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Febrero Lunes

Aprender a amar la arcilla

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Cierta joven abuela escribe a su nieta casi todos los días, de puño y letra, una especie de diario en el que narra historias de la familia, del por qué de su nombre, del amor prácticamente a primera vista de sus padres y cómo perdura y llegó ella, pequeña e inquieta, a un mundo donde algunos hombres no respetan el derecho, ni la voluntad, ni el amor de otros.

En aquellas páginas rayadas, la abuela es zurda, junto a las anécdotas familiares, y la descripción de gestos y balbuceos que la infanta descubre, la gran mama con paciencia le escribe sobre héroes cubanos de todos los tiempos, con un lenguaje muy claro le presenta también a personajes que dejaron su huella porque hicieron el bien por dónde quiera que pasaban.

Aprovecha también para hablar de las artes, de sus máximos creadores, de alguna película que recomienda, porque no pasa de moda, y al final el futuro es mañana y a los niños hay que cultivarles desde bien temprano el amor por lo hermoso, el sentido de la apreciación, para que un día puedan estremecerse ante una canción de Silvio Rodríguez, una puesta de sol, o la sirena de un barco al abandonar el puerto…


Esta mujer confía que, al paso del tiempo, la pequeña revele en cada una de las páginas que los amigos son importantes y fieles si son buenos, que la familia tiene virtudes y defectos; pero no se selecciona, es de donde provienen los padres, y así se convierte la vida en un ciclo de tropiezos, certezas, alegrías y también momentos tristes, e inolvidables.

La aprendiz de escritora no pretende un libro de los llamados bestseller o súper ventas, decidió aventurarse a contar historias de amor, de amigos, del país donde echan raíces millones de personas “rebencudas”, que resisten por décadas patrañas de quienes carecen de humanidad.


Es difícil la tarea de esta abuela, en tiempos de video-juegos, teléfonos inteligentes, ciber guerras y desamor, pero en un gesto de ternura y esperanza, trata desde ahora, de moldear la arena, como la canción del poeta, para que esa pequeña que atrapa en sus ojos al mundo, aprenda a amar la arcilla, para emprender un camino donde solo el amor, convierte en milagro el barro.

En una Tablet, para estar a tono con las tecnologías, y con el volumen bajo, leerá sus historias la abuela, mientras escuchan aquella canción de finales de la década del 70; pero que nunca envejece:

“Debes amar la arcilla que va en tus manos
Debes amar su arena hasta la locura
Y si no, no la emprendas que será en vano
Sólo el amor alumbra lo que perdura
Sólo el amor convierte en milagro el barro
Sólo el amor alumbra lo que perdura
Sólo el amor convierte en milagro el barro.

Debes amar el tiempo de los intentos
Debes amar la hora que nunca brilla
Y si no, no pretendas tocar los yertos
Sólo el amor engendra la maravilla…”

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