencionado accidente (emparentado con la geología, oceanología y tal vez con la hidrología), se mantenga a una escala no muy alejada de aquel apogeo digno de mejor causa.

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La recuperación de ese ecosistema constituye un reto para uno de los 63 municipios costeros incluidos en la Tarea Vida, estrechamente interrelacionada con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14, de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, según explica a la ACN el Máster en Ciencias Jesús Martín Pérez, delegado del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma).

Calificó ese propósito como una acción ambiental sin precedentes en Baracoa, la cual se empeña en cumplir con esa Convención, pero sobre todo consigo misma, ya que la zona más al noroeste de la capital del país, se caracteriza por la insuficiente protección ante eventos hidrometeorológicos extremos, debido a la vulnerabilidad de sus edificaciones e infraestructura.

Tan conocidos “más allá de La Farola (parafraseando el título del colega Ariel Soler Costafreda), como “más acá de sus lindes, esas acumulaciones arenosas constituyen, más que una de las cuantiosas leyendas de la Primera en el Tiempo, un recurso natural inestimable contra la salinidad y otros flagelos del suelo.

Equivale, además, a un patrimonio, material e inmaterial, tan digno de divulgarse y ser conocido allende sus fronteras, como de conservarse y cuidarse, en beneficio de las actuales generaciones y las futuras.

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